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Estados Unidos: ¿Mal amigo y buen enemigo del Brasil?

Publicado: 20 ago 2013 13:13 GMT | Última actualización: 20 ago 2013 13:13 GMT
La semana pasada, el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, visitó Brasil para tratar de minimizar el grave daño que generaron las revelaciones del contratista de la Agencia Nacional de Seguridad Edward Snowden, de que el programa de espionaje electrónico norteamericano apuntó a enormes cantidades de comunicaciones públicas y privadas brasileñas relacionadas con secretos militares, energéticos y comerciales.  

De esta manera, Brasil se transformó en otro país afectado por el escándalo Snowden. Durante el encuentro, el canciller brasileño, Antonio Patriota, se quejó diciendo que si Washington no brinda explicaciones satisfactorias a estas denuncias de espionaje, se generará una "sombra de desconfianza" en la relación bilateral. Kerry respondió diciendo que lo hecho por su país se enmarca dentro de su "lucha contra el terrorismo global", agregando que EE.UU. lo hace para "beneficiar" al mundo entero…  

Claramente, EE.UU. debe entender que su comportamiento de hablar en términos 'amistosos', mientras se comporta de manera adversarial, está destruyendo su credibilidad y confiabilidad en todo el mundo. 
 

Las políticas agresivas de EE.UU. hacia su 'patio trasero' 
 

Durante décadas, EE.UU. consideró a toda Latinoamérica como su 'patio trasero'. Les era fácil manejarla a los empujones –con amenazas, incluso invasiones– para alinear a esos débiles países de habla castellana y portuguesa a sus propios intereses; a las trompadas de ser preciso. 

Mas con el paso del tiempo, los pueblos latinoamericanos crecieron, maduraron y perdieron su inocencia. Hoy se muestran sumamente desconfiados hacia su poderoso vecino del norte, especialmente al revelarse tantos secretos terribles que demuestran el apoyo y financiamiento directo y sistemático brindado por Washington a golpes de Estado y a la imposición de regímenes cívico-militares durante los años 50, 60 y 70 en casi todos los países de la región, Brasil incluido.  

Todo aquello justificado por la "lógica" de la Guerra Fría que dictaba que cualquier cosa –regímenes ilegales, antidemocráticos y antinacionales– era preferible con tal de mantener a la ex Unión Soviética y China fuera del hemisferio occidental. 

Durante más de un siglo, Latinoamérica no sufrió ataques europeos, lo que le daba cierta credibilidad a la Doctrina Monroe con su lema de "América para los Americanos" que alertaba a los europeos a mantenerse "fuera de América", sin embargo encubría el hecho de que con ello, EE.UU. mantenía su control hegemónico sobre todo el continente.  

Al menos así lo fue hasta 1982 cuando estalló la breve guerra que enfrentó a la Argentina y el Reino Unido, que llevó a EE.UU. no solo a pisotear su propia Doctrina Monroe, sino también al TIAR –el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca- suscripto en Río de Janeiro por todos los países de la región apenas terminada la Segunda Guerra Mundial y por iniciativa de los propios estadounidenses.   

No sólo no ayudó EE.UU. a rechazar el ataque británico como esperaban todos los países latinoamericanos que apoyaron a la Argentina contra el Reino Unido –la mayor parte de los cuales luego denunciaría ese interesado Tratado–, sino que EE.UU. terminó brindando apoyo militar, político, diplomático y económico total e irrestricto a su tradicional aliado global, el Reino Unido. 

Podrá decirse que eso fue hace treinta años, pero si avanzamos hasta nuestros días, el largo historial de interferencia norteamericana en toda Latinoamérica orquestando golpes de Estado, continuó hasta tiempos recientes como se comprobó cuando la burda asonada contra Hugo Chávez en abril de 2004.   

A eso podemos agregarles desde las décadas de injusto embargo contra Cuba, hasta el reciente acto de cuasi-piratería aérea al presionar a varios países europeos para que se obligara al avión presidencial boliviano, con el presidente Evo Morales a bordo en pleno vuelo desde Moscú, a hacer un aterrizaje forzoso en Viena, donde su aeronave fuera inspeccionada sólo porque EE.UU. sospechaba que pudiera hallarse a bordo el buscado Edward Snowden.  

No... decididamente EE.UU. no es un buen amigo de Latinoamérica.  

En el mejor de los casos es un mal amigo, y ni bien surge cualquier diferencia, EE.UU. casi siempre termina siendo una suerte de buen enemigo, al que ningún país latinoamericano puede ni debe ignorar considerando su gigantesco poder, influencia y política exterior agresiva. EE.UU. es algo así como el matón del barrio al que todos saben que es mejor saludar, pero siempre desde una distancia, sin jamás confiar en él y haciendo todo lo posible para evitar problemas…  

Oficialmente, la visita de John Kerry a Brasil tuvo como meta preparar una visita de Estado de la presidente Dilma Rouseff a Washington el próximo mes de octubre, lo que seguramente se llevará a cabo a pesar de este escándalo de espionaje.  

