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"Todo fue como un rayo": Familiares de las víctimas mortales del covid-19 comparten su experiencia

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Todo el mundo está atento a los números de la pandemia de covid-19, y en especial a uno: el de las víctimas mortales. Pero hay a quien esa cifra le inspira sin duda un sentimiento especial que lo sitúa, por así decir, al otro lado del miedo: son los familiares de los fallecidos, que han vivido entre el estupor y la impotencia la pérdida de sus seres queridos por culpa de una enfermedad de la que poco se sabe con certeza y a la que acaso, al principio de todo, no dieran excesiva importancia.

El equipo de RT ha hablado con familiares de algunas de las víctimas del nuevo coronavirus en Rusia para conocer de primera mano cómo afrontaron la enfermedad de sus seres queridos y cómo el covid-19 se manifestó en sus hogares. Le acercamos tres historias diferentes de tres familias que sufrieron grandes pérdidas en su batalla contra el virus.

"Lo desinfectábamos todo"

El físico nuclear Danila Tlísov falleció a los 36 años por los efectos del covid-19 el 14 de abril, a pesar de ser plenamente consciente de los peligros del nuevo coronavirus y todas las precauciones que había tomado su familia. "Lo desinfectábamos todo. Nos desinfectábamos las manos. Incluso cuando fuimos en taxi desde el aeropuerto, tratamos con alcohol todas las superficies del interior del auto. No entiendo cómo pudo pasar", confesó a RT su viuda, Irina Tlísova, que aún no puede asumir lo que pasó.

Danila trabajaba en el Instituto de Investigaciones Nucleares de la Academia de Ciencias de Rusia y también pasaba mucho tiempo en el Gran Colisionador de Hadrones del CERN, en Suiza, y había dedicado su trabajo a uno de los subsistemas del calorímetro hadrónico. Justo hace varios meses le ofrecieron uno de los cargos directivos.

El 31 de marzo Tlísov empezó a sentirse mal experimentando fatiga tras regresar de Suiza, y el 1 de abril le subió de golpe la temperatura. Los médicos de la ambulancia lo auscultaron y afirmaron que los pulmones estaban limpios, que parecía una bronquitis. El físico siguió con fiebre en casa los días siguientes —el día 3 ya superaba los 39 grados— y el 4 de abril volvieron a llamar a la ambulancia, y entonces se lo llevaron a un hospital, donde se confirmó que tenía covid-19. El día 9 ya estaba en la unidad de cuidados intensivos, y a la mañana siguiente lo conectaron al ventilador.

Tlísov era un hombre joven y completamente sano. No tenía enfermedades crónicas.

"Entonces sí que supe que el coronavirus existía"

El director de documentales Alexánder Rádov murió por el nuevo coronavirus a los 79 años. Cayó enfermo junto con su viuda, Irina Vasílieva, que era muy escéptica sobre el tema, no creía en la existencia del covid-19 y seguía con su rutina diaria como si nada, yendo a Moscú en el tren de cercanías, ya que tenían que terminar ocho películas.

"Yo por lo general soy una persona sana, nunca me pongo enferma, ya me había olvidado de lo que era la fiebre; y de repente… 38, casi 39. Entonces sí que supe que esa cosa existía. Alexánder también era muy sano, nuestro estilo de vida era saludable. Nos bañábamos en agua helada, en un lago de por aquí", comentó Vasílieva a RT.

Al cabo de unos siete o diez días la mujer de Rádov se recuperó, pero el estado de Alexánder no mejoraba. Una médica rural ni detectó el peligro durante la auscultación, ni ayudó a establecer la causa del mal, y solo después de ser alertada por unos amigos, Vasílieva llamó al servicio de emergencias que tardó diez horas en llegar. También dijeron que respiraba bien y que no había crepitación pulmonar, y aconsejaron ir a Moscú, ya que ellos ni siquiera tenían rayos X, que de todas formas no sirven para detectar los cambios pulmonares a causa del coronavirus.

Lo ingresaron en un hospital de Moscú y la tomografía mostró que los pulmones estaban afectados por el nuevo coronavirus. Los médicos no lograron salvar su vida. La última médica que lo atendió confesó a su esposa que la muerte fue una bendición para él porque si lo hubieran salvado, ahora sería un minusválido total, "con seis 'stents' y unos pulmones totalmente consumidos", comentó Vasílieva al equipo de RT.

"Por extraño que parezca, nadie salía"

Mishik Kazarián, un importante físico soviético y ruso en tecnologías láser que se dedicaba a la física experimental, y su esposa, la epidemióloga Árpik Asratián, que se especializaba en hepatitis viral, murieron por el covid-19 a los 72 y 69 años respectivamente con una diferencia de diez días. Su hija Seriné Kazarián contó a RT que sus dos hijos, sus padres y ella vivían todos juntos, y todos se pusieron enfermos con uno o dos días de diferencia sin saber ni cómo ni dónde podían haber contraído la enfermedad.

"Por extraño que parezca, nadie salía. En lo que atañe a mis padres, todo fue como un rayo, por eso para mí es como si los hubiera atropellado un coche", confesó Seriné. "Me pareció sospechoso que enfermáramos todos, porque no somos una familia que enferme mucho. No sólo no padecemos de enfermedades crónicas, tampoco enfermamos en general. Aunque uno tenga una simple gripe una vez al año, la pasa sin reposo, con una simple congestión nasal", agregó.

El 21 de marzo la hija de la pareja de los científicos rusos llamó a un médico, pero al igual que en el caso de Tlísov y Rádov, no les hicieron pruebas específicas de detección del nuevo coronavirus. Árpik Asratián murió el 27 de marzo y Mishik Kazarián el 6 de abril. Los habían llevado a un hospital "horrible", "viejo, deteriorado, sin renovar", comentó Seriné, y empeoraron prácticamente a la vez.

Cuando habló con el médico jefe adjunto el 27 de marzo, le dijo que por la mañana su madre no tenía fiebre y seguía en estado grave, pero la dinámica era positiva. "En aquel momento, aún eran casos no confirmados. Ahora, recordando lo sucedido, sospecho que la primera prueba de covid-19 que le practicaron a mi madre dio positivo, pero la de mi padre dio negativo. [...] La segunda prueba que les hicieron dio positivo y todo indica que el resultado llegó el día 27. Todo coincidía: la condición de ambos empeoró, les subió la temperatura (por la reacción conocida como 'tormenta de citoquinas') y se confirmó que tenían el covid-19", contó Seriné.

Aquel día los transfirieron a otro hospital, pero a su madre no la pudieron reanimar y su padre ya tenía una saturación de oxígeno muy baja y pasó 11 días conectado a un  ventilador mecánico. "Por eso me pregunté: ¿sabía lo de mamá?", dijo su hija. Justo este año sus padres celebraron el 45.º aniversario de boda, el 4 de marzo.