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El Hemisferio Occidental: el infierno o el paraíso (II parte)

Publicado: 30 sep 2010 12:26 GMT

¡Hola! ¿Qué tal?

El Dr. Zemskov piensa que la conciencia del hombre en los nuevos tiempos, capaz de ver el mundo que lo rodeaba dentro del marco de las nociones reales y de la época histórica, iba naciendo entre las dos versiones polarizadas mencionadas arriba.

Los españoles no sólo dominaban a los indios, sino que también formaban familias con éstos, algo que debe tenerse en cuenta para apreciar debidamente su enorme potencial creador  en el siglo XVI. Mientras que los neoingleses percibían a América y a los indígenas sólo desde el punto de vista pragmático, como un objeto económico, a los españoles les interesaba enormemente todo lo nuevo y exótico que ellos veían en América. Todo lo nuevo tenía que ser definido y explicado. Los descubridores españoles, comenzando por Cristóbal Colón, autor de la primera descripción de las nuevas tierras y sus habitantes en su carta a los reyes católicos Isabel y Fernando, involuntariamente se convertían en escritores. Y en primer lugar se convertían en escritores por orden de los reyes españoles, que ante todos los jefes de las expediciones y ante sus secretarios-cronistas, les planteaban la tarea de informarlos detallada y 'verazmente', de 'testimoniar' acerca de todo lo ocurrido. No obstante, los españoles lo describían todo no sólo por el cumplimiento de sus obligaciones, sino también para contar de manera 'veraz y fidedigna' a sus oponentes ideológicos la nueva realidad descubierta con su participación, la nueva historia que se estaba haciendo frente a sus ojos.

Todo este enorme estrato de literatura oficial y de 'testimonios' literarios, que recibió el nombre de 'crónicas americanas', cumplió la importantísima función de potenciador literario inicial del Nuevo Mundo en los aspectos más diferentes.

Era una tarea de enorme escala y de gran dificultad debido a la falta de recursos léxicos. En reiteradas ocasiones muchos de los conquistadores, desde Colón hasta Hernán Cortés, reconocían que no les era posible describir lo visto, ya que no sabían cómo denominarlo. Les faltaban palabras, subraya el autor del artículo. Por ello, los conquistadores se valían ampliamente de recursos idiomáticos locales, e introducían en su vocabulario palabras y grupos de nociones aborígenes.

En el Nuevo Mundo se desarrollaban procesos de vectores contrarios: la arcaización e innovación de la literatura española y, como resultado, la formación de las bases iniciales de una nueva tradición. También con la arcaización aparece relacionada la resurrección en sus formas y funciones originales de géneros como el auto, el legendario bíblico y evangélico, el arsenal de las maravillas medievales y las fiestas religiosas teatralizadas.

Todo ello a su vez vinculado con el bautizo masivo de los pueblos originarios y con el mantenimiento y memorización de las nuevas tradiciones entre éstos. Es natural que todo ello llevara a la sincretización de las culturas, y a cambios en el propio idioma español.

Lo que se realizaba en el Nuevo Mundo por escritores españoles tenía poca relación con la naciente cultura en la metrópolis, donde la mayoría de las obras ni siquiera tocaba la temática americana. No obstante, para el año 1609 ya había pasado todo un siglo, durante el cual se colocaron los cimientos de una tradición naciente, propiamente hispanoamericana, que incluyó a la tradición idiomática. Precisamente, las obras 'subliterarias' de abigarrada diversidad de géneros fueron la verdadera literatura del primer siglo de la nueva tradición cultural.

Pero eran pocos los autores de esta nueva tradición, que se formaba fuera del marco de la obra literaria como tal. Muchos de los que crearon crónicas de diferentes géneros, distaban bastante del saber literario. Unos no estaban lo suficientemente alfabetizados, otros no eran hábiles en el arte de escribir. Todos ellos escribían sus obras fuera del marco de los cánones genéricos, estilísticos e idiomáticos. Y precisamente tal hecho otorgaba vitalidad a su obra. Los escritores aficionados del siglo XVI crearon un 'panorama' del Nuevo Mundo 'a partir de cero'.

La tarea de potenciar y crear la imagen del Nuevo Mundo mediante el idioma y la literatura fue una tarea de varios siglos, y sólo los escritores del siglo XX, los creadores de la 'nueva novela latinoamericana' la entendieron como tarea principal de su cultura en todo el trayecto de su formación. Estos escritores volvieron a lаs fuentes, a las raíces de su mundo, ubicadas en el siglo XVI y las crónicas. Por algo los eminentes artistas, novelistas y poetas, como Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, João Guimarães Rosa, José Lezama Lima, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Pablo Neruda, que calificaron de manera diferente el papel fundacional de las 'crónicas americanas', se hacían llamar cronistas del Nuevo Mundo, viendo su propio destino en el 'atestiguamiento' de su historia, subrayando que la tarea de la literatura latinoamericana consiste en crear imágenes épicas e íntegras de este espacio.

Pero el Dr. V. Zemskov no olvida que la literatura del período de la Guerra de Independencia creó las primeras muestras de obras literarias que rompen con las normas españolas. El nuevo idioma es el nuevo factor épico, la nueva imagen. El proceso de autoidentificación en el curso de la liberación del dominio español a comienzos del siglo XIX y de la formación inicial de los Estados nacionales se convierte en la base para la formación cultural, que se nos presenta como interacción de las tendencias integradoras centrípetas (a nivel continental) y de las tendencias centrífugas, diferenciadoras (formación de literaturas nacionales).

La novela latinoamericana del siglo XX finalizó el recorrido iniciado hace quinientos años en las crónicas del Nuevo Mundo y abrió el nuevo porvenir para la literatura latinoamericana. En este camino hubo dos etapas básicas: la potenciación de un nuevo espacio, que comienza en las crónicas americanas y termina con la novela telúrica (hasta los años 40 del siglo XX); el descubrimiento de una variante propia del tiempo artístico, la temporalidad propia.

Así piensa el Dr. Zemskov.

Y ustedes, ¿qué opinan?

Vladímir Travkin, e-mail: revistala@mtu-net.ru

Periodista, director de la revista rusa «América Latina» cuenta sobre las relaciones ruso-iberoamericanas.

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