Pero en realidad existe un tema mucho más importante detrás de todos estos titulares, y que se refiere a un asunto militar y geopolítico. Notablemente, EE.UU. está tratando de vender a Brasil 36 cazas supersónicos Boeing F17 Super Hornet para reequipar a la poderosa Fuerza Aérea brasilera. Se trata de un contrato valuado en más de  4.000 millones de dólares.  

Aunque el avión de la Boeing es técnicamente el preferido de la Fuerza Aérea brasileña, los líderes políticos de ese país dudan si esta es la mejor opción por una serie de muy buenas razones que no sólo se relacionan al escándalo Snowden, sino también al creciente encierro que Brasil viene sufriendo a manos de EE.UU. y el Reino Unido, según lo señalabamos en un reciente artículo publicado por RT en junio pasado.  
 

No tan solo un “asunto técnico”  
 

La Fuerza Aérea brasileña viene necesitando desde hace ya un par de décadas la renovación de su vieja flota de cazas Mirage. Pero al margen del F17 de la Boeing, Brasil tiene otras opciones, no solo de fabricantes como Dassault Aviation de Francia y Saab de Suecia, sino también de proveedores rusos y chinos.   

Recientemente, Brasil cerró un acuerdo importante con Rusia para la provisión de misiles antiaéreos para proteger los cielos de ese país durante la Copa Mundial de Futbol de 2014 y las Olimpiadas de 2016. 
 
Ahora bien: ¿importa realmente de quién compra Brasil sus nuevos cazas supersónicos? Desde luego que sí, y no solamente en términos de sus especificaciones técnicas y costo…  

Cuando una nación adquiere equipamiento militar a otro país, surge una importante relación de dependencia mediante la cual el país adquirente necesitará contar durante décadas con el apoyo del país vendedor en rubros como la venta de repuestos y partes, servicios de mantenimiento y reparaciones, capacitación de pilotos e ingenieros, actualización de aviónica, armas, más una muy larguísima lista de etcéteras. 

Los países realmente soberanos diseñan, construyen, operan, mantienen y actualizan su propio equipamiento militar, tal como lo hacen Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, China y la Unión Europea. 
 
Si un país no disfruta de esta capacidad y no tiene otra opción que adquirir su material militar a otro país, entonces más vale que se asegure muy bien de que jamás entrará en ninguna seria confrontación con el país proveedor. Caso contrario, los resultados pueden ser devastadores en términos de poder contar con los muy necesarios repuestos, servicios de reparación y mantenimiento, etc., factor que se agudizará exponencialmente ante cualquier conflicto bélico.  

Pues en tiempos de 'paz' todo el mundo sonríe y dice cosas amables. Mas en tiempo de guerra, cada país se rige por su propio interés nacional, lo que resulta totalmente lógico.  

Volviendo al ejemplo de la Guerra de las Malvinas de 1982, vean lo que le ocurrió a la Argentina mientras luchaba contra la Flota Británica enviada desde Londres para recuperar aquellas islas. La Armada Argentina estaba entonces equipada con modernos cazas franceses  Dessault Super Etendard equipados con los famosos misiles Exocet también de fabricación francesa.   

Argentina disponía de una pequeña cantidad de aquellos misiles que mostraron ser muy efectivos, hundiendo a varios buques militares y de apoyo ingleses durante el conflicto. Naturalmente, Francia inmediatamente suspendió toda provisión y apoyo a Argentina, aunque algunos otros países le dieron apoyo, notablemente la Libia de Muammar Gaddafi. 

Sin embargo, siendo Francia país miembro de la OTAN, ello la transformó automáticamente en aliada de Gran Bretaña, obligando al entonces presidente francés, Francoise Mitterrand, a tener que darle a la premier inglesa Margaret Thatcher los códigos secretos de aquellos misiles para así ayudar a las fuerzas británicas a tomar acciones evasivas ante los letales misiles franceses disparados por las fuerzas argentinas. Una trampa mortal para la que los poco previsores almirantes, generales y brigadieres argentinos no se prepararon.  

Al negociar con EE.UU., países como Brasil deben comprender que ante alguna emergencia repentina, la actual actitud de 'buen adversario' de EE.UU. puede transformarse en pocas horas en la de un 'mal enemigo', con catastróficas consecuencias 

La cancillería brasileña tiene una sólida tradición de contar con las mejores mentes geopolíticas del continente sudamericano, de manera que ellos deben comprender esto perfectamente bien.  

¿Se puede confiar en Estados Unidos de Norteamérica?  

