Pasado un año, Gaza sigue pagando un precio muy alto: el nivel de destrucción y muerte continúan constituyendo una herida abierta en la población de Gaza. Miles de personas que perdieron su techo permanecen desplazadas porque la reconstrucción de sus viviendas todavía no ha comenzado.
La situación sigue siendo trágica: el 80% de la población depende de la ayuda humanitaria internacional. La economía del territorio vive en una constante depresión. El portavoz de Rumbo a Gaza, Manuel Espinar, arroja nueva luz sobre esta situación.