Opinión

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Luis Gonzalo Segura

Ex teniente del Ejército de Tierra expulsado por denunciar corrupción, abusos y privilegios anacrónicos. Autor del ensayo El libro negro del Ejército español (octubre de 2017) y las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015) @luisgonzaloseg
En los últimos días se ha producido un cruce de declaraciones de alta tensión entre Turquía y Europa que, más allá del escándalo estacional, revelan un problema de gran profundidad, quizás insalvable, y continúan engrosando el cuaderno de bitácora del conflicto turcoeuropeo, un enfrentamiento milenario.
Resulta imposible saber si México superará esta crisis en algún momento, máxime cuando, en palabras de AMLO, "la vida pública estaba podrida en México", pero, ciertamente, solo con políticas sociales podrá conseguirlo.
Arengaba Salvador Allende en sus últimas palabras a los chilenos: "El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse". Cierto. Pero para ello, para que el pueblo se defienda, es imprescindible que el pueblo sepa, que el pueblo recuerde. Que recuerde cuándo, dónde, por qué y quiénes lo imposibilitaron todo. Las grandes alamedas todavía esperan.
Durante la cruel dictadura militar brasileña, entre 1964 y 1985, la empresa automovilística alemana colaboró con el régimen carioca entregando a aquellos de sus trabajadores identificados como sindicalistas y subversivos.
El anunciado despliegue de uniformados en la capital española parece más una movida para ocultar la negligente gestión del Gobierno madrileño.
La segunda ola de contagios era imposible de evitar, y quizás, tristemente, no sea el último aluvión de contagios, pero el comportamiento de la Comunidad de Madrid que dirige Isabel Díaz Ayuso ha sido abiertamente temerario y ha actuado con total desprecio por la salud de los ciudadanos.
La forma de operar se basaba en elaborar un informe policial para filtrar a los medios, los cuales, sin contrastar la información, lo publicaban otorgándole verosimilitud y, en ocasiones, hasta veracidad.
Los medios occidentales pueden contentarse afirmando que los guerrilleros paraguayos son asesinos sin escrúpulos dispuestos a sacrificar a sus propias hijas. Delincuentes malvados, malignos y execrables. Pero lo cierto es que son muertos de hambre en un país gobernado por el mismo partido político que implementó una de las dictaduras más crueles en América Latina y en el que cada día que pasa los pobres son más pobres y los ricos son más ricos.
Además de propiciar el intercambio de galletas, flores y juguetes, ambos países han firmado el tratado para facilitar un negocio que se alimenta del conflicto y sus víctimas.
Washington nunca renunciaría al uso de la fuerza militar para tumbar un Gobierno o sostenerlo si le interesa, pero si puede engañar a los ciudadanos para que le hagan el trabajo sucio, lo hará.
A medida que avanzaba la pandemia, fue seducido por las atractivas teorías conspirativas del negacionismo, llegando a negar la existencia del virus u oponiéndose a la vacuna, hasta el punto de apoyar la manifestación contra las mascarillas celebrada en Madrid el pasado 16 de agosto.
España no necesita gastar más de 4.000 millones de euros en armamento militar ni ampliar en 7.000 militares el número de efectivos de las Fuerzas Armadas. España necesita más gasto en sanidad pública, más enfermeras y, mientras dure la pandemia, más rastreadores.