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A 20 años del genocidio en Ruanda: las responsabilidades de Francia y EE.UU.

Publicado: 7 abr 2014 20:53 GMT
Un informe de la ONU revela que en Ruanda no hubo solamente un genocidio, sino dos. La lucha por los recursos del este del Congo produjo una rivalidad entre Francia y Estados Unidos, que llevó a ambos a financiar guerrillas que cometieron los genocidios de las comunidades tutsis y hutus sobre la base de la rivalidad étnica y con la complicidad de Ruanda y Uganda.  
La única responsabilidad que Estados Unidos reconoce en la masacre de miembros de la etnia tutsi, ocurrida en Ruanda en 1994 y que dejó 800.000 muertos en tres meses, está relacionada solamente con la inacción, ya que Washington lamenta no haber llegado a tiempo para detener lo que las Naciones Unidas (ONU) denominó "el genocidio del pueblo tutsi".
 
Sin embargo, archivos desclasificados fechados cuatro meses antes de la masacre, demuestran que la Central de Inteligencia Norteamericana (CIA) había informado al Departamento de Estado de que civiles de la etnia hutu se estaban armando para cometer una masacre en todo el territorio de Ruanda, la cual comenzó cuando un misil derribó el avión en el que viajaba el presidente ruandés Juvenal Habyarimana.
 
En solo tres meses unos 800.000 tutsis y hutus moderados fueron asesinados a machetazos y martillazos por varones del pueblo hutu. El Tribunal Internacional de La Haya investigó este genocidio y descubrió que Francia lo había promovido bajo el nombre de Operación Turquesa.
 
Sin embargo, el Tribunal de La Haya no prosiguió con el juicio y le puso punto final al acusar a los hutus de asesinar tutsis. De esta manera, solamente Francia apareció como la única potencia responsable, salvando la imagen de Estados Unidos y del actual presidente ruandés, Paul Kagame, que se presenta a sí mismo como el pacificador de Ruanda, cuando en realidad es una de las partes fundamentales del origen de las masacres.
 
Pero a fines de la semana pasada, hubo una vuelta de tuerca que cambió la visión de los macabros hechos sucedidos desde 1990 hasta el presente en la región de los grandes lagos africanos.
 
Doble genocidio

La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, publicó un informe —en 2010— en el que se acusa a las fuerzas militares del presidente de Ruanda Paul Kagame, de cometer "ataques sistemáticos y generalizados que podrían constituir crímenes de genocidio" contra la población hutu en el este de la República Democrática del Congo, entre 1993 y 2003.
 
De esta manera, la ONU está reconociendo la posibilidad de un segundo genocidio, ocultado hasta ahora por el organismo, pero denunciado por decenas de organizaciones no gubernamentales (ONG) que operan en el Congo.
La ONU dejó abierta la posibilidad de que un tribunal internacional juzgue si el término correcto de la masacre de los hutus es genocidio, pero el documento es inflexible al señalar la participación de Kagame, cuya guerrilla estaba financiada por Estados Unidos.
 
El informe no acusa directamente a Washington, pero numerosas denuncias de ONG, archivos desclasificados y varios indicios llevan a la conclusión de que Kagame seguía manteniendo el apoyo de Estados Unidos a pesar de las masacres y de las constantes invasiones al Congo.
 
Hasta la publicación del informe, Kagame no solo fue el defensor de los intereses norteamericanos en la región, sino que junto con el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero fue designado por el Secretario General de la ONU Ban Ki Moon, presidente del grupo internacional que impulsará el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).
 
La reacción de Kagame al informe de la Alta Comisionada fue de tenor amenazante. Alertó que si la ONU no rectificaba el documento, Ruanda retiraría las tropas que mantiene en Sudán y en cinco países africanos más.
 
Inmediatamente, Ban Ki Moon se desplazó hasta Ruanda para convencer a Kagame de que desista de concretar su amenaza, lo cual pondría en peligro las misiones de la ONU en países que se encuentran bajo conflictos bélicos.
 
Pero Kagame ya había sido procesado por genocidio y terrorismo por tribunales de Francia y España. Además, la exembajadora de Suiza en Argentina, Carla del Ponte, denunció en su libro 'La caza' que fue desplazada del Tribunal de La Haya cuando tomó la decisión de procesar a Kagame por crímenes de lesa humanidad. El Tribunal investigó hasta la masacre de los tutsis, pero no siguió con la de los hutus, cometida pocos meses después.
 
Persistiendo en el mismo método de la Escuela de las Américas, con la que las fuerzas militares norteamericanas formaron dictadores, golpistas y contrainsurgentes a partir de los años 70 en América Latina, el presidente ruandés fue entrenado en la década del 80 en la Escuela de Comandantes en Kansas.
 
