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Deportistas trans: cuestión de identidad y respeto

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Para la mayoría de atletas de élite el deporte es una pasión que les acompaña desde la infancia. Pero para los deportistas transgénero, es aún más que eso: es un escudo que les protege de la incomprensión, y también lo que les permite recabar ese respeto que echan en falta cuando de su identidad sexual se trata. Pero su participación en competiciones está abierta a debate, y no todos se pronuncian en su favor, por ejemplo: ¿tiene ventaja una mujer trans al participar en categorías femeninas?

La lucha de las personas trans tiene un capítulo muy especial en el mundo del deporte en México.

En la capital, Ciudad de México, se encuentra la sede del Comité Olímpico del país, un lugar reservado para los deportistas de élite. Entre los nombres registrados en el mural de honor que alberga el edificio de los deportistas que han participado en unos Juegos Olímpicos representando a México se encuentra el de Mónica del Real.

Mónica del Real fue una taekwondista de éxito a la que le cambió la vida por completo. Ahora su nombre es Ricardo del Real. Oriundo de Aguascalientes, desde pequeño se sintió "diferente". "Yo cuando sea grande quiero ser como mi papá", pensaba cuando era una niña.

Tras ver la película de los años 80 'Karate Kids', a los 9 años, comenzó su inclinación por el deporte, siempre bajo un paraguas que le marcaba: era una chica que no se sentía una chica. "Yo siempre me sentí diferente, me ilusionaba que yo cuando creciera pensé que quería verme como mi papa o mis tíos, tener barba, bigote… pero llega la adolescencia y es un choque importante, porque empiezas a desarrollarte y no te desarrollas con el cuerpo que te identificas", explica Ricardo.

"Estoy muy orgulloso de mi pasado porque sin todo lo que he vivido, no sería el hombre que soy"

En esa situación, su aliciente fue el taekwondo y a los 15 años ingresa en el combinado nacional y se traslada a Ciudad de México, para representar a su país durante 10 años continuos: "Mónica del Real siempre dando la cara y Ricardo siempre empujando. Una dualidad muy mía, muy personal", apunta.

Ricardo no quiere borrar a Mónica, sino que su nombre en la pared le parece una manera de honrarla. "Estoy muy orgulloso de mi pasado porque sin todo lo que he vivido, no sería el hombre que soy. Y veo el nombre y a mí no me interesa cambiarlo, ahí es lo que hizo Mónica y de ahora en adelante, es Ricardo", sostiene reivindicando su pasado y su presente.

Ricardo relata que durante mucho tiempo no pensó en transicionar porque entonces no había información, había oído de casos de mujeres trans, pero no de hombres. Supo que era posible después de los Juegos Olímpicos de Sidney, tras su retirada. Cuando tomó su decisión no contemplaba dar un solo paso atrás. "Ya hice mi duelo y me despedí de Mónica físicamente, aunque sentimentalmente sigue aquí", cuenta.

Pasión por el motor

Ana Sofía Villaseñor es una pionera. Se trata de la primera mujer trans de América en ser piloto de carreras a nivel profesional, lo que representa todo un "orgullo" para ella. Se interesó en este deporte prácticamente desde su nacimiento, influenciada porque su padre era piloto de carreras.

"Por un lado, mi expresión sexual y de género, cómo me identifico dentro de la sociedad y de la cultura. Y por otro lado, mi mayor pasión: el automovilismo"

"A los 6 años me compraron un kart chiquitito, tienen motores de podadora, son casi de juguete, pero para un niño de 6 años es lo máximo", recuerda sobre un regalo que había esperado durante meses. Un día que se le quedó grabado.

Sobre la conciencia de su identidad de género no tiene una fecha concreta en la memoria, aunque durante toda su vida ha sentido que era una mujer. De manera que ambas realidades han formado parte fundamental sobre quién es: "Por un lado, mi expresión sexual y de género, cómo me identifico dentro de la sociedad y de la cultura. Y por otro lado, mi mayor pasión: el automovilismo como deporte y las máquinas en general", dice Ana, que también es ingeniera mecánica eléctrica.

El automovilismo no es un deporte con categorías por géneros, y Ana se encuentra respetada y aceptada por sus rivales, pero sí encuentra problemas a la hora de encontrar patrocinadores. Ha contactado con más de 300 empresas sin obtener resultado, algo que no le pasa a sus compañeros masculinos. "No me han dicho abiertamente 'no te patrocino por ser una persona trans', pero hay sospechas, ¿no? Conectas los puntos", sostiene.

