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En la frontera de Paraguay, donde la palabra vale más que los papeles: "Perder la mercadería te puede costar la vida"

Publicado: 8 mar 2019 12:32 GMT | Última actualización: 8 mar 2019 16:02 GMT

Aunque en la mayoría del mundo resultaría extraño, en Ciudad del Este el contrabando todavía se entiende como algo completamente natural. Esta localidad paraguaya en la Triple Frontera es un verdadero mercado negro al aire libre, donde el contrabando es parte de la cultura, una forma de vida, y continúa siendo la única fuente de ingresos para muchos habitantes que asumen el riesgo de pasar productos ilegales al otro lado de la frontera.

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En Paraguay se encuentra Ciudad del Este, una localidad fronteriza en la que puede comprarse prácticamente de todo, incluso drogas o armas de fuego. Muchos la llaman la capital del mercado negro y la piratería, aunque quiere dejar atrás su mala fama de caos y contrabando.

La cultura del contrabando está completamente arraigada en una sociedad que considera la actividad de 'pasero' como un trabajo normal. Un 'pasero' es la persona que se decida a introducir mercancía ilegal de contrabando desde alguno de los países con los que hace frontera, principalmente desde Brasil.

'Pasero': un trabajo totalmente normalizado

La de 'pasero' sigue entendida como una profesión autóctona de esta urbe, un legado que en ocasiones se trasmite de generación en generación. Sin embargo, se nota un cambio de tendencia, ya que antes los trabajadores de Ciudad del Este hablaban impunemente del tráfico ilegal como algo natural, pero ahora se cuidan.

"Para el que no sabe qué es un 'pasero', tuvo una vida de relax, porque el que trabaja de contrabando sí se gana plata", comenta Raúl, que ahora es comerciante de un puesto de indumentaria, pero que reivindica el contrabando de mercadería o de alimentos como un trabajo, algo cultural que se da en esta ciudad: "Desde los 13 años hasta los 20 he sido contrabandista". Y añade: "no es nada ilegal, es trabajo: es eso o no comer".

Aumentan los controles, continúa el negocio

Últimamente los controles han aumentado y están en alerta con el contrabando, aunque éste sigue teniendo lugar. Los 'paseros' muchas veces no saben lo que pasa al otro lado de la frontera, prefieren hacer lo que el jefe les pide y callar. Ellos no se hacen millonarios y, en general, quienes contrabandean alimentos o ropa tampoco. Ejercen esta actividad porque no encuentran otro trabajo o porque es lo único que conocen.

Pero hay otra escala, la que mueve productos pesados, esos que mueven importantes sumas de dinero. El periodista Carlos Sánchez afirma que se mueve "mucha mercadería", como "armas, drogas, electrónica o cigarrillos", productos que normalmente no se consumen en esa ciudad.

Son varios los factores que contribuyen al arraigo del contrabando: la cercanía de Paraguay y Brasil por el río Paraná, el hecho de que los ciudadanos viven a orillas del río y conocen todos los movimientos de la zona, y la necesidad de trabajar de una población que no encuentra trabajos formales y para quienes el contrabando supone una salida.

Contrabando y las armas para custodiarlo

Sánchez también pone el foco en la inseguridad vinculada a esta práctica: "La mayoría [de los 'paseros'] están armados, porque deben de custodiar de alguna manera estas mercaderías que no son de ellos, entonces en la frontera la palabra vale más que los papeles". "Yo te puedo entregar mercancía por 100.000 o 200.000 dólares a que vos me lleves y me hagas pasar al otro lado. Eso no debe perderse, si llega a perderse te puede costar la vida", subraya este periodista la importancia de la palabra dada.

Una multitud en una calle de la paraguaya Ciudad del Este, en la frontera con Argentina y Brasil. 10 mayo 2012 / Jorge Adorno / Reuters

Pero no solo pasa mercancía ilegal sin control a través del río Paraná: también pasan personas. Nadie pide documentos, por lo que esta ruta es utilizada también por los prófugos de la Justicia. Tito, barquero, confirma que las barcazas van y vienen, también por la noche, momento que se utiliza para los tránsitos más delicados.

En esos viajes funcionan las palabras en clave. 'Ajo explosivo' se refiere a armas, mientras que 'blanca' se utiliza para llamar a la droga, casi siempre cocaína. Aunque Paraguay es el mayor productor de marihuana de Sudamérica, el traslado de esa droga por agua no es conveniente, dado su elevado peso y porque no hace ganar tanto dinero como el paso de electrónica o de cigarrillos. 

Proceso de trasformación

Dicen que Ciudad del Este se está transformando poco a poco. Lo cierto es que creció con el comercio que se establecía con la llegada de inmigrantes árabes, chinos e indios, principalmente, que hoy en día son dueños de los grandes lugares comerciales. Un crecimiento económico que se potenció gracias a su vecindad con Brasil y Argentina.

Pero aunque en la actualidad el caos continúa, antes era peor. Así lo refiere el periodista Nelson Zapata, que sostiene que la ciudad "tiene un estigma bastante feo" debido a que "era tierra de nadie manejada por gente corrupta en todas las instituciones". Y aunque reconoce que se la conoce por ser la "ciudad del tráfico, de gente corrupta, de la ilegalidad", opina que "la mayoría de la gente es la que trabaja todos los días, la que paga todos sus impuestos".

Los controles han comenzado y se han centrado en su mayoría en combatir la venta ilegal de armas. Así, un hombre acusado de venta ilegal, que reconoce el delito, dice que su causa es un chivo expiatorio para que las investigaciones no lleguen a personas de poder en el negocio. De hecho, tiene miedo de que lo maten: "si llegan a condenarme, y yo cuento la verdad de muchas cosas que no se saben, sí corro el riesgo". Está con prisión domiciliaria y confiesa que negociaba 20 armas al mes, si bien opina que "siendo que hay personas que negocian 100 al día", él es "uno de los más insignificantes". También cuenta cómo el negocio de armas se da porque hay alguien que cobra coima.

El barrio de San Rafael

Paradigmático de la situación de Ciudad del Este es el barrio de San Rafael. Tereza Fretes, periodista del diario Vanguardia, conoce bien cómo se desarrolla la actividad en la mayoría de los puestos clandestinos detrás de las casitas, que tienen acceso al río con escalinatas. "Es una práctica que ahora se está volviendo poco común, porque desde que la Policía Federal de Brasil instaló una base a orillas del río Paraná hay más control, entonces es más difícil para ellos cruzar, pero siguen haciéndolo de tanto en tanto", explica.

Esta actividad es la responsable de la inseguridad en la zona, porque es necesario cuidar con armas la mercancía. "Hubo operativos policiales que fueron repelidos por la gente" e incluso "hubo disparos de por medio", cuenta Fretes. Así, por precaución, el movimiento comienza por la noche, "la gente se inquieta cuando ve un vehículo extraño que no es del barrio", explica la periodista.

Las autoridades también muestran su preocupación por la situación, aunque reafirman su compromiso y trabajo para cambiarla. En este sentido, Augusto Lima, Secretario del Interior del Alto Paraná defiende la acción del Gobierno. "Estamos teniendo desde hace un tiempo una fama de que acá es contrabando, acá es ilegalidad, y el esfuerzo del Gobierno central a través de los organismos de control y de seguridad es constante y permanente, por lo menos para legalizar todo aquello y para tratar en lo posible de que no se produzcan por lo menos este tipo de situaciones", asegura.

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