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Diálogos (casi) surrealistas (Segunda parte)

Publicado: 26 jul 2011 13:47 GMT

“Niños, no hagan esto en casa”

(conocido dicho televisivo cuya

 procedencia no es del todo clara)

Retomamos aquí el hilo del post anterior.

Idea general que exponemos: el extranjero que vive en un país cuya lengua local es radicalmente distinta a la suya tiende a desarrollar casi a nivel inconscientealgunos mecanismos auto defensivos para evitar enfrentarse de golpe ante tal realidad.

Anteriormente, planteamos que entre estos se encuentra una progresiva tendencia al mutismo; igualmente, la decisión (más bien inconsciente) de adquirir (y acumular) de forma compulsiva productos que le eviten el acto económico de la compra y venta… episodio que le mostrará desnudo y de cuerpo completo como quien es: un desastre lingüístico y social. Una catástrofe de ser humano.

Aquí reafirmo tal tesis, con el respeto debido de los presentes ante sus pantallas de computador u “ordenador”, según sea su país de residencia

Cuatro ejemplos sobre como abordar el rito de la transacción dinero = producto si usted es extranjero y está apenas en la etapa de “preproducción” de su desenvolvimiento social en una lengua… que no es con la que le saludó el doctor en el primer segundo de su existencia mundana.

Ejemplo 1

1.- Noviembre de 2009. Han pasado sólo semanas de nuestra llegada a la Federación de Rusia. Tras haber adquirido nuestra identidad local como “Франсиско Рамирес Кинтанилья” (no hay nada oscuro en esto ni “secreto”: esta es tan solo la trascripción de nuestro nombre al ruso) vemos en un almacén una cajetilla de cigarrillos Viceroy. Del tipo “normal”, “clásico” o “corriente”, según como usted prefiera.

Y dice el autor: “Como eran tales los que consumía en mi país, me emociono inmediatamente. Casi eufórico, pido una cajetilla usando mis muy pobrísimos conocimientos de vocabulario ruso. 'Viceroy Krasnye' dije, aludiendo al color rojo que predomina y caracteriza al paquete. La respuesta fue certera, inmediata, irrebatible:'Niet!'.Lo escuché como un disparo: 'Niet!'.'¿Como que 'Niet!'?', me pregunté”.

Entonces, Рамирес reiteró su petición.

-“Viceroy Krasnye”

-“Niet!”

¿Qué había sucedido? “Algo dije mal”, fue lo primero que se le ocurrió pensar. “Rojo” no se pronuncia así. Claro, claro, clarito como el agua. Decidió cortar por lo sano, es decir “poner fin, de manera tajante, a una situación que resulta incómoda o difícil de soportar”, según consta en aquella gigantesca biblioteca lexicológica que se llama Internet.

Sin más, miré penetrantemente a mi contraparte —de sexo femenino—.

Me acerco a la vitrina e indico enfáticamente la cajetilla. Luego añado más “información” a mi petitorio. Para hacer más fácil la cosa, especificando claramente la cantidad que quiero:

-Adín Viceroy Krasnie!

-Niet!

-Adín Viceroy Krasnie!

-Niet! Niet!

-Viceroy Krasnie! Adin!

-Niet! Niet! Niet Viceroy!

-Adín Viceroy Krasnie! Viceroy Krasnie! Adín! Adnú! Adná! Adín Viceroy Krasnie! Adín!

-Niet! Niet! U nas niet!

Es noviembre de 2009. Sólo a unas 2 o 3 semanas de haber llegado a Rusia esto le acaecía al protagonista de esta historia, quien quedó ahí, inmóvil perplejo hasta los límites mismos de la perplejidad más perpleja. ¿Qué hacer? ¿A quién pedir ayuda y cómo…? ¿En qué idioma?:

“Señorita ¿puede ayudarme por favor? Creo que la dependienta aquí no me ha entendido… ¿Sería tan gentil?”: delirio puro e instantáneo frente al mostrador de un almacén moscovita ubicado en el medio mismo de ninguna parte y —por aquellos días para mí— “where the streets have no name”.

En todo caso, sólo le tomó un segundo. Ramírez (Франсиско) se percató de algo. Una pieza del ajedrez se había movido. Y sin aviso: aquella mujer de unos 60 o 65 años, hasta la médula hija de su tierra y no contaminada por la nube de alta toxicidad llegada desde occidente a partir de los 90, había dicho algo distinto, agregando un “matiz” ausente en su primera respuesta: “U nas niet!” Sólo eso bastaba: se había generado una revolución copernicana en el diálogo. Y este se había hundido en un agujero negro que se tragaba hasta la misma noción de lugar y tiempo. ¿Dónde y cuándo estaba ocurriendo este diálogo? ¿Era verdadero… o sólo una alucinación? ¿Quién era yo? ¿Es que acaso ese “Франсиско Рамирес Кинтанилья” era tan sólo una invención literaria… cuya única existencia “real” era su escritura en un pasaporte emitido en la República de Chile?

“Y no supe cómo reaccionar: había sido derrotado. Era hora de partir. Como buen caballero que a veces intento ser, me fui, no sin antes pronunciar un lastimero “Spasibo”; vale decir, “Gracias”. Tal era una de las pocas palabras que conocía por entonces”, explicaría Ramírez Quintanilla.  

Una semana después, fuimos con una colega rusa al expendio de marras y… El informe verbal remitido por la dependienta indica tan solo que a ese expendio no había llegado cajetilla de cigarrillos de la marca Viceroy desde, probablemente, el año 2007. El paquete sencillamente estaba ahí…”porque estaba ahí”.

- Niet! Niet! U nas niet…!

Ejemplo 2

2.- Quien suscribe va a una Farmacia (Aптека). Compra lo que a todas luces parece una pasta dentífrica. Llega a casa y comienza a lavarse los dientes alegre y con entusiasmo… hasta que un sabor nauseabundo inunda su boca. Suspende el acto. En el acto. Desconfiado, alarmado, impotente ante lo sucedido se queda estático, hollywondense cual estatua de Elvis en Las Vegas… pero con un cepillo de dientes en la mano.

Tras enjuagarse concienzudamente la boca durante largos minutos, intenta averiguar lo sucedido. Saca una foto a la caja del producto y se la envía por e-mail a una amiga, avisándole por mensaje de texto de celular. Todo incomprensible: la caja del producto es de las “típicas” de un dentífrico y, además, de una marca internacional.

A los 10 minutos suena el teléfono: había comprado una pasta blanqueadora de dentaduras postizas.

(Pronto, “Tercera parte y final”)

Un chileno escribe sobre la maravillosa experiencia de conocer Moscú y Rusia y trata de hacerlo de manera amena e interesante.

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