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Una palabra esencial: “PECTOPAH” (Primera parte)

Publicado: 7 abr 2011 19:55 GMT

En un texto anterior nos referimos a la palabra “PECTOPAH”, señalando su significado: restaurante. Si no se advierte, el ejercicio de traducción resulta más o menos sencillo: la “P” sería equivalente a la “R”; la “E” a la “E”; la “C” a la “S”; y el resto siga usted.

Hasta aquí todo bien.  

Pero no todo es tan sencillo para un extranjero en un país de 17.075.400 kilómetros cuadrados y una población superior a los 142 millones de personas… sobre todo si se es un cero a la izquierda en materia culinaria y como cualquier terrícola ha de alimentarse para seguir con su vida. Por supuesto que en tal caso usted puede improvisar con los tradicionales fideos con huevo y un trozo de pollo o carne frita, o una pizza para calentar en el microondas o una anémica sopa de sobre que le demorará tres minutos para su preparación. En resumidas cuentas, una eficaz pero a la larga insoportable “comida de hombre soltero”. Un fastidio absoluto.

Entonces surge una esperanza en el horizonte: ir a algún restaurante, cuya palabra correspondiente en ruso, como ya dijimos, es “PECTOPAH”.

He aquí el primer escollo en el camino. Bien, nos vamos a la calle a la búsqueda de una tranquila y amigable posada en la cual saciar nuestra hambre de dimensiones pantagruélicas producto de la forzosa comida del hombre inútil en la cocina. Y entonces, sin previo aviso, nos encontramos con un local que tiene toda la pinta de restaurante con un letrero que dice:

¡Perplejidad máxima ipso facto! ¿Y en que habíamos quedado? ¿Qué acaso acá no se llamaban de otra forma? ¿O es que nuestros ojos nos engañan y el excesivo stress post traumático a raíz del cruento invierno nos está cobrando la cuenta en cómodas cuotas a partir de nuestra integridad mental? 

El asunto, señor y señora míos, se vuelve más complejo: “PECTOPAH…, o Pecmopaн, that is the question”.

Efectivamente, si bien es cierto que en la mayor parte de los casos usted en Moscú se topará más con la primera variante, también es cierto que la otra opción también puede desfilar ante sus famélicos ojos. ¿Y a qué obedece esto? ¿A qué unos son más “grandes” y otros más “pequeños”? ¿Al grado de refinamiento del servicio que entregan? Ninguna de las anteriores. El asunto es más sencillo y nos lleva a una mera cuestión de grafía impresa.

De tiempo y lugar

Aquí estimado lector y lectora nos parece pertinente recordarle que quien redacta estas líneas llegó a la Federación de Rusia sin más conocimiento que unas dos o tres palabras del idioma nativo de divulgación universal, entre ellas, “Niet” y “Stolichnaya”. Y nada más. Ni siquiera sabía decir “hola”.

Por tal razón es que nuestra –me gusta eso del plural mayestático debido a su eficaz elegancia lingüística en comparación con expresiones tan abominables como "según yo…"- interrogante fue de consideración en aquellos días de fines de 2009. Veía “PECTOPAH” repetido a diestra y siniestra en aquellos primeros días.

Mas, ¡cuál no habría de ser mi sorpresa al descubrir que algunos restaurantes eran presentados como “Pecmopaн"… y no “PECTOPAH”! ¡Mayúscula fue, claro! Aquello debía tener alguna explicación. ¿Cómo descubrirla? Preguntando y con total inocencia. Cargado de humildad… “Sencillo, camarada, no ande buscando monos blancos por el mundo. 'Pecmopaн' es como se escribe 'Restaurante' según la escritura caligráfica de nuestra lengua".

Aquello no dejó conforme a mi lógica y cuadrada mente occidental:

-Pero ¿cómo? ¿O sea que aquí la “t” manuscrita se escribe como nuestra “m” minúscula?

-Es que esa no es una “m” minúscula: es una “t”.

