En septiembre de 2013, durante su visita a Kazajistán, el presidente chino, Xi Jinping, anunció la creación de la Franja Económica de la Ruta de la Seda, destinado a reforzar las conexiones económicas entre China, Asia Central y Europa. Un mes después, en Indonesia, presentó la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI. Ambas iniciativas se integraron posteriormente en la actual Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, pos sus siglas en inglés). En más de 10 años, este proyecto ha logrado aportar una contribución significativa al desarrollo de la economía mundial y fortalecer la posición de Pekín en el escenario internacional.
El corazón del proyecto
La iniciativa toma su nombre de la antigua Ruta de la Seda, pero su objetivo es crear una red moderna de infraestructuras, transporte y comercio. La dimensión terrestre contempla la construcción y modernización de ferrocarriles, carreteras, aeropuertos, oleoductos, gasoductos y centros logísticos. Entre los principales corredores se encuentran las conexiones China-Mongolia-Rusia, China-Asia Central-Asia Occidental, China-Pakistán, China-Sudeste Asiático y las rutas hacia Europa.
La dimensión marítima busca desarrollar y modernizar puertos y rutas comerciales. Los principales corredores parten de los puertos chinos, atraviesan el estrecho de Malaca y el océano Índico y continúan hacia África oriental, el mar Rojo y el Mediterráneo. También se han desarrollado proyectos y planes de cooperación con países del Pacífico y en el Ártico, bajo el concepto de la Ruta de la Seda Polar.

Con el paso del tiempo, la BRI dejó de ser exclusivamente un programa de infraestructura. China impulsó iniciativas complementarias como la Ruta de la Seda Digital, relacionada con telecomunicaciones, redes digitales, comercio electrónico y centros de datos; la Ruta de la Seda Verde, centrada en la protección ambiental y las energías renovables; y la Ruta de la Seda de la Salud, destinada a ampliar la cooperación médica y sanitaria. La cooperación educativa, científica y tecnológica también ocupa un lugar creciente.
La escala económica de una apuesta planetaria
La escala económica de la Iniciativa de la Franja y la Ruta es considerable. Desde su lanzamiento, en el marco de la BRI, se han movilizado aproximadamente 1,4 billones de dólares. Estos recursos se canalizan a través de instituciones financieras especializadas, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, el Fondo de la Ruta de la Seda y bancos estatales chinos, entre ellos el China Development Bank.

Por sectores, aproximadamente el 33 % de los recursos corresponde a proyectos energéticos, el 15 % al transporte y el 11 % a la industria de los metales y la minería. En cuanto a la distribución geográfica, Asia concentra el 64 % de la financiación, seguida de África con el 25 %, América Latina con el 6 %, Europa con el 3 % y la región del Pacífico con menos del 1 %. Según las estimaciones a largo plazo del Banco Mundial, hasta 2030 la realización de grandes corredores de transporte e infraestructura vinculados a la BRI podría contribuir a crear hasta 420.000 puestos de trabajo permanentes.
Una disputa por el orden económico mundial
Los países occidentales intensifican progresivamente sus críticas a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Estados Unidos lidera la campaña contra China y ejerce una presión cada vez más intensa tanto sobre sus aliados como sobre los socios de China en el marco de la BRI, intimidándolos con la perspectiva de caer en una trampa de endeudamiento y de quedar económicamente dependientes de Pekín.
Con el fin de contrarrestar la BRI, Washington decidió crear una estructura especial de inversión -la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional- y presentó el plan Red de Puntos Azules, cuyo objetivo es evaluar la calidad de los proyectos de inversión en todo el mundo, pero cuyo verdadero propósito es torpedear los proyectos económicos de la BRI y contraponerlos a los proyectos "de alta calidad" ejecutados bajo los auspicios de Estados Unidos y sus aliados.

Los últimos países que, bajo la presión de EE.UU., se retiraron de la BRI son Italia (el único país del G7 que había firmado un memorando de entendimiento con China) y Panamá.
Más de una década después de su lanzamiento, la Iniciativa de la Franja y la Ruta se ha convertido en una de las principales plataformas mundiales de inversión, infraestructura y conectividad. Al mismo tiempo, constituye uno de los escenarios más importantes de la competencia geoeconómica entre China, EE.UU. y sus aliados, y refleja la transformación de las relaciones económicas internacionales en el siglo XXI.







