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"Si votas Macri (o Kirchner), ni me mires": la polarización política argentina invade Tinder

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Si escribe "tengo valores" o "lo que sucede, conviene", es macrista. Si cree que "el amor vence al odio" y "la patria es el otro" y convoca un "si vos querés…" al lado de un corazón, es kirchnerista/peronista.
"Si votas Macri (o Kirchner), ni me mires": la polarización política argentina invade Tinder

Hace años, en Argentina predomina una polarización política que divide al país entre kirchneristas o macristas.

Aunque en el medio hay más opciones, estos dos extremos copan el debate público. La prensa lo bautizó como "la grieta", e implica que o se está "en un lado o en el otro", ya sea por decisión propia o involuntaria, porque basta criticar al presidente Mauricio Macri para ser "acusado" de kirchnerista. Y viceversa. Cualquier cuestionamiento a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner puede ser interpretado como un apoyo tácito al macrismo. Las explicaciones, los intentos de tener una posición equilibrada, una posición crítica generalizada, sirven de poco. Quienes lo intentan son descalificados como “tibios”.

La insistencia en encuadrar a personajes públicos abarca a políticos, periodistas, empresarios, sindicalistas, actores o escritores que son identificados como "K", siempre con una carga estigmatizante, ya que la letra "M" no ha tenido la misma campaña exitosa para desacreditar a quienes respaldan al gobierno. El debate es agotador, porque fanáticos obsecuentes o agresivos y militantes prudentes hay en ambos lados, pero los primeros suelen tener mayor repercusión.

Este año electoral, la polarización se replicó en Tinder, la aplicación más exitosa de citas, en donde cada vez más las y los usuarios definen sus preferencias políticas como una manera de filtrar posibles romances.

"Si votaste MM, ni me mires", reza uno de las frases más utilizadas en los perfiles para dejar en claro que no apoyan la reelección del presidente. Otras variantes son: "Si crees en este gobierno, lo nuestro no va a funcionar", "cero Macri, todo lo demás es charlable siempre", "no comparto la visión del mundo de un macrista, no lo soy" o "los globos amarillos, abstenerse", en clara referencia a uno de los símbolos del macrismo. "Fíjate en las fotos, así no hay malentendidos", advierte uno, más críptico. Sus fotos son de marchas contra los tarifazos de Macri o haciendo con los dedos la V de la victoria peronista. Queda claro a qué se refiere. "Gente a quien no le interese la política, el otre, de derecha, macrista o antiderechos, ni se molesten en agregarme", exige una usuaria. "Me gustan los gatos, menos el que nos gobierna", dice otra con más sentido del humor por el apodo que se le impuso al presidente.

"Lo que más me importa en la vida es que Cristina vaya presa", escribe un usuario como todo dato de su perfil. No dice en qué trabaja, qué le gusta, si quiere aventuras ocasionales o una relación estable. Su identidad está basada, por completo, en su rechazo al kirchnerismo. Otros escriben: "Si votas K, ni lo intentes, apretá la X", "detesto la corrupción K", "si sos K, rajá de acá, jaja". Algunos se ponen más explícitos: "Si sos kirchnerista, peronista o cualquier tipo de zurdaje, seguí de largo". No hay lugar para ninguna confusión.

Hay quien opta por subrayar su repudio a uno u otro extremo de la polarización, pero otros van por la positiva y explicitan el proyecto político que sí apoyan: "Soy nacional y popular", detalla una joven de 32 años, a sabiendas de que esa frase identifica al kirchnerismo. "Si ves la foto y me das corazón, entendiste todo", dice un hombre de 42 que se muestra leyendo 'Sinceramente', el libro de la expresidenta que este año rompió récords de venta.

Si escribe "tengo valores" o "lo que sucede, conviene", es macrista.

Si cree que "el amor vence al odio" y "la patria es el otro" y convoca un "si vos querés…" al lado de un corazón, es kirchnerista/peronista.

La explicación

¿Por qué definirse políticamente en una aplicación de citas? "Me ahorro comenzar charlas con mujeres que después de un chat largo resultaban macristas. Me llegó a pasar y me aburría porque empezábamos a discutir de política. Por eso cambié mi perfil", dice a RT Juan Carlos, un hombre de 43 años, soltero, sin hijos y con trabajo de oficinista en el microcentro que sumó el emoji de la V de la victoria a su descripción. Así quien lo elige sabe que es peronista y que el 27 de octubre votará a Alberto Fernández para presidente y a Fernández de Kirchner para vicepresidenta.

