El fin de semana pasado, después de que las autoridades mexicanas informaran de que el laboratorio austríaco responsable de los análisis había confirmado que los restos identificados del primero de los 43 estudiantes desaparecidos en septiembre en Iguala correspondían a Alexander, los vecinos, amigos y compañeros del joven acudieron a la vivienda de la familia, consistente en dos pequeñas habitaciones.
Mientras tanto, los familiares del joven asesinado han asegurado que ningún representante del Gobierno estatal ni federal se ha desplazado a esta pequeña comunidad de montaña, y la familia de Alexander no ha recibido ningún tipo de ayuda de las autoridades, ni siquiera una llamada de condolencia.
La familia del fallecido, por su parte, exige el castigo para el detenido alcalde de Iguala, acusado de trabajar para el cartel de Guerreros Unidos, y la renuncia del presidente Enrique Peña Nieto. "Que se haga justicia porque esto no se puede quedar así. Mi hermano no era un animal como lo mataron. Era un niño inocente que no sabía nada de la vida, no era un drogadicto", reclama la hermana del joven, Edith.