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Socios globales: buscando la confianza económica (I parte)

Publicado: 29 nov 2010 20:59 GMT

¡Hola! ¿Qué tal?

La economista de PhD Violetta Tayar (vtayar@mail.ru) del Instituto de Latinoamérica (ILA) de la Academia de Ciencias de Rusia (ACR) publicó en la revista IBEROAMERICA N 3/2010 un artículo titulado 'América Latina — Unión Europea y Rusia: la cooperación económica en el contexto de postcrisis'.

La arquitectura cambiante de las relaciones internacionales y de la economía mundial (con reordenamiento institucional y cambios derivados de la actual crisis económica-financiera mundial) promueve a nuevas posiciones algunas regiones y bloques político-económicos, que empiezan a desempeñar un papel importante en la estructura internacional del siglo XXI. En este proceso a América Latina y en particular a Mercosur le corresponde un lugar significativo. La autora hace una evaluación de las relaciones entre ellos y la Unión Europea (UE) destacando España. Se examinan también las relaciones entre algunos países de la región latinoamericana y Rusia, las que, a juicio de Tayar, contribuyen a consolidar el multilateralismo de las relaciones internacionales en general.



América Latina — Unión Europea: relaciones birregionales

En este nuevo siglo la interacción estratégica entre la UE y los países del Mercado Común del Sur (Merсosur) adquiere una nueva calidad. Las partes llevan más de diez años en el proceso de negociación sobre asociación estratégica, iniciado con la Primera Cumbre Unión Europea – América Latina y el Caribe, que tuvo lugar en Río de Janeiro en 1999. Sin embargo, la realización del proyecto de asociación interregional, que contemplaba la liberalización gradual del intercambio comercial y la creación de zonas de libre comercio (ZLC) entre la UE y los diversos bloques integracionistas de América Latina y el Caribe (ALC), se vio frenada por la interferencia de una serie de circunstancias objetivas de carácter económico, político e institucional.

Por una parte, la integración económica en la región europea ha alcanzado un nivel cualitativamente nuevo debido a la ampliación de la UE hasta 27 miembros, lo cual a su vez ha requerido la movilización de recursos económicos complementarios y la modernización de las instituciones políticas y financieras supranacionales.

Por otra parte, la mayoría de los países sudamericanos ha optado por una política regional independiente, sin participación de los Estados Unidos; en varios países de América Latina se ha producido un giro a izquierda de la estrategia política con tendencia a la diversificación de los vínculos exteriores; continúa la búsqueda activa de nuevos modelos del desarrollo económico nacional (frente al sistema neoliberal) y se realiza una reconsideración de la anterior política de “regionalismo abierto” en las relaciones con “el Occidente colectivo”.

La crisis económica mundial incide a su manera en la arquitectura de las relaciones internacionales: los crecientes mercados de “la periferia y la semiperiferia” han revelado mayor resistencia a las embestidas de la crisis que los países del “Occidente colectivo”. En las condiciones actuales marcadas por la escasez de recursos financieros y alimenticios, por el estancamiento de la demanda en los principales mercados de consumo, crece el papel de las agrupaciones políticas supranacionales, entre ellas “el Grupo de los veinte”, en el marco del cual durante la última década los países miembros del Mercosur como Brasil y Argentina han consolidado notablemente sus posiciones para defender sus intereses en el campo del comercio internacional.

Desde 2005, el contexto en que funcionan dos regiones ha cambiado, se ha vuelto más complejo, y han aparecido desafíos globales a los que hay que hacer frente. Ambas regiones han experimentado los graves efectos de la volatilidad de los precios de los alimentos y los productos básicos, agravados por la crisis económica y financiera. No obstante, gracias a la reforma económica y al crecimiento continuo en los últimos años, América Latina se encuentra en mejores condiciones para hacer frente a esta crisis que a choques externos anteriores. No obstante, la crisis también ha afectado la inversión directa extranjera en la región y las remesas que recibe, mientras disminuyen las exportaciones. La inversión de estas tendencias resulta esencial para restablecer la confianza económica y para superar la actual situación, absteniéndose por completo de cualquier medida proteccionista. Las consecuencias sociales de la crisis son también significativas, especialmente para las capas más vulnerables de la sociedad, y harán que para muchos países resulte especialmente difícil promover la cohesión social.

La cambiante arquitectura de la economía mundial, a juicio de la doctora V.Tayar, no sólo supone para los países europeos los riesgos de surgimiento de nuevas desproporciones, sino que los empujan a buscar nuevas vías que faciliten su recuperación y adaptación al nuevo contexto internacional.

Y ustedes, ¿qué opinan?

Vladímir Travkin, e-mail: revistala@mtu-net.ru

Continuará...

Periodista, director de la revista rusa «América Latina» cuenta sobre las relaciones ruso-iberoamericanas.

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