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Colombia: La lucha por la paz

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No es fácil la paz: requiere concesiones, una enorme inversión en generosidad y perdón, acelerar la lenta mitigación de los rencores. En Colombia, tras décadas de conflicto, se llegó a un acuerdo de paz entre el Estado y las FARC que el nuevo Gobierno del derechista Iván Duque trata ahora de sortear, concediendo así una interesada prórroga a la violencia. En su día las armas cedieron paso a las palabras; pero por lo visto las palabras, y aún menos la palabra dada, no merecen ya especial respeto.
Colombia: La lucha por la paz

En 2016, se suponía que un acuerdo de paz entre el Gobierno colombiano y los rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) pondría fin a una guerra que duró más de medio siglo. Pero la paz hoy sigue siendo difícil, en momentos en que el mandato de derecha de Iván Duque es acusado de negarse a cumplir el acuerdo.

"El panorama es crítico", resume Victoria Sandino, exmiembro de las FARC que hoy funge como senadora en el país sudamericano en el recién creado partido político bajo el mismo acrónimo, la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, derivado del pacto.

"Digamos que el acuerdo tiene una crisis de implementación precisamente porque este Gobierno no quiere cumplir la palabra empeñada del Estado colombiano. Este es un acuerdo que hicimos con el Estado colombiano, y en esa medida, independientemente del Gobierno que tuviera, están obligados a cumplir", aseveró, según recoge un nuevo documental de Redfish.

Tras la elección de Duque en 2018, las conversaciones de paz con otra guerrilla contemporánea a las FARC, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), se han visto interrumpidas, y la retirada de las FARC ha llevado a una crisis en ciertas áreas rurales, a las que se han desplazado paramilitares y otros grupos armados que ahora luchan por controlar el territorio.

'Falsos positivos'

Según el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia, el conflicto se llevó las vidas de al menos 220.000 personas entre 1958 y el 2013, la mayoría de ellos civiles.

"Él murió en combate", es la frase que escuchó Carmenza Gómez cuando fue a recoger el cuerpo de su hijo Víctor Fernando, que no era ni guerrillero ni soldado. "Me quitaron un pedazo —o toda— mi vida", expresó la madre, que también perdió otro de sus hijos asesinado por investigar la muerte de su hermano.

El crimen de Víctor Fernando es uno de los denominados 'falsos positivos', perpetrados por soldados a los que ofrecieron recompensas a cambio de entregar cadáveres de combatientes de las FARC. Según organizaciones de DD.HH., fueron unos 3.000 los jóvenes asesinados de esta forma en Colombia entre el 2002 y el 2008.

Los asesinatos continúan

Pero en la nación los homicidios continúan. Alrededor de 600 activistas sociales y defensores de los derechos humanos, así como más de 130 exguerrilleros de las FARC, han sido asesinados desde que se firmó el acuerdo de paz en el 2016. En la mayoría de los casos, los asesinos siguen en libertad.

En la masacre del Naya, ocurrida en el departamento del Cauca en 2001, unas 120 personas murieron a manos de un grupo paramilitar de derecha, ayudado por el Ejército colombiano.

"Mataron niños, jóvenes y ancianos. Hay niños a quienes les mataron sus padres de frente de ellos. Hay a quienes degollaron. Hay a quienes torturaron", recuenta Fernelly Acosta, coordinador de la comunidad Kite Kiwe cuyo hermano fue uno de los 125 líderes asesinados en el Cauca entre 2016 y 2018. "Hasta ahora se sigue pidiendo la verdad", acotó.

RT