"En los días calurosos de verano las temperaturas dentro de la cabina del tren pueden llegar a los 35 grados Celsius y nos gustaría llevar pantalones cortos pero, como no podemos hacerlo, tenemos faldas como una alternativa cómoda. Los pasajeros se nos quedan mirando, pero hasta ahora nadie ha dicho nada, al menos no a mí. Y no me importa ya que se trata de una cuestión de comodidad", explica uno de los maquinistas, Martin Akersten.
La compañía, por su parte, no tuvo otro remedio que dar luz verde a las faldas. "Nuestra lógica es que uno debe verse decente y adecuado al representar a Arriva, y los actuales uniformes consiguen este objetivo. Si el hombre quiere vestir una falda, no tenemos ningún problema. Decirles que hicieran otra cosa sería discriminación", comenta Tomas Hedenius, director de comunicación de Arriva.