Peng Xiuhua, una viuda de 101 años de la ciudad de Lianjiang en
China, tuvo un accidente después del cual no se levantó de la cama por dos semanas. Sus dos hijas, ambas de más de 70 años de edad, volvieron a la casa familiar para cuidar de su madre, pero al cabo de unos días no pudieron detectarle el pulso. Posteriormente su cuerpo se puso rígido y fue declarada muerta.
Las hijas lavaron y vistieron el cuerpo y estaban a punto de ponerlo en el ataúd, cuando de repente su madre se despertó. Al volver a la vida, la anciana decidió fijarse en el lado positivo del incidente y dijo que estaba orgullosa de que tanta gente hubiera acudido a su funeral.
“Soy una mujer afortunada”, dijo Xiuhua. “No solo pude ver a cuántas personas les importo, sino que también me desperté antes de que me llevaran al
crematorio”.
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