La "extinción de la zona gris" o cómo el Estado Islámico utiliza la islamofobia a su favor

El propio Estado Islámico trata de fomentar la islamofobia para crear una división social sin la cual sus planes no serían posibles. Lo admiten ellos mismos.

Uno de los efectos colaterales más notorios que producen los atentados yihadistas es la intensificación casi inmediata, en ciertos sectores de la sociedad, de un encendido sentimiento islamófobo. Allá donde golpea este tipo de terrorismo, suelen producirse poco después ataques a mezquitas, pintadas xenófobas amenazantes, protestas de la ultraderecha...y las redes sociales suelen reflejar fielmente este fenómeno, con abundantes y encendidos mensajes de odio. Sin embargo, si los islamófobos supieran que con esta actitud están poniéndose al servicio de los verdaderos planes del Estado Islámico, tal vez revisarían su manera de actuar.

Este no es un artículo de opinión ni una reflexión sociológica: de lo que estamos hablando es de la verdadera estrategia social del Estado Islámico, reconocida por sus propios miembros, y publicada en un explícito artículo titulado 'La extinción de la zona gris'. Lo que el Estado Islámico llama 'zona gris' es cualquier lugar o entorno social en que exista tolerancia, multiculturalidad y convivencia pacífica de los musulmanes con ciudadanos católicos, ateos o de cualquier otra religión. Y ese espacio de convivencia es lo que los yihadistas necesitan destruir en primer lugar para poder desarrollar su delirante plan de expansión mundial.

Hay que tener en cuenta que, desde la rígida óptica del Estado Islámico, cualquier musulmán que se haya integrado en la vida de los países occidentales en los que vive es un infiel (al igual que lo son los refugiados que abandonan voluntariamente el Estado Islámico huyendo de la guerra). Por eso los espacios sociales que permiten esa integración (por ejemplo, las grandes ciudades occidentales donde los musulmanes pueden ser tratados legalmente como ciudadanos de pleno derecho) son considerados "zona gris".

A la luz de este lógica, cobra relevancia un dato ya de por sí abrumador: según las cifras de la 'Global terrorism Database- el 87% de las víctimas del terrorismo yihadista son musulmanes, este tipo de musulmanes a los que el Estado Islámico denomina "infieles" y con cuya muerte intentan llevar a cabo la extinción de la zona gris. 

Los "tontos útiles" 

Los atentados son una forma relativamente eficaz de destruir ese espacio; pero la verdadera "extinción" de la zona de convivencia tiene lugar después, precisamente por el efecto corrosivo y socialmente dañino de la islamofobia, el odio y la discriminación entre sus habitantes. 

Es en esta infame tarea de destruir la convivencia e impedir la integración donde el Estado Islámico y la ultraderecha xenófoba se ponen a colaborar. La diferencia es que la ultraderecha lo hace sin saberlo, inconscientemente, creyendo que son un arma o un escudo contra el yihadismo, cuando en realidad son una herramienta a su servicio: están ayudándole a conseguir sus nefastos objetivos. Se creen defensores de occidente, pero tal como señala el periodista español Antonio Maestre, funcionan como "tontos útiles" al servicio de los planes yihadistas. 

Maestre, en su tuit, incluye un enlace a un artículo sobre este mismo asunto, en el que se explica, precisamente, que el medio del Estado Islámico "para lograr la conquista de sus objetivos es polarizar el mundo entre salvadores -ellos- y represores -infieles- para que los musulmanes en occidente se tengan que ver empujados a elegir entre unos u otros. Sin término medio, sin zona gris".

Las bombas o los atropellos destruyen el territorio enemigo y causan muertes, pero también tienen el efecto añadido (y deseado por los terroristas) de sembrar el odio hacia todos los musulmanes. Ese odio hacia el Islam en general forma parte del plan del Estado islámico.

 ¿Quién está detrás de #STOPIslam? 

Un buen ejemplo de esta estrategia social de "extinción de la zona gris" utilizando el racismo y la islamofobia como instrumento tuvo lugar poco después de los atentados de Bruselas. En medio de la consternación por el atentado, en ese clima de alteración, dolor y rechazo que hoy se respira aún en España y que entonces se respiraba en Bruselas, en ese estado de tensión post-traumática en la que se mezclan la rabia, la tristeza y el miedo, surgió en las redes sociales una de esas muestras de islamofobia a las que nos referíamos al principio de este artículo y que, tristemente, suelen aparecer tras cada ataque yihadista. Se trataba del hashtag xenófobo #STOPIslam

Lo interesante es que, al parecer, fue el propio Estado Islámico quien creó ese hashtag. Así lo indicó el experto en geopolítica Pedro Baños en conversaciones con el portal 'La Marea'. La intención era evidente: alentar la islamofobia en los territorios donde viven los musulmanes "infieles", para que estos sientan la presión de una sociedad que les rechaza, para obligarles a tomar partido, para provocar un caldo de cultivo de odio y segregación en el que luego sea más fácil convencer a esos musulmanes de que se radicalicen en favor de la yihad. 

Cada vez que los musulmanes que intentan integrarse pacíficamente en países occidentales salen a la calle en manifestaciones para aclarar que no son terroristas, están poniendo de manifiesto que se encuentran atrapados entre los yihadistas, que quieres exterminarlos por infieles, y los recelos de los xenófobos occidentales, que los confunden burdamente con terroristas o con radicales.

Por todo ello se insiste a diario, desde ámbitos diversos, en la necesidad de responder al terrorismo con unidad, y en eliminar los comportamientos xenófobos tan habituales tras los ataques yihadistas.  Puede parecer paradójico, pero la islamofobia actúa como la onda expansiva social de los atentados, y a la larga puede ser aún más destructiva, por lo que sirve perfectamente a los objetivos exterminadores del Estado Islámico.

David Romero