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Ingeniero aeronáutico y piloto ruso, cuidador del oso Mansur: "Hay que alejarse de la caza de trofeos o caza deportiva"

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"Los científicos no pudieron acoger al oso que encontramos en el aeródromo porque ya estaba acostumbrado al ser humano", cuenta Andréi Ivanov, ingeniero aeronáutico y piloto privado ruso. En 'Entrevista', de RT, comparte anécdotas de la vida del oso Mansur, responde a la pregunta más frecuente de por qué no le traen a una hembra y explica cómo mantener la comunicación constante con un animal salvaje.

En abril del 2016, un cachorro de oso pardo fue encontrado por los empleados de un aeródromo de la provincia rusa de Tver, al norte de Moscú, en medio de la pista de aterrizaje. Y los locales lo bautizaron como Mansur, que en el idioma altái significa oso.

Desde entonces el animal permaneció bajo el cuidado del ingeniero aeronáutico y piloto privado Andréi Ivanov, quien conversó con RT para brindar detalles sobre la vida del plantígrado en el transcurso de estos últimos cinco años.

"Cómo fue a parar en el aeródromo, eso no lo sé. Lo más probable es que los cazadores mataran a la madre y lo dejaran por allí después de jugar un rato con él. Así es como apareció. Al principio intentamos entregarlo a los científicos para su adaptación y posterior liberación en el bosque. Luego intentamos entregarlo a una reserva natural y el resultado fue lamentable", recuerda el aviador.

"Los científicos no lo pudieron acoger porque ya estaba acostumbrado al ser humano. Y eso es un gran problema. Si un osezno percibe al hombre como amigo, es posible liberarlo en el bosque, y podrá sobrevivir, pero como ya conoce al ser humano como amigo, volverá a buscar a la gente en el poblado más cercano, y lo hará con las mejores intenciones, pero [los lugareños] lo van a matar porque tienen miedo a los osos", explica.

"Y en cuanto a los zoológicos y los circos, ya están llenos. Hay muchos oseznos que acaban en manos del hombre. Al principio, durante el primer año, los suelen entregar como regalo a la gente rica, a los niños. Y a finales del primer año ya intentan deshacerse de ellos, porque el oso es un animal grande y fuerte. Por eso resulta que todos los circos y zoológicos acaban llenos de osos pardos", añade.

En vista de ello, Ivanov señala que finalmente optaron por dejarlo en el aeródromo, para lo cual tuvieron que prepararle toda la infraestructura necesaria. "Al principio, vivía en una pequeña caseta para perros donde podía refugiarse y dormir. Durante el primer año de vida se paseaba libremente por nuestro aeródromo. Es un animal muy sociable, como ya le he dicho, me acompañaba al trabajo, siempre estaba a mi lado", detalla.

"Al mismo tiempo era como un niño, si no le prestabas atención, se ponía a hacer travesuras, a romper cosas. Teniendo en cuenta que crecía muy rápido y rebosaba de energía, en un momento empezó a destrozar todo a su alrededor. Entonces le construimos un recinto cercado", recuerda.

Por último, Ivanov lamenta que actualmente no se realice ningún recuento real de la población del oso pardo al tiempo que su hábitat se está destruyendo y el número de ejemplares disminuye. Y para no agravar aún más este problema, insiste en que "hay que alejarse de la caza de trofeos o caza deportiva".

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