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La Bestia y sus ángeles: El periplo de los migrantes en busca del sueño americano

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Antes de llegar a la 'tierra prometida' de EE.UU., los migrantes latinoamericanos deben cruzar todo México, un país en el que les acechan innumerables peligros. Hasta el tren que los lleva hacia el norte tiene un nombre amenazador, 'La Bestia', y no sin razón: muchas son ya las vidas que se ha cobrado, sin que por ello los migrantes dejen de prepararse para subir en él en cuanto lo ven aparecer. Pero hasta en ese viaje que puede calificarse de infernal, hay ángeles dispuestos a velar por ellos.

Todos los días, hombres, mujeres y familias enteras centroamericanas continúan huyendo de sus países y cruzan hacia México con la esperanza de llegar finalmente a EE.UU., durante la travesía soportan innumerables suplicios y carencias.

Mientras tanto, Washington responde a este problema presionando a su vecino del sur —la única vía de acceso al suelo estadounidense para los inmigrantes— para que este refuerce su frontera sur. Sin embargo, los programas actuales implementados por el Gobierno mexicano enfocados en impedir y dificultar el paso de los migrantes han fracasado por su poca planificación.

Según denuncian organizaciones sociales y de derechos humanos, se trata de medidas poco efectivas que han obligado a los migrantes a arriesgar sus vidas por carreteras, caminos poco transitados, montañas y selvas que pueden dejarlos a merced de los traficantes de personas.

Esperando a 'La Bestia'

Una de las vías de ingreso a México es cruzando el río desde la localidad guatemalteca de El Ceibo hasta llegar a Tenosique, del lado mexicano. Allí, los migrantes paran en el albergue llamado la 72, donde se les brinda techo, comida, atención médica y acompañamiento. Pueden permanecer el tiempo que sea necesario y no se les cobra ni un solo peso, pero saben que deben recobrar fuerzas porque después se enfrentarán quizá al momento más complicado de su travesía.

Durante su estadía, esperan todos los días a que pase un tren de carga que los llevará al norte y al que llaman 'La Bestia'. El paso de la formación no tiene horarios fijos, por lo cual los migrantes deben estar siempre atentos a la señal de vigilantes designados para observar desde la azotea.

"Puede ser que esté la hora de la comida y si a medio día se escucha el silbato del tren, la gente deja el plato de comida. Solo llevan una mochila para andar libres, y los niños y las mujeres corren y se montan en el tren", detalla Gabriel Alfredo Romero, sacerdote franciscano que colabora con el albergue.

Peligro mortal a bordo

Pero una vez arriba de la formación, viajando entre los vagones o prendidos de las escaleras laterales, el peligro apenas comienza. Ya que, el mero hecho de quedarse dormido —algo bastante probable en medio del cansancio— puede provocar una caída con resultado fatal.

"La Bestia sigue funcionado hoy en día, se suben quizá los que no tiene dinero, los que quieren aventurarse, los que vienen por primera vez, quizá los que quieren arriesgarse", señala el periodista Juan Manuel Ramírez Osorio. Y continúa: "Ha habido muchos casos de los que se caen, los que son amputados, los que pierden un brazo, en fin otros mueren. La Bestia sigue siendo ese luengo mítico que alguna vez se escribió de los que dicen 'yo me fui por la Bestia'".

'Ángeles de La Bestia'

Una de las paradas del tren es en Amatlán de los Reyes, Veracruz, donde un grupo de mujeres conocido como Las Patronas opera un albergue y prepara comida para pasárselos a las manos de los migrantes hambrientos a bordo de la formación en movimiento.

El orgullo de estas mujeres —que se han convertido en los 'Ángeles de La Bestia'— es enorme, porque ellas dicen representar a cada una de las madres que han visto a sus hijos partir en busca del anhelado 'sueño americano'.

Mientras tanto, lo cierto es que el cruce de migrantes sigue siendo un gran problema, y aunque en México y EE.UU. lo traten de minimizar, es parte de la realidad que se vive a diario en la frontera Sur de México.

RT