La princesa azteca Tecuichpo Ixcaxochitzin (1509-1550), primogénita de Moctezuma Xocoyotzin —el último gran gobernante de Tenochtitlán tras la invasión española al actual territorio mexicano, al mando del conquistador Hernán Cortés—, es uno de los personajes históricos indispensables para analizar el complejo proceso de colonización europea en América.
Tecuichpo Ixcaxochitzin, cuyo nombre en náhuatl se traduce como 'Hija del señor', 'Flor de algodón' o 'Flor blanca', fue bautizada por los conquistadores españoles como Isabel Moctezuma, en honor a la reina Isabel I de Castilla y a su padre. Su protagonismo en la historia mexicana se debe a que se le considera oficialmente como precursora de la emancipación de ese país.
La base para esta visión se desprende de su testamento, escrito en 1550, poco antes de su muerte, donde dejó plasmado lo que actualmente se considera como "el primer acto de emancipación de la esclavitud registrado en América".
"Quiero y mando y es mi voluntad que todos los esclavos, indios e indias naturales de esta tierra, que el dicho Juan Cano, mi marido, y yo tenemos por nuestros propios, por la parte que a mí me toca, sean libres de servicios y servidumbres y cautiverios, y como personas libres hagan de sí a su voluntad porque yo no los tengo por esclavos, y en caso de que lo sean, quiero y mando que sean libres".
Pero lo que ocurrió para que Tecuichpo Ixcaxochitzin pasara a llamarse Isabel Moctezuma forma parte de la historia del mundo prehispánico que quedó arrasado por la Conquista y que tuvo que tratar de recomponerse en medio de los hechos trágicos que implicaron muertes, despojo, destrucción y violencia.
Bodas y muertes
A la edad de 10 años, Ixcaxochitzin fue testigo de la llegada de los españoles a Tenochtitlán, la capital del imperio azteca. Entre los duros momentos que vivió a temprana edad se encuentran la muerte de su padre mientras era detenido por Cortés y su retención por parte del conquistador español.
La princesa fue liberada el 30 de junio de 1520 en 'La noche victoriosa', cuando los mexicas expulsaron a los conquistadores españoles de Tenochtitlán.
A partir de allí, por ser hija de Moctezuma, fue casada con su sucesor, Cuitláhuac, muerto de viruela meses después; luego le correspondió enlazarse con Cuauhtémoc, su reemplazo, quien murió ahorcado por órdenes de Cortés.
Tras su viudez, Cortés la bautizó bajo el catolicismo como Isabel Moctezuma, le concedió en encomienda perpetua la ciudad-estado de Tlacopan (actual Tacuba en Ciudad de México) y la casó con el conquistador Alonso de Grado, quien falleció poco después.
Al nuevamente perder a su esposo, Cortés la llevó a su casa y quedó embarazada de Leonor Cortés Moctezuma. Se especula que su hija fue producto de relaciones forzadas, por lo que la rechazó.
Mientras estaba embarazada, el exgobernador de Nueva España la casó con Pedro Gallego, con quien luego tuvo un hijo llamado Juan de Andrada Moctezuma, al que le heredó Tlacopan. Sin embargo, volvió a enviudar y contrajo nupcias con Juan Cano de Saavedra, con quien procreó seis hijos, según el texto 'Doña Isabel Moctezuma Tecuichpotzin', del historiador mexicano Diego Martínez.
¿Una sobreviviente o una traidora?
Para la subsecretaria de Educación Básica de México, Angélica Noemí Juárez Pérez, Tecuichpo Ixcaxochitzin es un "ejemplo de las muchas formas en que las mujeres enfrentaron el proceso de conquista: sobrevivió a la guerra, vivió bajo la tutela de los conquistadores españoles y se convirtió en una mujer de gran prestigio que supo aprovechar su posición para mantener su importancia política como heredera del último Huey Tlatoani mexica".
En el libro '500 años de la Conquista de México', se la diferencia de Malinche, la mujer indígena traductora de Cortés en la conquista de Tenochtitlán, y se sostiene que "representa en el imaginario nacional la mujer valerosa y rebelde, sometida por la fuerza al capitán, pero también libre de rechazarlo y distanciarse de su hija en común, así como de reclamar bienes y reconocimientos como mujer".
Otras miradas más críticas hablan de una "traición" que se relaciona con haber "abrazado la forma de vida española luego de la caída de Tenochtitlán", lo que se catalogaría como "una sumisión total ante el Nuevo Mundo propuesto por el enemigo", según la revista Filha, de la Universidad de Zacatecas.
En contravía de esa concepción, la antropóloga estadounidense Susan D. Gillespie considera que las reinas y princesas mexicas "ayudaron a hilar, legitimar y renovar la sucesión de reyes mexicas, actuando como encarnaciones de la Diosa Madre y de la Tierra".
"Se vislumbra el decisivo papel, político y religioso, que jugó Tecuichpotzin en el difícil tránsito que vivía la sociedad mexica en los inicios de la dominación española, manteniendo el 'sosiego y contentamiento de los naturales de la tierra'", refiere el historiador Martínez.