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El monje inmortal y otros misterios del budismo en Rusia

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La República de Buriatia se extiende a lo largo de la orilla oriental del majestuoso lago Baikal y es una de las pocas regiones rusas donde el cristianismo convive con la fe budista. En esta edición Erick visita varios monasterios budistas y pintorescos pueblos y participa en la celebración del 'Sagaalgan', la fiesta de Año Nuevo según el calendario lunar. En el camino se entera del misterio del monje inmortal, sus pecados arden en una enorme fogata y asiste a un banquete de lo más inusual.

Buriatia es la región más soleada de Rusia, donde el sol brilla más de 300 días al año, una región donde bajo tierra fluyen aguas termales y donde la nieve y los glaciares no se derriten hasta el verano. Se trata también de una de las pocas repúblicas de Rusia donde la gente profesa el budismo y honra sus antiguas tradiciones.

Anualmente, en esa región se celebra el Sagaalgan, también conocida como la fiesta del Mes Blanco, que en realidad es la celebración del Año Nuevo según el calendario lunar, una fecha muy importante para todos los budistas. Esa fiesta cada año se celebra en diferentes fechas: entre finales de enero y mediados de marzo.

Las enseñanzas de Buda llegaron a Buriatia desde el vecino país de Mongolia. De allí procedían los ancestros de los actuales buriatos y de los cuales adoptaron muchas de sus costumbres. Para los lugareños, la llegada del Mes Blanco representa perdonar "toda ofensa" y dejar que "cese toda enemistad".

Desechando todo lo viejo

Unos días antes del Año Nuevo en los hogares de Buriatia se acostumbra a desprenderse de todo lo viejo y caduco: ya sea de bienes materiales o de malos hábitos. Las mujeres cuelgan toda la ropa que encuentran en casa, la examinan detalladamente y tiran la que ya no sirve: hay que hacer hueco para una energía vital fresca y nueva.

Según una antigua costumbre, en el primer día del Mes Blanco hay que salir de casa al amanecer. Se cree que el Año Nuevo llega cuando se pueden distinguir los cinco dedos de la mano en la niebla matutina. Cuentan que en la madrugada la diosa Lhamo baja a la Tierra y cuenta a todas las personas a las que protegerá durante el próximo año, pero podría pasar por alto a quienes siguen durmiendo. En casa se encienden lamparillas y se quema incienso, mientras que los creyentes decoran los altares y rezan a la diosa pidiendo su ayuda y protección para todo el año.