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Un terraplanista se prepara para viajar al espacio en un cohete casero y los científicos explican si podrá hacerlo

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El hombre diseñó una nave que utiliza vapor de agua para propulsarse y en su intento anterior se elevó a más de 570 metros de altura. ¿Podrá lograrlo esta vez?
Un terraplanista se prepara para viajar al espacio en un cohete casero y los científicos explican si podrá hacerlo

En pleno siglo XXI, hay quienes se niegan a creer el hecho de que la Tierra sea redonda. Y la obstinación de algunas de estas personas los lleva a veces a intentar demostrar a cualquier precio que tienen la razón.

Uno de ellos es el estadounidense Mike Hughes, famoso por haberse lanzado en varias ocasiones a bordo de sus propios cohetes caseros para verificar a simple vista su teoría terraplanista.

En su último vuelo, hecho en marzo de 2018, alcanzó la formidable altura de 572 metros. Pero no conforme con este resultado, este temerario hombre se prepara para llevar a cabo un nuevo vuelo, alcanzando esta vez el espacio.

El lanzamiento, programado para el pasado sábado, fue pospuesto a causa de un sobrecalentamiento en la cabina de la nave. Y, mientras tanto, el profesor de física de la Universidad de Nottingham Trent (Reino Unido) Ian Whittaker ha analizado qué posibilidades tiene el aventurero de lograr su cometido.

¿Qué dice la ciencia?

De acuerdo con la fórmula propuesta en 1890 por el físico ruso Konstantín Tsiolkovski —empleada en los lanzamientos espaciales hasta hoy día— la velocidad que puede alcanzar un cohete depende de qué porcentaje de su masa total está formada por combustible y de qué tan rápido es capaz de quemarse este último.

Por otra parte, la nave debe desarrollar una velocidad horizontal de 7,8 kilómetros por segundo para superar el límite entre la atmósfera y el espacio exterior (100 kilómetros de altura) ya que orbitar a menores altitudes significaría una enorme resistencia del aire que frenaría y sobrecalentaría al cohete.

Esto solo es posible con ayuda de propulsores con forma específica que propulsan ciertos combustibles líquidos o sólidos. Estos se calientan y, al gasificarse, se expanden generando así fuerza de empuje.

¿Un proyecto que hace aguas?

En vistas a todos estos factores, la limitación principal de Hughes es que su cohete use el agua a modo de combustible. Y es que el agua posee un calor específico elevado, de modo que esta requiere de demasiada energía para hervir y evaporarse lo suficientemente rápido como para lograr el empuje.

A su vez, al aplicar la fórmula de Tsiolkovski a la nave de Hughes —un tanque de entre 360 y 379 litros y un peso total de aproximadamente 816 kilos— obtenemos que, sin considerar la resistencia del aire, se desplazará a 206 metros por segundo. Y con esta velocidad, apenas será capaz de superar los 2 kilómetros de altitud, muy por debajo de los 10 kilómetros a partir de los cuales se puede apreciar la curvatura del planeta.

Teóricamente, para elevarse a 100 kilómetros de altura, el terraplanista precisaría de un tanque de al menos 29.000 litros de agua, sin mencionar la ingeniería extremadamente difícil que necesitaría para contener la presión interna y generar vapor de manera instantánea. Y si una opción tan barata como el agua realmente fuera viable, empresas privadas como SpaceX no gastarían millones en desarrollar otros tipos de combustible, concluye Whittaker.

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