Guangbiao entregó la tarjeta a los periodistas en Nueva York, adonde viajó esta semana para negociar la compra del paquete de control de las acciones del diario estadounidense 'The New York Times'. Anteriormente había anunciado que había asegurado el apoyo de un inversionista en Hong Kong para poder pagar el monto de 1.000 millones de dólares por las acciones de la publicación que tanto le interesa.
Sin embargo, una vez en EE.UU., su encuentro con los accionistas no tuvo lugar: Guangbiao culpó de ello al alboroto causado por los medios de comunicación, que ridiculizaron su intento y al parecer enfadaron a su supuesto contacto. Ahora piensa reunirse con 'The Wall Street Journal', para averiguar si está en venta, explicó el magnate a la cadena china Sinovision ubicada en Nueva York. El hombre, que está entre las 400 personas más ricas de China, con una fortuna personal de 740 millones de dólares, según 'Forbes', puntualizó que tiene la firme intención de comprar un diario estadounidense.
También descartó que pueda tener dificultades manejando una industria mediática (su sector es el reciclaje). Comentó que la mayoría de los propietarios de las ediciones estadounidenses son judíos y aseguró que él tiene "un IQ [coeficiente intelectual] y un EQ [cociente de encefalización] igualmente competentes" que los de un judío. "Soy muy bueno para trabajar con los judíos", insistió.
Guangbiao se hizo famoso en China después del terremoto de 2008 en la provincia de Sichuan. Se presentó en la zona con grúas y camiones y se dedicó a rescatar a los sobrevivientes y entregar dinero a los que habían perdido sus hogares. Donó, además, 15 millones de dólares para la reconstrucción de la región. En 2010 se comprometió a donar su fortuna a la caridad tras su muerte. En enero de 2011, junto con otros 50 empresarios chinos, viajó a Taiwán y donó 17 millones de dólares a los pobres locales. En marzo del mismo año visitó también Japón, devastado por un tsunami: donó alimentos y dinero a los necesitados e incluso rescató a tres personas de entre los escombros. Sin embargo, sus actividades son a menudo criticadas por aquellos que ven en ellas solo los fines publicitarios.