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Cuervos, palomas y gorriones (tercera parte y final)

Publicado: 13 ene 2012 08:55 GMT

Aquí las notas anteriores:

* Introducción.

Y seguimos.

3.-CUERVOS:

Descienden en el último momento.

Han estado esperando. Pacientemente. Saben hacerlo.

No están para mezquindades. Peleas de pájaros chicos. Lo suyo es imponerse. Por presencia. Knockout con su entrada en escena. “Aquí estoy yo. No te opongas a mí, ni seas mi enemigo. Si lo haces, te va a costar caro. Puedo arruinarte cuando quiera. Un sólo picotazo mío basta para sacarte de  combate. Déjame pasar. No me pongas obstáculos. No te interpongas. Voy a tomar lo que quiero y ni tú, ni nadie podrán evitarlo. Me corresponde. Tampoco te propongo ser mi amigo. No vales ni siquiera para eso. Sólo hazte a un lado y te voy a dejar con vida. Agradéceme eso, siquiera”.

Efectivamente, cuando desciende del árbol en que está agazapado, un cuervo con hambre da miedo.

“Los grajos han vuelto” del pintor ruso Alexéi Savrásov

Los cuervos vuelan muy lentamente, casi con soberbia. Llegan al suelo. Y entonces ¿atacan a las otras aves? Para nada. ¡Caminan! Avanzan como si fueran  reyes de ese país alado. Sacan su pedazo de pan -aquel que “les corresponde”-, del todo seguros y a sabiendas de que si alguna intrépida ave se interpone en su camino… Deben ser como aviones de guerra enemigos que llegan a un poblado civil indefenso: el terror es imposible de evitar.

Las palomas -¿podría ser de otra forma?- se echan atrás. No oponen la más mínima resistencia. Dejan el camino expedito. Retroceden. Abren paso. No importa que les quiten su comida, ni pasen hambre. Quien llega es un ser superior. Ante esto, nada que hacer. Quizás incluso sea mejor rendirse o fingir pleitesía. “Soldado que huye, sirve para otra guerra”. Las palomas, probablemente, no escapen a la universalidad de este refrán. Muy cobarde, si se nos permite el comentario.

David regresa

Así pasa en el mundo de las aves.

No obstante, falta alguien en el cuadro. ¿Dónde está el temerario gorrión? Por ahí, replegado, astuto, inteligente, observando los hechos.

Algunos segundos atrás…

En cuanto ve al cuervo, la conclusión del gorrión es inmediata: “A éste no le gano ni con mil de los míos. ¡Es un gigante!” Se repliega, por ende, en la rama de un árbol. Espera el momento. Sigiloso, atento, busca la debilidad de su contrincante. Y la encuentra: es la petulancia, el ufanarse de su fuerza. El andarse mostrando ante los demás como supuesto ser invencible. Orgullo. Ese es el flanco por donde debe atacar.

Aguarda, silencioso, pero con sus pequeñitos ojos tremendamente abiertos y los sentidos tensos al máximo. Entonces sucede: el cuervo se detiene por algunos instantes en la tierra, frente a una masa de palomas que no representa peligro, ni muestra la menor provocación. El temor se les refleja en la mirada y se extiende a su inmovilidad. De todas formas, el cuervo piensa que nunca viene mal mostrar un poco de poder: que sepan quién es uno. Como no, ensaya una mirada fulminante. Y comienza a aplicarla, concentrándose aleatoriamente en una y otra. “Está distraído. ¡Ahora! ¡Ahora!”. Todo sucede casi como en una película… Ninguna de las aves en tierra siquiera se da cuenta y el gorrión ya ha atrapado un enorme pedazo de pan, tan grande que da para preguntarse si podrá levantarlo en su vertiginosa acción. ¡Lo hace!

El cuervo voltea. Su primer impulso es perseguirle, darle caza para que aprendan, él y toda su raza. Matarlo incluso, de ser necesario. No alcanza. El gorrión ya está lejos. Hierve su sangre cuerva. “¡Estos gorriones son respeto! ¡Pequeñitos, pero decididos! ¡Hay que tenerles en consideración! ¡Cómo se diferencian de estas palomas: rastreras, cobardes y obsecuentes! ¡A veces me da hasta remordimiento quitarles la comida! ¡De verdad me dan pena! ¡Siempre, por todos los tiempos, esclavas!”

