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'Mi dolorosa realidad': médico ruso plasma en dibujos su experiencia en la 'zona roja' de covid-19

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El arte como forma de asumir una realidad ingrata, como testimonio del dolor y reconocimiento de quien lo mitiga, como expresión de sentimientos e ilustración del pulso del mundo. La epidemia hallará con el tiempo artistas que la reflejen en su obra. No puede ser de otro modo. Pero hasta entonces contamos con la obra en tinta y papel de Ruslán Melin, médico asignado a la zona roja en un hospital de Kémerovo, Rusia, para acercarnos al covid desde una perspectiva hondamente humana: la del arte.

Ruslán Melin, cirujano oral y maxilofacial de la ciudad rusa de Kémerovo, trabajó en la 'zona roja' de un hospital, destinada a los pacientes con covid-19. Encarnó su experiencia en una serie de dibujos, que tituló 'Mi dolorosa realidad'.

En las pinturas de Melin aparecen tanto sus colegas como los enfermos. A los primeros, vestidos con trajes de protección y máscaras, los diferenciaba por los ojos. "Dibujaba los ojos que me gustaban", confiesa el médico.

Relata que el arduo trabajo en la 'zona roja' unió a un colectivo de trabajadores inicialmente casi desconocidos.

"Antes de trabajar en la unidad de covid-19, no había hablado mucho con mis compañeros. No nos habíamos presentado, solo sabíamos que tal persona trabajaba aquí o allá. Ahora nos ayudamos entre nosotros, como hicimos cuando trabajábamos en la unidad de covid-19. Mis compañeros me ayudaron muchísimo. Nos hicimos amigos", afirma Melin.

En cuanto a los pacientes, recuerda en primer lugar a habitantes de residencias de ancianos en estado grave. Varios de ellos tenían complicaciones adicionales.

"Me decían que a estas personas —incapacitadas, sin brazos o piernas— solo un loco podía dibujarlas y ver en ellas cierta belleza. No me parecía hermoso, pero tienen personalidad y decidí dibujarlos. Además, me daban pena. Estas personas me parecían tan desatendidas, tan desamparadas. No tenían nada salvo un paquete de pañales y el deseo de recuperarse", relata Melin.

El doctor señala que dentro de la 'zona roja' también ocurren casualidades felices. En particular, recuerda a un paciente, con ambas piernas amputadas por diabetes.

"Cuando ingresó, pensé que moriría. Su estado era grave, tenía una fuerte disnea y lo enviaron a cuidados intensivos. Pero el 17 de septiembre, cuando salía de la unidad, bajamos juntos en el ascensor", relata Melin.

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