Sofía, 37 años, separada, madre de un hijo de seis, profesionista (prefiere no decir a qué se dedica), explica que no se imagina tener una conversación racional y mucho menos enamorarse de alguien que defienda "la corrupción K". Ni siquiera tendría una aventura. "En mi concepto de seducción son muy importantes los valores, la decencia. No busco ni acepto sexo ocasional, sino un proyecto de vida. No comulgo en nada con el pasado gobierno, jamás podría estar con un K". Por eso, en su perfil aclara: "Si apoyás a la yegua, poné X. Quiero un país normal". La "yegua" es Fernández de Kirchner.

Las definiciones políticas como una estrategia para alejar o acercar a personas que piensen y, sobre todo, voten lo mismo, están más presentes en los perfiles heterosexuales que en los homosexuales, en los que destacan más la descripción de roles (activo/pasivo) en el caso de los gays, y el reclamo de ellos y de lesbianas de que la búsqueda de una pareja del mismo sexo en Tinder no sea sólo una "experimentación" por parte de las personas que aprietan el corazón para elegirlos. Ellas, además, reclaman de manera constante que no se las busque para hacer un trío con una pareja heterosexual, propuesta que también abunda en los perfiles de mujeres heterosexuales. Las ofertas de tríos formados por dos hombres y una mujer son prácticamente inexistentes.

La aplicación también es un foro para las personas que están cansadas de la polarización y que aclaran que no son macristas ni kirchneristas, ni les interesa nada que tenga que ver con las campañas. "No busco personas extremistas en pensamientos y/o acciones políticas", escribe uno. "No me molesta a quién votaste", dice otro con inusual tolerancia. "No me gusta hablar de política", "no le doy bola a la política ni al futbol", detallan algunos más para desentenderse de temas que consideran sin mayor importancia en Tinder y en la vida misma.

"Uso Tinder para tener sexo casual, me va muy bien, no me voy a andar deteniendo en si la mina es K o M o Z, no me importa", resume con espíritu práctico Miguel Ángel, 51 años, empresario de una ciudad del norte que viaja de manera constante a Buenos Aires, en donde suele tener variados y fugaces romances. En esas circunstancias, insiste, hablar y discutir de política sería una pérdida de tiempo.  

Lugares comunes

Hay un listado general de quejas de las y los usuarios de Tinder, sin importar género ni preferencias sexuales: los lentes oscuros y las fotos grupales, antiguas, haciendo "trompita" o de vacaciones en lugares turísticos encabezan una lista en la que también suelen añadirse pedidos para que no se publiquen selfies en baños o con paredes sin revocar detrás. Los chats eternos, las faltas de ortografía y la falta de respuesta a los mensajes cuando ya se hizo "match" son otros reclamos frecuentes en los perfiles. Es común la confesión de "susto" ante las descripciones de hombres y mujeres que explican que usan la aplicación porque quieren conocer a alguien para formar una familia. "Ojalá disfrutemos a nuestros nietos", sueña, por ejemplo, un usuario de 35 años. Demasiada responsabilidad. Las feministas huyen de los hombres que cuentan que tienen una "princesa" en lugar de una hija.

Lo más difícil de entender es que en una aplicación de citas, o "levante", como dicen en Argentina, y en la que abunda la búsqueda de aventuras ocasionales, haya tantas personas que muestren fotos de sus hijos menores de edad.

En los perfiles de mujeres heterosexuales aparece con frecuencia la aclaración de que no quieren sexo en la primera cita y de que los prefieren más altos que ellas.

En los de hombres abundan los casados "en busca de romper la rutina" y los que tienen "una relación abierta", aunque quién sabe si la pareja estará enterada. Ellos se quejan de manera insistente de las prostitutas encubiertas que usan Tinder para conseguir clientes.

Los lugares comunes coinciden en todo tipo de perfil: quieren que la charla o la relación "fluya", les gusta la naturaleza, los animales y los viajes, no toleran la mentira y son "geminianos de ley", "escorpiana por donde me mires", "virgo con ascendente en virgo, vos sabrás". El antitabaquismo es un filtro predominante, casi tanto como el de las preferencias políticas.

El activismo en Tinder ya se había evidenciado desde el año pasado con el debate por la legalización del aborto y la efervescencia del feminismo. Por eso son usuales las fotos enmarcadas en pañuelos verdes (a favor del derecho al aborto) o celestes (en contra). Mensajes como "Si sos feminazi no tenemos nada que hablar" o los más modernos: "Estoy en proceso de deconstrucción", "hombre deconstruide". El debate veganos/vegetarianos/carnívoros todavía no invade la aplicación. 

Quizá sea el próximo, cuando pasen las elecciones y no haya tanta necesidad de explicar el voto a un potencial romance.

Cecilia González

@ceciazul

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