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Entre la incertidumbre, el dolor y las secuelas: la España postcoronavirus

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España es uno de los países más azotados por el coronavirus, y es que decenas de miles de personas perdieron la vida durante la pandemia. Ahora, tras dos meses de confinamiento, el país ibérico vuelve paulatinamente a la normalidad, pero queda por ver si el plan de desescalada del Gobierno español, muy criticado por sus detractores, permitirá regresar de forma segura a la rutina de antaño o si las mascarillas y el distanciamiento social serán una imagen común en las calles durante mucho tiempo.

España comienza a dejar atrás la crisis sanitaria provocada por la epidemia de coronavirus, pero aún es difícil medir cuál será el alcance de las secuelas sociales de esta pandemia, saber cómo afrontarán miles de familias la muerte de sus seres queridos, a menudo en la distancia impuesta por el confinamiento; qué nuevos temores e incertidumbres se han instalado en uno de los países más afectados; o qué futuro les aguarda a los millones de españoles que han perdido su trabajo.

La normalidad vuelve poco a poco al país a medida que el confinamiento se va convirtiendo de forma paulatina en un asunto del pasado. De momento a España aún le quedan nueve días de estado de alarma, pero las calles ya han vuelto a recobrar parte de su movimiento, mientras que en las conversaciones en las terrazas de los bares ya no solo se habla del coronavirus: "Es muy liberador. Muy bien poder estar con mis amigos, disfrutar el tiempo, el pasear libremente", sostiene una transeúnte en las calles de Madrid.

Sin embargo, las mascarillas se han convertido en un recuerdo constante de la situación vivida y ha invadido todos los espacios públicos para recordar que la lucha contra la pandemia continúa: "Hay que tener mucho cuidado todavía, además en octubre dicen que volverá otra vez", afirma otro transeúnte.

España es el segundo país del mundo con más muertos con coronavirus por millón de habitantes, así como el que ha tenido más médicos infectados. Además, pese al mantra repetido por el gobierno de Pedro Sánchez de 'nadie se va a quedar atrás', Bruselas calcula que el PIB se desplome este 2020 un 9 %, casi el doble que en 2008.

Fallecer en soledad y sin despedida

El mayor drama lo han vivido las familias que han perdido a uno de sus miembros: "De repente lo tienen que entubar, ahí perdemos conexión porque hasta entonces estaba con el móvil y en tres o cuatro días sucedió el fatal desenlace, que por lo rápido que fue y lo sorpresivo, a todos nos descolocó bastante", cuenta Lorenzo Sanz sobre el final inesperado de su padre, quien fuera presidente del Real Madrid, a manos del nuevo virus.

Porque además del adiós definitivo, se lamenta también que haya sido en la distancia, sin poder despedirlo ni acompañarlo: "No haces nada, no puedes ir al hospital, al cementerio donde lo llevan. Como que te falta algo de hacer, una misa, juntarse los hermanos, llorar, abrazarnos, soltarnos", dice Sanz.

En las semanas de mayor sufrimiento de la crisis sanitaria, en los medios se multiplicaban las imágenes de esperanza, de ánimo, de solidaridad, como el reconocimiento a los sanitarios todos los días a las 8 de la tarde o los mensajes positivos en las ventanas de las casas confinadas.

Sin embargo, hay quienes piensan que no se ha enseñado la verdadera dimensión de esta crisis, la angustia de los médicos viendo como todos los días morían decenas de personas, el colapso de los cementerios o el sufrimiento de los familiares en las residencias de ancianos.

El psiquiatra José Manuel Gaona defiende que "vivimos, sobre todo en occidente, en una sociedad profundamente hedonista, que huye del dolor, del malestar, pero el dolor está ahí, no podemos evitarlo, ni debemos evitarlo. Porque en lo único que nos convertimos es en una sociedad totalmente infantilizada, fácilmente manipulable".

El verdadero punto negro: las residencias de ancianos

Durante estos tres meses, desde que la pandemia estalló, uno de los puntos más negros se ha localizado en las residencias de ancianos, donde han tenido lugar miles de muertes de mayores que se han ido sin poderse despedir de los suyos. Así, los geriátricos han sido el lugar donde se han sentido más desamparados por el Gobierno.

El director de la residencia 'Las Camelias', Miguel Jiménez cuenta que lo ha pasado "muy mal": "¿Cuántos han fallecido? Hubo una semana que veinte, una semana espantosa". El 18 de marzo cuando vio que se asomaba el desastre, Jiménez decidió quedarse a vivir en ese centro durante casi dos meses. Allí se pertrechó con su equipo médico, pero la reacción llegó tarde, en ese centro de Madrid fallecieron más de 70 personas: "Estamos todos enfurecidos, nos han abandonado totalmente. Para el gobierno no hemos existido las residencias de la tercera edad", explica.

Aunque las cifras todavía son confusas, se calcula que dos de cada tres personas fallecidas en España con coronavirus han muerto en una residencia de mayores. Esta crisis ha dejado en evidencia que los centros de la tercera edad no funcionan en situaciones críticas: algunas de las residencias no estaban medicalizadas, otras han visto vetada la derivación a hospitales de sus residentes en el pico de la pandemia.

En este contexto muchas miradas se han vuelto hacia la gestión de las propias residencias y se critica que todo el peso de la pandemia haya recaído sobre los trabajadores: "Hay muchas residencias donde los trabajadores no tienen hechos los tests, y el virus no está controlado", señala Juani Peñafiel, responsable de residencias de CC.OO. Sanidad Madrid.