Lana Lokteff: La supremacista blanca que le pone rostro de mujer al antifeminismo

Rubia, blanca, de ojos azules y con una comunidad de 'fans' en la llamada 'derecha alternativa', esta mujer se declara, entre varios 'antis', en contra del feminismo. ¿Quién es Lana Lokteff?

Para Lana Lokteff, el ideal de toda mujer está centrado en tres aspectos fundamentales: belleza, familia y hogar. ¿Feminismo? Jamás.

"Las mujeres quieren ser bellas, atraer al mejor hombre posible y ser protegidas hasta el fin de sus vidas", dice en uno de los tantos videos suyos que pululan en Youtube, un lugar que le ha servido de palestra junto con su esposo, Henrik Palmgren, dueño de 'Red Ice', un conglomerado de medios de comunicación en internet.

Rubia, de tez clara y ojos azules, Lokteff se autodenomina como "supremacista blanca" y dice abiertamente qué adversa: a las feministas, a los inmigrantes, a los judíos, a los homosexuales. La estadounidense asegura que fue gracias a miles de mujeres como ella que el magnate Donald Trump llegó a la presidencia y afirma que han empezado a conformar un movimiento capaz de eclipsar al feminismo.

¿Contradicciones?

Lokteff, quien en sus videos y redes sociales se muestra como una furibunda enemiga de los inmigrantes y partidaria del cierre de fronteras, es nieta de inmigrantes rusos establecidos en EE.UU. y esposa de un sueco. 

Nativa de Oregon, se dice que estudió filosofía en la universidad Estatal de Portland, pero dejó la academia para dedicarse a una carrera musical que nunca terminó de despegar. Su padre es Ruben J. Lokteff, un asesor de inversiones que se declaró en quiebra en 1997 y luego, en 2010, devino en ministro de una iglesia en Redmon. Su madre es Vera Agaphia Lokteff, quien supuestamente fue accionista principal de una extinta productora y actualmente lleva un blog de "espiritualidad", detalla el portal Heathen Women.

Lana promueve ideas como "la supremacía blanca", pero insiste en decir que no es "racista". Según ella, simplemente los blancos "lo hacen mejor" y ahora "los perdedores" (es decir, los de otro color) se quejan como táctica para quitarles sus tierras y exigirles "cosas gratis". 

La cara visible de la 'derecha alternativa' se asume como antifeminista. Lo paradójico es que, según consta en un expediente judicial, ella demandó en 2007 a la compañía U.S. Allegiance, Inc. ¿La razón? Acoso y discriminación por su condición de mujer. El caso, por el que exigía una indemnización de 300.000 dólares por perjuicios no económicos y de un millón adicional por daños punitivos, al parecer fue resuelto fuera de la corte.

Los provocadores

La web da para todo, incluso para un movimiento que se hace llamar 'derecha alternativa'. A diferencia de los partidos tradicionales y otras organizaciones políticas, esta no tiene un líder único ni un programa concreto para "tomar" el poder: son provocadores y eficaces en generar polémicas. 'Trols profesionales', como se nombró uno de sus fundadores, Richard Spencer.

Un artículo publicado hace un año por el diario digital español La Gaceta recoge un manifiesto atribuido al grupo, que se considera "un fundamentalista de la libertad de información". Sin embargo, los medios de comunicación tachan al colectivo de homofóbico, nazi y antifeminista.

En sus entrañas se habla en clave de incorrección política y su mayor recompensa es atizar la candela de los debates en internet con el incordio como norma, un atributo que les ha granjeado cada vez más seguidores.

Sin embargo, del debate virtual a la plaza pública hay una brecha que tratan de romper figuras emergentes como Lokteff. Un análisis del portal NPR, publicado en agosto de este año, resaltaba un detalle en las protestas de los nacionalistas blancos que se dieron en Charlottesville, EE.UU.: "había mujeres, pero muy pocas".

¿Dónde estaban? Según ese artículo, en internet. En uno de sus videos, Lokteff avala esa teoría y asegura que cada vez hay más féminas que adhieren el movimiento, pero que temen salir a las calles y ser 'agredidas' por los movimientos de izquierda: "que no salgamos a protestar no significa que no existamos".

