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"Hasta que la dignidad se haga costumbre": El demoledor discurso de una indígena conmueve a México

Publicado: 24 feb 2017 03:25 GMT

Tres mujeres otomíes que fueron encarceladas injustamente hace 11 años consideran que la disculpa que les ofreció la Fiscalía federal de México "no es suficiente".

"Hasta que la dignidad se haga costumbre": El demoledor discurso de una indígena conmueve a México
Imagen ilustrativa
Oscar Martinez / Reuters
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Un fuerte discurso cimbró a México durante un acto de disculpa oficial del Gobierno a tres indígenas del pueblo de Santiago Mexquititlan, ubicado en el sur del estado central de Querétaro.

Especialmente, resuena una frase que ya recorre las redes sociales y que está dando de qué hablar: "Hasta que la dignidad se haga costumbre".

La frase, que hace referencia a los derechos de los pueblos indígenas, forma parte del discurso de Estela Hernández, una mujer cuya madre, Jacinta Francisco Marcial, pasó tres años en prisión sin que nunca se demostraran los delitos de secuestro y posesión de drogas que se le imputaron.

La vida de su madre, Jacinta Francisco Marcial, y de las otras dos mujeres, Alcántara Juan y Teresa González Cornelio, era la vida normal en una comunidad: venta de aguas frescas, verduras y muñecas de trapo cada domingo en el mercado de su pueblo originario ñöhñö, integrante de la familia de pueblos otomíes, ubicados en el centro del país.

"No es suficiente la disculpa pública: jamás lo será. No basta la reparación de daños para superar las lágrimas ocasionadas a la familia", recalcó Estela ante un nutrido público del que formaba parte Raúl Cervantes, titular de la fiscalía mexicana: la Procuraduría General de la República (PGR).

A Cervantes le tocó la suerte de pedir disculpas a las integrantes de una población indígena que ha sido objeto de varios agravios, como el ingreso en 2006 de seis policías federales vestidos de civil, en camionetas sin placas, para decomisar discos piratas. Esta incursión desató la indignación de los comerciantes que retuvieron a los agentes para que pagaran los destrozos que hicieron.

Al día siguiente, la policía comenzó su venganza contra tres mujeres, encarcelándolas.

"A seis meses de cumplirse 11 años, por fin la procuraduría reconoce de manera forzada, no por voluntad, que este caso fue un error", dijo Estela.

Después de tres años de permanecer en prisión, Jacinta, Alberta y Teresa abandonaron la cárcel tras una gran campaña a favor de su liberación en la que participaron organismos como Amnistía Internacional y el famoso Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro ProDH).

Una vez en libertad, buscaron, mediante una resolución judicial, una disculpa pública y el reconocimiento de inocencia por parte del Estado mexicano, además de la reparación integral del daño. La disculpa a Jacinta, Teresa y Alberta ha tardado más de 11 años.

"Nos 'chingamos' al Estado"

El fiscal mexicano, Raúl Cervantes, admitió que no se comprobó la participación de Jacinta, Alberta y Teresa en los delitos imputados, y que, a pesar de ello, fueron privadas de su libertad. En un acto histórico para México, Cervantes se expresó en estos términos:

"Sirva este acto para ofrecerles una disculpa en español y hñähñu como medio de reparación del daño. Reconozco públicamente su inocencia respecto de los delitos que se les atribuyeron y respecto de forma injusta se les privó de libertad".

Estela respondió hablando del desgaste económico, emocional, físico y psicológico de su familia. E incluso dijo:"Nos 'chingamos' al Estado".

Estela tampoco ahorró palabras para hablar de México: "En la cárcel no están delincuentes, sino pobres sin dinero, indefensos de conocimiento. Los delincuentes de mayor poder, de cuello blanco, no pisan la cárcel. No conocimos en Querétaro ricos en la cárcel".

"Estaría contenta el día que se acabe la injusticia, el día que nos respeten como indígenas. Mientras, no estoy contenta", dijo en su turno Jacinta.

La mujer indígena afirmó que, aunque no reciba ayuda económica del Gobierno, lo importante es que exista justicia entre los indígenas del país.

Imagen ilustrativa / Jorge Luis Plata / Reuters

Ser mujer e indígena no es motivo de vergüenza

Hoy doña Jacinta elabora helados para vender en el mercado de su pueblo, mientras que Teresa y Alberta producen jitomate en invernaderos y bordan muñecas. Las tres insisten en que lo que les ocurrió a ellas, no le vuelva a ocurrir a nadie en México.

"Este caso hizo que nos diéramos cuenta que lo que le pasa al otro me afecta. Por eso mostramos nuestra solidaridad con los 43 estudiantes normalistas que nos faltan", recalcó la hija de Jacinta.

Y reiteró: "Queda demostrado que ser pobre, mujer e indígena no es motivo de vergüenza. Vergüenza para quien debería garantizar nuestros derechos como indígenas y humanos y no lo hace".

Después de hablar de la solidaridad que ha recibido su familia, y de mostrar su descontento con la primera disculpa pública ordenada por el Estado mexicano, Estela terminó su discurso con la siguiente frase:

"Hasta que la dignidad se haga costumbre, gracias".

Al-Dabi Olvera

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