Una aldea birmana convierte una cueva llena de restos humanos en una zona de juegos

"Solíamos tirar rodando las calaveras por la colina y la que llegaba más lejos ganaba", cuenta un anciano del lugar.

En la cima escarpada que domina la aldea Parte, en el estado de Chin en Birmania, montones de huesos humanos sobresalen de una pequeña cueva.

Los vecinos de la zona llevan décadas jugando con estos restos. Vértebras dispersas por el suelo junto con articulaciones de cadera, fémures, costillas y mandíbulas. Lo asombroso es que haya muy pocos cráneos, como si hubieran decapitado los cuerpos antes de que los restos acabaran allí. Pero la explicación real es aún más extraña.

"Solíamos tirar rodando las calaveras por la colina y la que llegaba más lejos ganaba", contó un anciano local citado por el portal Mashable

Los fragmentos de cráneos esparcidos por el sendero que lleva a la cueva son prueba de la popularidad del juego. Otros pasatiempos incluyen golpear con huesos de brazos o piernas una roca como si fueran baquetas. 

AFP / MICHAL CIZEK
El Osario de Sedlec (República Checa) / AFP / MICHAL CIZEK
El Osario de Sedlec (República Checa) / AFP / MICHAL CIZEK
Capela dos Ossos (Évora, Portugal). Esta pequeña capilla está decorada con los huesos de más de 5.000 monjes. A la entrada se puede leer una inscripción: "Nosotros, los huesos que aquí estamos, por los vuestros esperamos". / AFP / Nicolas Asfouri
Capela dos Ossos (Évora, Portugal) / AFP / Nicolas Asfouri
Capela dos Ossos (Évora, Portugal) / AFP / Nicolas Asfouri
Osario de la iglesia de San Jaime (Brno, República Checa). Se estima que el osario se compone de restos de más de 50.000 personas, que lo convierte en el segundo en Europa. / AFP / MICHAL CIZEK
Osario de la iglesia de San Jaime (Brno, República Checa) / AFP / MICHAL CIZEK
Catacumbas de París (Francia). / AFP / BORIS HORVAT
Catacumbas de París (Francia). / AFP / BORIS HORVAT

Los vecinos llevan décadas usando la cueva y los esqueletos como una zona de juegos. Los restos pertenecen a sus antepasados precristianos, que practicaban creencias animistas antes de que la población se convirtiera al final de la Segunda Guerra Mundial.

Se desconoce por qué los antiguos habitantes de Parte dejaron a sus muertos en la cima de la montaña. Es probable que sus creencias incluyeran la adoración de elementos naturales como árboles y rocas.

Según el jefe de la aldea, Lian Sang, la gente local trata los restos de la cueva de esta manera porque, a falta de registros, nadie sabe a quién pertenecen y, por lo tanto, no sienten lazos familiares con ellos.

Los restos de sus familiares cristianos se mantienen enterrados con todo respeto.