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Nuevos testimonios: cómo guardias mataron a un discapacitado mental en EE.UU.

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"!Mamá!", gritaba Ethan Saylor, un joven de 26 años con el síndrome de Down mientras los guardias de un cine en Frederick, estado de Maryland, EE.UU., le echaban fuera de la sala, según los testimonios hechos públicos durante los últimos días.
El 12 de enero de 2013, Patti Saylor, la madre de Ethan, recibió una llamada de la asistente de su hijo, que le había acompañado al cine para que viera 'Zero Dark Thirty’, la cinta basada en la operación militar en la que murió Osama Bin Laden. Le dijo que Ethan no quería marcharse del cine pese a que la película ya había terminado y ella ya no sabía qué hacer. Cuando Patti estaba ya a unos cinco minutos del cine, llamó a la asistente y supo que su hijo estaba incosnciente, no respiraba e iban a trasladarlo a un hospital. Poco después, el joven murió. A los guardias no les presentaron cargos criminales.

"Tengo que detenerme. Tengo que pensar que ya no tiene miedo. Se acabó. Ya no lo está sufriendo", comenta Patti medio año después, en una entrevista para el diario 'The Washington Post'.

Según el conjunto de los testimonios publicados la semana pasada, cuando el filme se acabó Ethan salió con todo el mundo, pero poco después volvió a entrar para intentar verlo por segunda vez. Un empleado del cine le dijo que tenía que comprar la entrada otra vez, el joven respondió que no tenía más dinero y salió, pero volvió de nuevo. La asistente de Ethan pidió esperar y que tuvieran un poco de paciencia, pero los empleados del cine optaron por llamar a los guardias del vecino centro comercial para que acudieran y resolvieran la situación.

Apenas llegaron los guardias, la asistente volvió a pedir un poco de paciencia y advirtió, además, que no se podía tocar a Ethan, porque  podía reaccionar mal. Los guardias –que eran tres- le dijeron varias veces al joven que saliera, pero cuando no funcionó, le sacaron de la butaca por la fuerza. Cuando uno de los espectadores les preguntó por qué no le dejaban en paz para que viera la película, le contestaron: "Porque el jefe le quiere fuera". El joven, que pesaba 133 kilogramos, se resistía, entre gritos, a ser expulsado.  

Los guardias intentaron colocarle contra la pared para esposarlo, pero no pudieron. Sin embargo, mientras caminaban por la rampa, Ethan perdió el equilibrio y los guardias aprovecharon el momento para tirarlo al suelo y cayeron también encima de él. Lograron ponerle tres pares de esposas, unidas entre sí para ajustarse a su tamaño. "¡Me hacen daño, llamen a mi mamá!", gritaba el joven, según los testigos. Pero cuando los guardias se pusieron de pie, ya no hubo gritos, solo silencio. Ethan había perdido la consciencia y poco después sufrió un paro cardíaco.

La justicia estadounidense dictó en marzo que la muerte de Ethan fue "un homicidio por asfixia", pero que los guardias "no hicieron nada incorrecto". Según los informes forenses, el síndrome de Down, el sobrepeso y los problemas del corazón hicieron al joven muy "susceptible de sufrir una muerte súbita" en caso de obstruirse su respiración.
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