El fútbol como escudo

Miranda jugó como futbolista en el Estadio Olímpico Universitario. Entonces lo hacía como Jorge. "Mi amor por el fútbol empezó precisamente por mi transexualidad. ¿Qué fue primero? Es difícil decir…", se pregunta Miranda, que recuerda que "era una niña en el cuerpo de un niño" y que sus compañeros le veían "afeminada".

"No es lo mismo meterse con el compañerito 'mariconcito' que con el compañerito 'mariconcito' que es el mejor jugador de la escuela"

Así que el fútbol le sirvió como escudo, porque "no es lo mismo meterse con el compañerito 'mariconcito' que con el compañerito 'mariconcito' que es el mejor jugador de la escuela", relata sobre cómo el deporte le sirvió de "mecanismo de defensa". "El fútbol me hizo sobrevivir a una sociedad machista con agresiones totales", dice.

Cuando una lesión le apartó del fútbol profesional decidió que era el momento de transicionar. Como no podía ser de otra manera, Miranda siguió ligada al mundo del fútbol. Ha sido entrenadora y jugadora de equipos femeninos, pese a que tuvo que enfrentar discriminación.

Lucha libre 

Uno de los deporte más populares en México también cuenta con personas trans que se han ido abriendo camino. Wendy Rodríguez lucha convertida en Miss Gaviota. Cuando no está subida al ring, Wendy regenta su propia peluquería.

Lleva más de tres décadas dedicándose a la lucha libre y se siente la pionera de las chicas trans en este deporte. El inicio fue "muy difícil", pero al final, añade, todo se reduce al respeto. "Soy una chica trans, trátame como tal. ¿Qué estás viendo aquí? ¿Una mujer o un hombre? ¡Una dama! ¡Pues entonces trátame como tal! Nada más pido eso. Yo siempre digo: no pido que me aceptes, solo que me respetes", afirma Wendy.

También en EE.UU.

Janae Marie Kroc, referente mundial en el ámbito del culturismo y el levantamiento de pesas, regenta un gimnasio en Detroit, EE.UU. El deporte siempre ha sido parte de su vida: "Empecé jugando al fútbol, el béisbol siempre me gustó y ya de adolescente competía en béisbol en verano, fútbol americano en otoño y lucha en invierno", detalla.

Desde los 5 o 6 años ya sabía que era trans, no sabía que había más gente que se sentía como él, pero "siempre soñaba que era una chica". Sin embargo, en un pueblo pequeño, decidió no contárselo a nadie.

Su implicación con el deporte le llevó a ostentar el récord del mundo en levantamiento de peso y después ingresó en el cuerpo de Marines, donde se llegó a ocupar de la seguridad del presidente Bill Clinton. "Quería enfrentarme a nuevos retos físicos y psicológicos. Los Marines siempre han tenido la reputación de ser los mejores, los más duros, y yo quería formar parte de eso", habla sobre su pasado militar.

Sostiene que lo "más sorprendente" es que en aquel entonces, cuando se llamaba Matt, era considerado por sus compañeros como "el más macho alfa de todos". "Cuando salí como trans, en el mundo del levantamiento de pesas yo era considerado el más loco, el más intenso y el más duro. Por eso fue impactante. Muchos de mis amigos creían que se trataba de una broma", rememora.

Sin embargo, a pesar de su lucha para ser considerada una mujer, en el deporte asegura que quiere competir en la categoría masculina. "No quiero competir como mujer, porque sé las consecuencias y las reacciones negativas que eso tendría".

La inclusión de las mujeres trans, ¿un obstáculo para el resto de mujeres?

En Washington la abogada y activista Kara Dansky, que se define como 'feminista radical', mantiene que la inclusión de atletas trans perjudica gravemente a las niñas y mujeres deportistas: "Es horrible para las mujeres y las niñas; es lo mismo que darle más derechos a un hombre para ocupar espacios que deberían ser solo femeninos", defiende.

Dansky argumenta que "si un niño compite en un equipo femenino basándose en su identidad de género femenina, entonces habrá una niña menos en el equipo", y se pregunta: "¿Qué impediría que los equipos buscaran a más chicos, hasta que finalmente se acabe por completo con el deporte femenino?".

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