África: guerras por el agua

Maximiliano Sbarbi Osuna

El avance de la desertificación se suma al aumento poblacional y a la contaminación de los ríos, lo que produce que el agua potable sea un bien escaso en África. Aunque el continente disponga de un gran caudal hídrico, las privatizaciones sin control, los desvíos de los cursos y las amenazas de guerra entre países que comparten un mismo río vuelven impredecible el futuro del abastecimiento del agua tanto sea para la agricultura, como para la generación de electricidad y hasta para el consumo humano.  

Los caudalosos ríos africanos comienzan a perder fuerza por la evaporación provocada por el aumento de la temperatura del planeta. Además, la presencia de tres importantes desiertos –Sahara, Kalahari y Namib-, que se expanden, producen que las zonas fértiles y las reservas de agua potable disminuyan.

 

La potencia de las usinas hidroeléctricas, la capacidad de riego para las cosechas, la utilización en la ganadería y el uso humano como recurso primario y vital se ven afectados seriamente por la evaporación y además por la contaminación derivada de la actividad industrial.

Los desequilibrios del cambio climático producen antagonismos en la relación entre el agua y las zonas desérticas. En tanto, el aumento poblacional y la sequía vuelven al agua un recurso cada vez más importante para el diseño de las políticas gubernamentales de la mayoría de los países africanos, que en el pasado ya experimentaron trascendentes roces por el reparto de los caudales hídricos.

Una necesidad humana

El Banco Mundial asegura que un ser humano necesita entre 100 y 200 litros diarios, o entre 36 y 73 metros cúbicos anuales, para beber y para la higiene. Pero, esto es sólo una parte de la necesidad humana, dado que se utiliza para la generación de energía, la agricultura y la industria, lo que lleva la cifra a unos mil metros cúbicos por persona y por año.

De acuerdo con un informe presentado por el Programa para el Medio Ambiente de la ONU, la lluvia que cae en África al año podría abastecer de agua potable a 13.000 millones de personas, casi el doble de la población mundial actual. Pero, los africanos mueren de sed por las actividades industriales, los residuos tóxicos, la evaporación, la transmisión de enfermedades como el cólera en arroyos inseguros y la pérdida de caudal de los ríos.

Por eso, la ONU recomienda que la recolección de agua de lluvia en todo el continente podría solucionar en gran parte la escasez, dado que África aun conserva su potencial, principalmente por el caudal del río Congo y por la humedad de la región tropical.

Conflictos históricos por el agua

Cuando en 1885 el general Charles Gordon fue decapitado en Jartum, la capital de Sudán, que se encuentra estratégicamente ubicada en la confluencia de dos ramas del río Nilo, Gran Bretaña movilizó sus tropas desde Egipto por el temor a que un bloqueo del caudal, paralizara la actividad agrícola egipcia.

Luego, en 1898, la disputa entre Londres y París por Fachoda, otro punto estratégico en el Nilo, casi desata una guerra entre ambas potencias colonizadoras, que aun no habían terminado de ocupar el repartido territorio africano.

Más cercano a nuestros días, en 2000 Zimbabue manipuló el caudal de la represa de Kariba sobre el río Zambeze, lo que casi provoca una guerra con Mozambique.

La actual disputa por el Nilo

Egipto, que recibe todo el caudal del Nilo, que se origina en países que se encuentran río arriba, es el que más provecho saca de la cuenca. Alrededor del  2 % del territorio egipcio es árido, por eso el histórico río ha aportado la fertilidad del suelo que propició el florecimiento de una de las civilizaciones culturalmente más ricas de la historia.

Egipto ha mantenido una doble estrategia con Sudán, el país por donde ingresa el Nilo a su territorio. La cooperación se basó en la construcción de canales y presas para planificar y repartirse el caudal de río. Pero, Sudán no ha terminado alguno de los proyectos, lo que produce perjuicios a Egipto, que además amenazó a su vecino del sur militarmente si no recibía la cantidad de agua acordada.

Por otro lado, Egipto y Sudán dejaron de lado a los países en donde el Nilo se inicia. Por ejemplo, Etiopía está bajo la amenaza constante de sus vecinos para construir embalses para regular el agua que la agricultura requiere. Si se construyeran los proyectos que Etiopía necesita para su desarrollo, tanto Sudán como Egipto verían limitado el caudal que reciben del Nilo.

Namibia contra Botsuana

La seca Namibia se abastece en un 45 % del acuífero que circula debajo de su superficie, dado que en su territorio se encuentra el desierto de Namib. Por eso decidió a comienzos de la década pasada a desviar un 2 % del caudal del río Okavongo, lo que le sigue provocando problemas con Botsuana y la amenaza permanente de una guerra.

El proyecto conjunto que Namibia está desarrollando con Sudáfrica para buscar nuevos acuíferos podría distender el problema del suministro de agua con Botsuana.

Las privatizaciones en Sudafrica

Cuando Nelson Mandela llegó a la presidencia en 1994, los negros alcanzaron finalmente el poder político, pero una elite blanca continuó ostentando el poder económico. Este sistema se profundizó cuando en 1999 asumió Thabo Mbeki, que entregó al Banco Mundial el diseño de la economía del país.

Esto provocó que varias compañías públicas se hayan privatizado, como por ejemplo la empresa nacional de aguas. El descuido en las inversiones de la empresa francesa Suez provocó que en 2000 una epidemia de cólera infectara a 120 mil personas, de las cuales 300 resultaron muertas.

El sistema que se instaló en la populosa barriada pobre de Soweto, consistió en un servicio prepago. Cuando el crédito se agota, las tuberías dejan de bombear agua, lo que obliga a las familias a acarrearla desde algún pozo lejano o beberla contaminada.

Infraestructura

A pesar de la evaporación y la desertificación, África tiene un gran potencial de agua, que está mal repartido. Además, la falta de una infraestructura eficiente de potabilización que esté controlada por los estados, debe desarrollarse paralelamente con un sistema de saneamiento y depuración, para resolver muchos de los problemas del agua.

Por otro lado, los tratados interregionales para repartir el agua entre las naciones podrían quedar a cargo de organismos como la Unión Africana para garantizar que los poderosos no bloqueen el acceso a los más débiles, tal como sucede entre Egipto y Etiopía.

En 2000, la ONU estableció los Objetivos de Desarrollo del Milenio para 2015, que pretenden reducir a la mitad el número de personas sin acceso a un agua segura y a unos servicios básicos de saneamiento.

Faltan menos de dos años años y aunque se haya avanzado en algunos proyectos, la desertificación, las disputas por este recurso vital entre estados y empresas privadas y entre países alejan la posibilidad de que el abundante caudal de agua africano pueda ser aprovechado equitativamente por todos sus ciudadanos, para desarrollar la economía y evitar enfermedades.