La doble cara de la tolerancia religiosa en Europa

En algunos países de Europa la tolerancia religiosa tiene doble cara. Las amplias posibilidades existentes para desarrollar la actividad clerical permiten, asimismo, a los extremistas el promulgar sus ideas.

En algunos países de Europa la tolerancia religiosa tiene doble cara. Las amplias posibilidades existentes para desarrollar la actividad clerical permiten, asimismo, a los extremistas el promulgar sus ideas.

A los 19 años de edad el belga Redouane Ahrouch tomó una de las decisiones más importantes de su vida. Atraído por la sabiduría del Corán se convirtió al islam. Ahora observa con mucha preocupación los múltiples intentos de tergiversar el sentido de su religión.

“Hay imanes realmente extremistas operando en Europa. Y el problema es que la gente que no habla árabe, y no entiende la filosofía islámica, acaba en las manos de estos clérigos musulmanes provenientes de Arabia Saudí o Egipto”, dice Ahrouch.

El peligro consiguiente ya es palpable. Y aún más entre los inmigrantes que no siempre encuentran su lugar en la sociedad. En una reciente redada policial en varios países de la UE fueron arrestados 26 ciudadanos de Bélgica, Holanda y Marruecos. En su mayoría, están acusados de reclutamiento de los así llamados "yihadistas" y de preparación de atentados. Uno de los centros de su actividad clandestina se encontraba en Bruselas.

Según la acusación, los extremistas planeaban ataques en la ciudad que alberga a las principales instituciones de la Unión Europea. Nadie se asombra. Los capitalinos belgas están acostumbrados a vivir entre dos mundos diferentes, el de la Bruselas nativa y el de los inmigrantes poco integrados con los valores del Viejo Continente.

Durante varios años Bélgica recibió con los brazos abiertos a los inmigrantes, independientemente de su lugar de origen, y es uno de los países de Europa más tolerantes en cuanto a las prácticas religiosas. Actualmente, en Bruselas hay barrios enteros poblados exclusivamente por personas provenientes de naciones musulmanas. En esas zonas los clérigos extremistas suelen encontrar a sus seguidores.

“Dirán que usted no es un buen musulmán por no rezar cinco veces al día. Por tomar alcohol. Por permitir a su esposa no llevar velo. Y por no ayudar sus hermanos en Chechenia, Palestina, Irak, etc. Todo comienza en las familias, los barrios, las calles y las mezquitas”, dice Claude Moniquet, presidente del Centro Europeo de Inteligencia Estratégica y Seguridad en Bruselas.

Poco adaptados a la vida en la sociedad del Viejo Continente, los recién llegados caen en las redes de los falsos profetas, algo que puede suceder en cualquier confesión.

“Es posible hallar extremistas en todos los grupos sociales. Por eso, no se puede afirmar que estas ideas provienen exclusivamente de la comunidad islámica”, considera Andre Vandoren, jefe de la Unidad de Análisis de Amenazas.

Mientras tanto, la Policía belga se ve obligada a investigar la actividad de los grupos radicales. Por su parte, los musulmanes en el país temen que los extremistas perjudiquen al ambiente de tolerancia religiosa que reina.