Vientres de derecha

Richard Spencer llegó a decir que las mujeres soñaban con novios de derecha porque querían "genes alfa" y "esperma alfa" y, en medio de los debates por la presidencia norteamericana, aseguró que ellas nunca deberían ocupar cargos de política exterior porque "su deseo de venganza no conoce límites", precisa un informe de Mother Jones.

Lokteff está allí para atenuar ese discurso y conquistar a las mujeres para la causa. En sus palabras, dentro de la derecha alternativa no son misóginos, sino que "ven a las mujeres fundamentalmente diferentes a los hombres", y entre esos roles están el de ser los vientres "para perpetuar los linajes blancos, nutrir las unidades familiares e inculcar a las familias con creencias pro-blancas".

Su argumento para atraer es tan sencillo como caricaturesco: las féminas sólo quieren perpetuar la especie con el macho más apto, ser bellas y tener un hogar. A su juicio, la izquierda ha fallado en satisfacer esas demandas al presentar a "mujeres gordas, feas y feministas" como ideal a seguir y hacer que los hombres sean sólo "afeminados con jeans ajustados", que apoyan a los refugiados y se ven forzados a tener sexo con otros hombres "para probar que no son homofóbicos".

Atemoriza y vencerás

El surgimiento de estos movimientos, explica el defensor de Derechos Humanos mexicano, el padre Alejandro Solalinde, tiene una raíz manida y antigua: el miedo.

"El miedo a lo desconocido, al otro, es natural y se ha utilizado siempre con distintos fines, porque nuestra lógica como seres humanos es localista. Estamos hechos para hacer nuestra vida alrededor de una casa, ese mundillo que es la casa. Los migrantes desafían esa lógica y por eso atemorizan".

Lokteff, al tratar de sumar a mujeres a su causa, apela a ese mismo sentimiento. Para ella, la "píldora roja" para que una fémina se convenza de ser parte de su movimiento es preguntarle dónde se siente más segura, si en una casa en los suburbios con vecinos caucásicos y casas con bardas blancas o en un barrio "diverso y multicultural", poblado por negros, latinos y mestizos.

"Las mujeres hermosas y atractivas que viven en vecindarios multiculturales han empezado a ver la verdad de estar allí: el crimen, las violaciones (...) y se han dado cuenta de que su vida ha cambiado para peor", dijo en una de sus entrevistas divulgadas en la web. Por eso, asegura, la 'derecha alternativa' no para de sumar adhesiones y el feminismo está condenado a la extinción.

El resentimiento blanco

Lokteff ha dicho en varias oportunidades que Trump "no es uno de los muchachos" que integran la derecha alternativa, pero no niega que muchas mujeres del supremacismo blanco lo hayan llevado a la presidencia. Es más, reivindica ese argumento.

Para el intelectual argentino Néstor García Canclini, el ascenso político de Trump encuentra su razón en el 'hackeo' al sistema de pensamiento norteamericano.Y que no, no fue hecho por los rusos.

En una conferencia celebrada el pasado lunes en la ciudad de Guadalajara, México, Canclini citó al escritor nigeriano Teju Cole para ejemplificar el fenómeno: "Trump es perfectamente consciente de que el punto flaco del sistema es el resentimiento de los blancos. Por supuesto, los negros están peor, pero eso no importa".

La tesis no es descabellada, a juzgar por los videos de Lokteff, quien asegura que el mundo es un lugar donde los no-blancos se quieren "apropiar" de las cosas construidas por los caucásicos para sus mujeres y su descendencia. Por eso, pide revancha.

"Somos nórdicos, eslavos, alemanes. Europa es nuestra. También América, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Pero si los blancos no peleamos para proteger esos territorios, no vamos a tener ningún lugar que podamos llamar hogar", dice ella en redes sociales y conferencias. En eso, quizás, está su principal diferencia con las supremacistas del KKK: sus antecesoras estuvieron relegadas por los hombres en la organización y condenadas al dócil silencio del hogar. Lokteff, occidentalmente bella y empoderada, tiene voz y expone sin miedo sus controvertidas posiciones políticas. ¿Punto para el feminismo? 

Nazareth Balbás