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EE.UU. se distancia de Medio Oriente y se acerca a Asia-Pacífico (Parte II)

Publicado: 14 nov 2013 14:32 GMT | Última actualización: 14 nov 2013 16:29 GMT
Mientras Estados Unidos intenta dejar un Medio Oriente más ordenado –de acuerdo con su visión- al acercase a Irán, al pasar de prestar su incondicional respaldo a Israel a adoptar una posición más neutral y al distanciarse de Arabia Saudita y de la guerra en Siria, las hipótesis de conflicto se incrementan en el Extremo Oriente, que es precisamente a donde Washington mira con mayor interés. 
 
Japón, un estrecho aliado de Estados Unidos, ha comenzado una carrera geopolítica expansiva en la región para contrarrestar el poderío militar y económico chino.
 
El mes pasado  el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, vaticinó un resurgimiento de Japón, que, "permitirá contrarrestar el poder de China de la mano de un liderazgo más firme en Asia".
 
Japón no sólo se está armando, sino que podría renunciar a la Constitución pacifista que fue adoptada tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial. Esto implica que sus fuerzas tendrían vía libre para actuar no sólo como defensa del territorio nacional, sino en otros países e incluso en las zonas marítimas disputadas.
 
Tokio está realizando esta movida con el visto bueno de Estados Unidos. Lo mismo ocurre con Filipinas: ambos países tienen tratados militares suscriptos con Washington y en caso de sufrir una agresión, EE.UU. debería involucrarse para defenderlos.

Riquezas

Existen dos mares en los que se desarrolla un conflicto, que por el momento se presenta de baja intensidad: mar de la China Oriental o mar de Japón y el mar de la China Meridional. Este último contiene islas disputadas por siete países: China, Taiwán, Japón, Corea del Sur, Filipinas, Malasia y Vietnam, mientras que buques de potencias extrarregionales como Rusia y Estados Unidos se encuentran en ambos mares.
 
La plataforma submarina del Mar de la China Meridional es rica en gas y petróleo. Se calcula que las reservas de crudo rondan los 150.000 millones de barriles. Pekín es un voraz consumidor de hidrocarburos, al igual que Japón, que no posee reservas.
 
Las insignificantes islas Spratly, situadas en el centro geográfico del mar, son el principal objeto de disputa, ya que quien las posea accederá a una porción importante de los recursos de la región.
 
Sin embargo, EE.UU., que como vimos en la primera parte del artículo no está tan interesado en el consumo de hidrocarburos, ya que sus reservas y la forma de explotarlas lo vuelven a situar entre los países que se autoabastecen, tiene interés en explotar los yacimientos para el refinamiento del gas y petróleo y posterior venta, ya que sus empresas cuentan con los medios técnicos de producción en alta mar.
 
Además, el interés de EE.UU. no sólo está relacionado con la energía, sino con las rutas marítimas y los cuellos de botella que deben atravesar los barcos petroleros para que China y Japón se abastezcan, como por ejemplo el pequeño estrecho de Malaca.
 
Pero, también existe la contención al expansionismo chino y la influencia regional. Estos dos elementos son clave para que Washington mantenga su presencia militar en la zona.
 
También una Corea del Norte agresiva, que se ve parcialmente abandonada por China, que se acerca cada vez más a Corea del Sur por el enorme intercambio comercial, es una excusa excelente para que EE.UU. militarice la zona y comience con los proyectos de creación de escudos antimisiles en Alaska, Corea del Sur y Japón, por medio de los cuáles el Estado los financia mientras las empresas privadas que lo ponen en funcionamiento se benefician de la concesión, además de constituir una forma de contención militar que mira hacia China.
 
Alianzas y rivalidades

Estados Unidos posee una base militar en la isla japonesa de Okinawa; cada vez que Tokio suavizó su postura con Corea del Norte y China, Washington amenazó con cerrarla y con desconocer algunos de los importantes tratados que le brindan protagonismo regional a Japón.
 
Lo mismo sucedió con Corea del Sur. Tras una década de deshielo y acercamiento al Norte, EE.UU. presionó para que cambiara el Gobierno y se impusieran desde 2008 presidentes conservadores, belicistas y antinorcoreanos.
 
Por otro lado, Japón mantiene una importante disputa territorial con China: las islas Senkaku o Diaoyu. En septiembre de 2012, el Gobierno japonés compró tres de las islas a su propietario privado, lo que provocó protestas a gran escala en China, que además envió buques de guerra para rodearlas.
 
En tanto, Japón y Rusia mantienen un conflicto por las islas Kuriles, que ha evitado que los dos países firmaran un acuerdo de paz desde fines de la Segunda Guerra Mundial.
 
Asimismo, Japón continúa navegando ambos mares con nuevos y modernos buques, al tiempo que Rusia aumentó su presencia militar en la región.
 
También, Tokio desempolvó con Corea del Sur una vieja rivalidad sobre las islas Taskeshima o Dokdo. En agosto de 2012 el presidente coreano las visitó creando un enfrentamiento diplomático.
 
Pero, a pesar de todos estos movimientos, las transacciones económicas entre China y Japón están batiendo récords.
Lo mismo sucede con los nuevos bloques comerciales. En 2010, para paliar las turbulencias económicas mundiales China se unió al ASEAN y crearon además un fondo de 120.000 millones de dólares para hacer frente a futuras recesiones y a posibles crisis financieras.
 
Además, China ve como el incremento de la calidad de vida de sus habitantes produce una fuga de capitales de mano de obra esclava a países como Vietnam.
 
Por otro lado, esta rivalidad militar no se convierte en una guerra abierta, ya que a pesar de la caída del consumo mundial, todos estos actores interactúan económicamente. Estados Unidos continúa siendo un importantísimo comprador de productos chinos y Pekín tiene bonos del tesoro norteamericano por valores billonarios.
 
Ya ha habido escaramuzas entre varios países por el control de los mares, sin embargo nada ha pasado a mayores, ni siquiera las terribles amenazas norcoreanas.
 
Pero, cada vez es más evidente que EE.UU. pretende contener a China en el Pacífico, apoyando a Japón, Filipinas, Taiwán y Corea del Sur por un lado, a India por otro, debilitando a Pakistán, alejándose de Arabia Saudita, mientras que intenta levantar el bloqueo a Irán para disputarle a Pekín el aliado persa con la gradual llegada de inversiones.
 
Es posible que Japón sea la llave por la cual Estados Unidos incremente su influencia geopolítica en el Extremo Oriente, pero un retorno al nacionalismo agresivo japonés, que tantas desgracias trajo a la región en la primera mitad del siglo XX, puede llegar a ser muy peligroso y además podría romper el equilibrio comercial que mantiene a salvo a las economías asiáticas ante la crisis mundial. 

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