El gorrión sube a una ramita y comienza a disfrutar de su merecido alimento. Tranquilo, como si nada. El es David y el cuervo Goliat. No hay Goliat que no pueda ser derrotado, reflexiona, saboreando el botín. El que está siempre seguro de su poder, cae por su propio peso. Tarde o temprano, David vence a Goliat. Eso es un hecho del proceso. Es que éste está demasiado auto convencido de su fuerza. Esa es su perdición. Los gorriones buscan su punto débil y lo encuentran. No es una tarea imposible. Incluso los humanos lo han hecho así durante siglos, milenios. Un reciente caso le sucedió a una nación muy importante. Debe haber sido hace unos 10 años. Y todo comenzó, justamente, en los aires...

Fuente: http://ciudadanosenlaprensa.blogspot.com

Fuente: http://ciudadanosenlaprensa.blogspot.com

“¿De cuánto estamos hablando?”

Las veo y no sé porque me da ternura. No es que esté acostumbrado a tal tipo de sentimiento. Debo andar mal de la cabeza. ¡Miren que ponerse tierno por unas aves que se pelean unas migas de pan! ¡35 años! ¡A ponerse serio, Frank! ¡Tienes toda Rusia para conocer y te fijas en minucias de este tipo! ¿Cómo malgastas tu tiempo! ¡La vida te espera afuera! ¡Te estás perdiendo una oportunidad que nunca más tendrás! ¡Esto no se va a repetir dos veces!

Sin embargo, había algo en la escena que no dejaba de recordarme no sabía muy bien qué. Cierto instante indeterminado. Algo que no podía reconocer o definir con seguridad…

El pasatiempo se acaba: ya no hay más pan para tirar por la ventana. Las aves emprenderán de nuevo su vuelo y buscarán afecto y comida en otro lado.

Debo volver a la realidad.

Cierro la ventana melancólicamente y enciendo un cigarrillo, agradeciendo a Moscú el ser tan democrática y dejarnos a todos vivir en tranquilidad, corteses, siempre muy amables y políticamente correctos.

Eso, al menos, en apariencia. Historia muy distinta es que por dentro nos devoré un ansia profunda de desgarrar a nuestro prójimo –sobre todo, si está “abajo”: no hay nada más grato que humillar a otros después de toda una vida de humillaciones… Sea o no tan sólo por unas míseras migajas, de esas con las que, a veces -en verdad, muy raras veces-, alguien tiene la bondad de premiarnos desde lo alto. En fin, como aquellas oportunidades no se dan “dos veces en la vida” más vale ser astuto, estar preparado y vivir al acecho con el pico o las garras listos para hundirlos en la carne del otro cuando sea necesario. Pues SIEMPRE –tarde o temprano- llega ese momento en que “es necesario”. Incluso por solidaridad y altruismo: “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, como se acostumbra a decir.

“¿Un aumento de sueldo? ¿Un ascenso, jefecito…? Sí, como no: claro que me sentiría honrado y a gusto con ello… ¿Cómo? ¿Qué debo presionar a alguien? ¿Acorralarlo? ¿A quién debo denunciar? ¿O prefiere que le hable mal de alguien? Nada de esto me es difícil. Usted me dice y yo suelto… ¿O estamos hablando de “palabras mayores”? ¡Qué! ¡Cómo! ¿Qué le aburrió su cara? ¿Qué no lo quiere ver “nunca más”? ¿NUNCA? Eso ya es otra cosa. Mmmmmm, ahí ya estamos entrando en otro terreno, pero en fin ¿qué le hace el agua al pato? Entonces, en resumidas cuentas ¿de CUÁNTO estamos hablando?”

 Este es, amigos(as) míos(as), el maravilloso mundo de las aves.

Fuente: http://clquinzanos.blogspot.com

Un chileno escribe sobre la maravillosa experiencia de conocer Moscú y Rusia y trata de hacerlo de manera amena e interesante.

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