Luego, en 1990, viajó a Uganda para dirigir la guerrilla Frente Patriótico Ruandés, que pretendía derrocar al entonces presidente de Ruanda, Juvenal Habyarimana. En esos momentos, Estados Unidos era el principal proveedor de armas de Uganda.
 
En tanto, en 1994, recrudecieron los combates entre el Ejército de Ruanda, dirigido por la mayoritaria etnia hutu y apoyado por Francia, y la guerrilla de Kagame, financiada por Washington.
 
Francia había puesto en marcha la Operación Turquesa en respuesta al ataque de la guerrilla de Kagame desde Uganda. Una vez derribado el avión del presidente Habyarimana con un misil presuntamente dirigido por Kagame, se llevó a cabo el genocidio tutsi del cual, de acuerdo con los archivos desclasificados, tanto Washington como el hombre fuerte ruandés estaban al corriente.
 
Entonces, se gestó la reacción, que consistió en dejar actuar a los hutus, para luego provocar una invasión desde Uganda y expulsarlos hacia el este del Congo, en la provincia de Kivu. Allí es donde el reciente informe sitúa el segundo genocidio, en el que murieron entre 200 y 300.000 hutus.
 
Derrocar al dictador

En 1996 se produjo la invasión del Congo por parte de las fuerzas de Kagame, con el apoyo del guerrillero congoleño y excompañero de armas de Ernesto Che Guevara en África Laurent Kabila.
 
El líder del Congo logró derrocar al dictador Mobutu Sesse Seko, que había servido a los intereses norteamericanos durante la Guerra Fría, pero que en esos momentos se encontraba bajo las órbitas de Francia y de Bélgica, la antigua metrópolis.
 
Una vez en el poder, Kabila se deshizo de sus aliados ruandeses, que iniciaron una segunda ofensiva en el Congo con el pretexto de perseguir a los líderes hutus que habían provocado la masacre de los tutsis en 1994.
 
Pero en 2001, con la muerte de Kabila, asumió la presidencia su hijo Joseph Kabila, que estableció un pacto militar con China, una potencia que tiene intereses económicos en esta región rica en minerales.
 
EE.UU. vs. Francia

La lucha por el control de la región y de los yacimientos de oro, diamantes y coltán entre Washington y París fue disfrazada como una inédita guerra étnica que nunca antes había cobrado mayor relevancia.
 
Algunos analistas señalan que el Gobierno de Bill Clinton decidió ocultar la alerta dada por la CIA para poder producir el cambio de régimen en Ruanda y que pasara definitivamente al área de influencia norteamericana.
 
De esta manera, los destinos de Ruanda y del este del Congo comenzaron a ser mayormente determinados por Estados Unidos y sus compañías multinacionales, que utilizan el coltán para la fabricación de teléfonos celulares, computadoras y también para la industria espacial.
 
Varias ONG estiman que además de los hutus asesinados, la guerra entre tropas ruandesas, congoleñas y las guerrillas produjeron entre 4 y 5 millones de muertos desde 1996 hasta la fecha.
 
La rivalidad entre París y Washington por el control de la región llegó hasta 2009, cuando el expresidente francés Nicolás Sarkozy hizo un gesto a sus aliados norteamericanos al sugerir que el Congo podría compartir sus riquezas con Ruanda. Quizás por su política exterior pronorteamericana o por el avance de un tercer competidor –China–, Sarkozy distendió la lucha entre empresas y Ejércitos al servicio de Francia, con los Estados Unidos.
 
La reacción de Uganda al informe de la ONU fue similar a la de Kagame, ya que amenazó con retirar sus tropas de Somalia, las cuales son vitales para Occidente, que busca evitar la consolidación de un Gobierno islámico vinculado con Al Qaeda.
 
Sin embargo, a pesar del avance de la Alta Comisionada en publicar el hasta ahora velado segundo genocidio, todavía falta que un tribunal juzgue el grado de responsabilidad de los militares norteamericanos que financiaron la guerrilla de Kagame y, además, las crueldades y las violaciones masivas cometidas por los Cascos Azules de la ONU y por las guerrillas dirigidas por Ruanda y el Ejército del Congo.
 
Aunque las secuelas de tanta atrocidad sean irreversibles, un esbozo de justicia y pacificación les darían un poco más de credibilidad a las fallidas misiones de la ONU y llevarían aunque sea algo de paz al alma de tan desdichadas poblaciones, que son víctimas de la guerra por la disputa de sus recursos entre las compañías multinacionales y las potencias. 

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