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Sara Calvo, aquejada de trastornos mentales: "Hay que pedir ayuda profesional y no meterte en 20.000 páginas de Internet"

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"La enfermedad mental es algo recurrente pero, una vez que se diagnostica, faltan médicos", cuenta Sara Calvo, que sufre en carne propia ese problema tabú y que tanto estigmatiza socialmente. ¿Por qué la familia a veces no ve las llamadas de ayuda? ¿Cuándo se dio cuenta de que tenía una adicción a hacerse daño? ¿Por qué es tan importante saber que uno no es único, que sus mismos sentimientos los experimentan otras muchas personas? Véalo en ‘Entrevista’, de RT.

Sara Calvo a sus 28 años lleva más de la mitad de su vida padeciendo trastornos mentales, un tema que hasta ahora había sido considerado un tabú y se encontraba socialmente estigmatizado.

Poner nombre a lo que le pasaba le resultó "reconfortante" a la vez que entender su proceso le facilitó la "valiente" decisión de someterse a tratamiento.

Tomó conciencia de toda su problemática después de "muchos años oscilando un poco hacia la tristeza o la anhedomia", es decir, la incapacidad para experimentar placer. Sus padres por primera vez le llevaron a un psiquiatra que le diagnosticó depresión severa y la medicó. "Fue muy de la noche a la mañana. Yo lo había vivido por mi familia, pero de repente lo primer que me dijeron fue: esto tiene nombre, es una enfermedad y no depende de ti".

Me sentí rota cuando supe de mi trastorno obsesivo y me sigo sintiendo así.

Entonces tenía 20 años, pero las cosas no mejoraron sino que fueron a peor. "Me daba miedo, porque lo había vivido con mi padre y con mi abuela, y pensaba: ¿me voy a tener que enfrentar a esto toda mi vida?", recuerda Sara, que confiesa: "Me sentí rota cuando supe de mi trastorno obsesivo y me sigo sintiendo así".

Así, en el primer momento las cosas fueron difíciles: "Me diagnostican depresión y en ese momento no me dicen que tengo también un trastorno de conducta alimenticia", relata. Su derivación a una psiquiatra de la sanidad privada no fue una buena experiencia. Tras cinco meses se encontró "en un infrapeso y en una situación de obsesión con la comida".

Cuando consultó a la profesional que la trataba, esta le dijo que tenía una anorexia grave. "¿Cómo? ¿No me lo has dicho en todo este tiempo y lo sabías?", fue la reacción de Sara.

"Tuve muy, muy mala experiencia en este caso. Fue una persona que me gritaba, me medicaba, me contramedicó, de hecho", continua explicando Sara. A partir de entonces el cambio de especialistas fue positivo. Le diagnosticaron depresión, trastorno de la conducta alimenticia, específicamente ortorexia –una obsesión patológica e irracional por comer sano y por la calidad de los alimentos–, además de vigorexia y anorexia.

Un largo camino

"Había tenido desde los seis años aproximadamente trastorno de la conducta alimenticia pero por atracón, lo cual no se ve tanto. Y acompañado por una depresión latente desde los doce", cuenta. Intentó comunicárselo en varias ocasiones a su familia, pero al principio no fue visto como una llamada de ayuda.

La última vez que toqué fondo fue hace tres semanas, la anterior hace dos meses. 

"Dejé de comer a los 16 años por primera vez", dice. Le llevaron al endocrino, pero entonces la salud mental todavía no era una preocupación de primer grado y hasta se banalizaba.

"La última vez que toqué fondo fue hace tres semanas, la anterior hace dos meses", explica Sara, a la que le es difícil establecer el punto de partida de esa situación. Lo que sí tiene claro es que cuando le diagnosticaron depresión, sintió "que ya no podía más".

Hacerse daño

Desde entonces, comenta, "cada bajón emocional es peor". "Pides ayuda porque no quieres volver a caer", sostiene. A partir de ahí hizo autodescubrimientos: "Me di cuenta de que yo tenía una adicción a hacerme daño hace pocos meses", recuerda, haciendo alusión a las razones de su desnutrición.

Sara explica cómo son los sentimientos que pueden llevara una persona, en un momento determinado, a querer lesionarse. "Tú te vas a levantar peor de lo que te has acostado, no vas a querer enfrentarte al día a día. Entonces piensas que esto se puede acabar, es más fácil. Te sientes mal, sientes tal inapetencia por las cosas que piensas que no quieres vivir, que vivir te produce una pesadez, un sopor", detalla.

Me di cuenta de que yo tenía una adicción a hacerme daño hace pocos meses, cuando entendí que la forma de desnutrirme era un sentimiento al cual estaba adicta por hacerme daño, porque me merecía eso.

"Como creo que soy un muñeco roto, pienso, ¿de verdad vas a seguir reparándome, cuando a lo mejor es tan fácil como apagar y pasamos a otro?", cuenta.

Aprendizajes

Sin embargo, durante este largo camino, Sara ha notado que no es la única en su situación: "He aprendido que mi mismo sentimiento lo tiene exactamente otra persona al lado". Y es una percepción bastante apegada a la realidad, puesto que, según la OMS, una de cada cuatro personas sufre o va a sufrir enfermedades mentales a lo largo de su vida.

"Una enfermedad mental es algo recurrente, pero una vez que se diagnostica, faltan médicos", se queja para visibilizar las carencias que tiene el sistema público de salud para tratar los trastornos psicológicos.

Además, opina que el marketing y ciertos mensajes que actualmente están de moda están haciendo mucho daño. Así, "el quiero y no puedo está en desacuerdo con el típico querer es poder, si lo intentas lo consigues", apostilla a modo de ejemplo.

En su caso, lo importante ha sido aprender a conocerse a sí misma. "Dudar de mi propio criterio es la base para cuidar mi salud mental", afirma Sara, quien recalca que el primer paso es pedir ayuda "para luchar contra el estereotipo" y, en segunda instancia, combatir las ideas de una persona con trastorno obsesivo.

"Hay que pedir ayuda profesional y no meterse en 20.000 páginas de Internet", resume, porque "se puede salir de una enfermedad mental de mil maneras, veo gente que lo consigue, pero se consigue desde la humildad".

Para conocer cada detalle de la historia de Sara, les invitamos a ver la entrevista completa.

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