En ese momento, Clijsters, la jugadora apelada, no dudó en acercarse al aficionado para invitarle a jugar. Dado que las normas del torneo estipulan que todos los jugadores deben vestir de blanco, Clijsters se ofreció a ponerle una falda. Chris Quinn, el aficionado irlandés, aceptó el reto y, tras realizar unos golpes desafortunados, se tomó una foto con las deportistas y se retiró entre risas.

