Malak Saloun, una joven siria que
emigró a Argentina para casarse, dice que los enfrentamientos en Siria la obligaron a traer al país a su hermana y a su madre enferma del riñón. Recuerda el día que “
atacaron el hospital donde su madre estaba internada para dializarla” y los soldados “tuvieron que intervenir para salvar a los pacientes”.
El Club Sirio Libanés en Buenos Aires intenta ayudar a quienes cruzan el océano para escapar de los bombardeos. Sus integrantes denuncian que Siria es víctima de un
plan estratégico de Occidente. “Necesitan el
petróleo de Irán e invadirlo y la mejor manera que encontraron es
debilitando a Siria”, dice Yaudat Brahim, el presidente del club.
Los medios de comunicación modernos permiten a los
inmigrantes sirios dos cosas: ayudar a mantener la relación con sus familiares que quedaron en Siria y mantenerlos informados de los horrores de los que tuvieron que huir. Malak Saloun cuenta que todos los días visita la página web de su barrio natal para leer las noticias de allí y “me pongo a llorar al ver que está destruido todo”.
Pero algunos expertos consideran que los medios no solo informan. En el caso de muchos medios occidentales se trata de crear cierta imagen que sus gobiernos buscan para justificar sus fines. “Se busca satanizar al gobierno de
Bashar al Assad” para que la opinión pública acepte una posible intervención en Siria y se “termine con un régimen supuestamente despótico”, explica el analista político Maxi Sbarbi. El experto reconoce que si bien “Siria no es una democracia, el panorama que se presenta es
distorsionado”.
En espera de que el sangriento y muy complicado
conflicto en Siria se solucione de alguna manera, los
refugiados como Malak agradecen a dios haber llegado a un país tan “generoso” como
Argentina, pero tienen ganas de regresar a su tierra porque “la patria es la patria”.
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