-Para mí esa es una “m”…

No era algo extraño este diálogo: supongo que episódicas esquizofrenias respecto a lo que “esto significa para mí” frente a lo que “esto es en este país” ataca a cualquiera que llega a vivir a un país cuya lengua es diametralmente distinta a la suya. Por cierto que mi tendencia a cuestionarlo casi todo o aquel afán de “buscarle la quinta pata al gato” me han jugado más de alguna mala pasada complicada con mis interlocutores rusos. Uno incluso se fastidió:

- Bueno, eso “allá” se conoce cómo…

- Francisco, me permito recordarte que ahora no estás “allá”. Estás acá, en Rusia. A veces da la impresión de que se te olvida.

No: no se me olvidaba. Nunca. Tal vez “yo” y “mi otro yo” a veces nos bloqueáramos y termináramos alucinando con casa y creyendo oír en las calles la plácida y calma canción del idioma español, pero esos eran lapsos cada vez menos frecuentes. Había que poner los pies con mucha firmeza en Rusia. Aquí eras el único responsable de tu vida y destino. Lo siento, chico, olvídalo: ni papi ni mami vendrán a salvarte esta vez.

Take it easy, Frank…

Volvamos a lo que nos convoca.

En ruso -como también en la escritura con alfabeto latino- existen letras que se ven de determinada manera en la llamada “letra de molde” (conocida también como “de imprenta”) y de otra muy distinta si se trata de escritura “manuscrita” (o “caligráfica”). ¿Cómo se aplica esto al turista o al nuevo residente de Rusia? En que no sólo debe aprender el alfabeto cirílico y sus 33 letras (con 10 vocales), sino que debe también hacerlo respecto a sus dos escrituras. Imposible una figura retórica más precisa: de ahí en adelante, su destino estará escrito.

Respecto a mi situación particular ¿era tan lógica y justificada mi extrañeza? No, en lo absoluto. Y así se me hizo saber.

- ¿Es que acaso la “S” que se usa en español es igual en su forma de imprenta que manuscrita? ¿O la “R”?-, fue el comentario de Alexándr Záitsev, 27 años, nacido en Samara, acompañado de una impresionante inexpresividad facial. En el fondo –o, más bien, muy, muy directamente- me estaba tratando de ”gil” y de la peor categoría… aunque esa palabra no existiera por acá.

Las cosas –suele ser así, aunque no lo creamos- más simples:

- Aprender cualquier idioma cuesta al principio y el ruso, como es lógico, no es la excepción. Frank, te estás haciendo una tormenta en un vaso de agua.

En dos cosas pensé:

a)En lo rápido que eran los rusos para aprender idiomas y expresiones extranjeras -¿de dónde había sacado Alexándr eso de la “tormenta en el vaso de agua”?-, o, al menos, en lo fácil que les parecía el asunto, para mí más pesadillesco que escuchar un disco de reggaeton de principio a fin, y

b)En cómo lo hacían para tener la cabeza tan fría.

Mi conclusión fue desoladora. ¿Y si no fuera que mi fracaso rotundo para el aprendizaje idiomático estuviera directamente vinculado con una tendencia congénita hacia la locura, el frenesí y el fiesteo permanente propios del latinoamericano? En pocas palabras: ¿sería posible que fuera vago por naturaleza? ¿Y si –como se dice no con poca frecuencia- la raza “era la mala”? ¡Por todos los santos! Si aquello era así, mi condena era una y sólo una: la ignorancia absoluta por los siglos de los siglos, una debacle intelectual que ni siquiera se acabaría en el infierno, el dolor, la nada y el vacío, el simple y despreciable vacío del estúpido. ¿Sería necio por toda la eternidad?

Tranquilo, tranquilo, tómatelo con calma, bomba de carisma… Gari Kaspárov y Anatoli Kárpov ¿te suenan? Son de acá. Campeones mundiales de ajedrez ambos; o sea, cabeza fría, cabeza fría y muy fría, racionalidad al máximo. Aprende, aprende, “gil” a tener la cabeza fría y bien fría. Acá tienes una escuela excelente. ¡Y desde ya ¡déjate de pensar en vasos de agua que tengan tormentas en su interior!

(Pronto la segunda parte)

Un chileno escribe sobre la maravillosa experiencia de conocer Moscú y Rusia y trata de hacerlo de manera amena e interesante.

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