 
Si nos colocamos en los zapatos de los líderes brasileños, percibiremos que no existen probabilidades de que ese país sudamericano pudiera enfrentarse en un conflicto grave con superpotencias como Rusia y China, con las que la mayor parte de los países latinoamericanos hoy tienen potenciales intereses en común. Aún más notable, Brasil viene forjando vínculos crecientemente estrechos con  ambas potencias dentro del marco del Grupo BRICS.  

Dejarse proveer de armas por Estados Unidos y el Reino Unido conformaría una gran imprudencia por parte de cualquier país latinoamericano.  

Operando siempre según su tradicional alianza, estas dos potencias vienen militarizando crecientemente todo el océano Atlántico Sur utilizando para ello la poderosa IV Flota del Atlántico Sur con base en Florida, y la fuertemente repotenciada base militar nuclear británica en las islas Malvinas. Todo ello forma parte de la estrategia global de militarizar las fuentes y rutas de acceso al petróleo, especialmente en aquellas regiones como el Atlántico Sur que se hallan lejos de zonas calientes como el Medio Oriente. 

¡Y vaya si existen gigantescas fuentes y reservas de petróleo cerca de las costas del Brasil y bajo la plataforma continental del mar argentino cercano a las islas Malvinas! 

Si mañana EE.UU. y el Reino Unido se vieran repentinamente golpeados por alguna emergencia que las obligara a declarar que el acceso total e irrestricto al petróleo latinoamericano –costas afuera del Brasil y Argentina- conforma una "prioridad de su interés nacional", tomándolo por las buenas o las malas, ¿se sentiría seguro Brasil tratando de disuadir militarmente a EE.UU. o al Reino Unido contando con una flota de cazas F17 fabricados y controlados por EE.UU.? 

Las relaciones entre Washington y Brasilia se venían enfriando bajo el anterior presidente Luis Inácio 'Lula' Da Silva, mentor de Dilma Rouseff, quien sin embargo viene realineando a su país hacia EE.UU., alejándose de las políticas de Lula más próximas a Irán y otros adversarios de los angloestadounidenses en Medio Oriente.  

De manera que mientras que el escándalo Snowden seguramente no se convertirá en una crisis mayor entre ambos países, sin embargo, contrariamente a buena parte de los países latinoamericanos, salvo Chile y Colombia, Brasil comprende muy bien donde está su interés nacional. Brasil se ha transformado en el motor industrial y económico del continente.   

Ahora que Chávez ha desaparecido del tablero geopolítico venezolano y regional, y debido al determinante tamaño de su economía, Brasil viene evolucionando rápidamente en transformarse en vocero informal de toda la región. Como alguna vez dijera Sir Henry Kissinger en los años 70, "donde quiera que vaya Brasil, el resto de Latinoamérica acompañará". Esto es efectivamente así, y EE.UU. bien puede estar perdiendo a este potencialmente muy importante aliado regional.  

Debido a que hay tanto en juego, los líderes brasileños están mirando bien hacia el futuro haciéndole de paso un gran favor a toda Latinoamérica, ayudando a ver grandes riesgos futuros cuando aún se encuentran lejos en el horizonte.  

Una administración de riesgos políticos semejante claramente conforma un factor vital para todo país que tenga una cuota de auto-respeto, y que esté decidido a preservar su soberanía –incluso su supervivencia- en estos tiempos crecientemente peligrosos que vive la humanidad. 

¿Puede el lector imaginarse lo que hubiera ocurrido si el vigía del Titanic hubiera divisado esa gigantesca montaña de hielo mientras aún se encontraba muy lejos en la oscuridad de aquella noche fatal de abril de 1912? Con que el capitán desviara el curso del vapor unos pocos grados, la majestuosa nave hubiera entrado pacíficamente en el puerto de Nueva York según lo previsto. Pero no. Cuando se dio cuenta del terrible peligro que se les venía encima, fue demasiado tarde….  

Por eso, Brasil hace muy bien en considerar con sumo cuidado con quiénes renueva sus fuerzas militares regionales –aéreas, marítimas y terrestres– que siguen siendo las principales Fuerzas Armadas creíbles, disuasivas y profesionalizadas que existen en el continente sudamericano.   

Los líderes brasileños habrán evaluado pragmáticamente la reciente visita 'amistosa' del John Kerry como lo harán también cuando Dilma Rousseff visite Washington en octubre, oportunidad en la que seguramente tendrá un recibimiento 'cálido y cordial' de parte de su anfitrión, Barack Obama.  

Pero estas amabilidades y gentilezas apenas representan la punta del iceberg y, como con todo iceberg, lo verdaderamente importante es lo que yace debajo de la superficie del océano. 
 

Adrian Salbuchi es analista político, autor, conferencista y comentarista en radio y TV en Argentina.

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