Opinión

#SíSePuede: el último esfuerzo de Macri para seguir gobernando

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La derrota en las elecciones primarias sumió al presidente de Argentina, Mauricio Macri, en un mundo paralelo en el que niega los resultados, pero al mismo tiempo convoca a darles vuelta a sólo un mes de los comicios generales en los que se juega una reelección que la mayoría de las encuestas da por perdida para el oficialismo.

"La elección no sucedió", ha dicho Mauricio Macri una y otra vez, con un envidiable poder de negación, para desestimar la diferencia de más de 15 puntos con la que el peronista Alberto Fernández le ganó el pasado 11 de agosto en las primarias que sirvieron como una gran encuesta nacional y que demostraron el hartazgo por la crisis económica que provocó su gobierno.

A pesar del pesimismo que reina entre funcionarios de todos los niveles, el presidente se ilusiona a sí mismo, y a sus seguidores, con la posibilidad de revertir los resultados de la elección que, según él, no ocurrió porque "la de verdad", la que va en serio, es la del 27 de octubre. En un último esfuerzo por lograr la proeza de seguir gobernando, Macri convocó en redes sociales a una marcha diaria por 30 ciudades que comenzarán mañana en un lujoso barrio de Buenos Aires y que continuarán hasta el día de la elección. La apuesta es aumentar el caudal de votos para Macri, reducir el de Fernández y lograr que ambos vayan a una segunda vuelta el 24 de noviembre que el presidente está seguro de poder ganar.

Cecilia González, periodista y escritora.
Cecilia González, periodista y escritora.
"Pocos recuerdan que hace apenas un año el presidente justificaba el crédito multimillonario que consiguió del FMI después de haber prometido que jamás le pediría un préstamo. Desde el gobierno impulsaron entonces la campaña de que este era un FMI bueno, no como el FMI malo que bastante colaboró en la crisis del 2001".

La enésima "nueva estrategia" anunciada desde el fracaso de agosto tiene varios problemas. El primero es que puede violar la ley electoral, ya que los actos de campaña deben concluir el 25 de octubre, así que los días no le alcanzan al macrismo para hacer las 30 marchas anunciadas. Otra duda es a dónde van a marchar los manifestantes, ya que todo anticipa que solamente serán concentraciones masivas en las que se intentará mostrar a un presidente "cercano a la gente". Macri confirma con el hashtag #YoVoy que va a ir a los actos convocados por él mismo en su propio apoyo. Menos mal.

La realidad argentina a un mes de las elecciones es tan vertiginosa que pocos recuerdan que hace apenas un año el presidente justificaba el crédito multimillonario que consiguió del FMI después de haber prometido que jamás le pediría un préstamo. Desde el gobierno impulsaron entonces la campaña de que este era un FMI bueno, no como el FMI malo que bastante colaboró en la crisis del 2001. En versión feminista sería algo así como un FMI deconstruido.

Macri incluso conminó a los argentinos a enamorarse de Christine Lagarde. Cuánta nostalgia. Hoy, en cambio, Lagarde se fue del FMI, nadie aquí se enamoró de ella y su lugar es ocupado por Kristalina Georgieva, la búlgara cuyo nombre remite a una conjunción de "kirchnerismo" y "Cristina", palabras malditas para el macrismo. Ningún escritor de ficción hubiera tenido tanta creatividad.

Cecilia González, periodista y escritora.
Cecilia González, periodista y escritora.
"El único y magro consuelo es la tensa calma del mercado cambiario. Es tanta la sicosis alrededor de la moneda estadounidense, que un par de semanas sin sobresaltos le alcanza al gobierno para celebrar la "estabilidad" en este rubro a pesar de que hace sólo año y medio un dólar valía 20 pesos y hoy cuesta 58,50".

Para peor, el gobierno anda a las apuradas, tratando de que el FMI bueno gire los 5.400 millones de dólares que estaban comprometidos para la segunda mitad del año pero que, después de las elecciones primarias, quedaron congelados. Al macrismo le urgen los recursos. El país está en crisis y todos los días hay malas noticias económicas. En un año el desempleo aumentó al 10,6 %, 250.000 personas más se quedaron sin trabajo y la inflación acumuló un alza del 54,4 %. Las ventas en shoppings y supermercados acumulan 13 meses de caídas consecutivas en sus ventas. La desigualdad por ingresos, aumentó. Dentro de poco, en vísperas de las elecciones, se darán a conocer los datos actualizados de pobreza. Todos saben que serán negativos y que al terminar su gobierno, en diciembre próximo, Macri dejará mayores niveles de pobreza de los que recibió.

El único y magro consuelo es la tensa calma del mercado cambiario. Es tanta la sicosis alrededor de la moneda estadounidense, que un par de semanas sin sobresaltos le alcanza al gobierno para celebrar la "estabilidad" en este rubro a pesar de que hace sólo año y medio un dólar valía 20 pesos y hoy cuesta 58,50. Cada centavo que aumenta la divisa implica menos votos para el macrismo que, a sus innumerables problemas de gestión, debe sortear las heridas internas que dejó la derrota.

Por ahora hay un claro bando encabezado por la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, quien tiene nulas posibilidades de reelegirse, y el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, quien enfrenta la temida posibilidad de disputar una segunda vuelta con su principal rival, Matías Lammens. La gobernadora y el jefe de Gobierno quieren liderar el post macrismo sin el ex poderoso jefe de Gabinete, Marcos Peña, quien hoy es blanco de todas las críticas, al igual que Jaime Durán Barba, el ex asesor estrella que después del fracaso se ha dedicado a subrayar la superioridad moral, estética, cultural y económica que, según él, tiene los votantes macristas. "Viajan, aprenden idiomas, estudian o se conectan con el extranjero", ha escrito en artículos en los que sólo le falta aclarar que comen con cubiertos, se bañan y se perfuman. Capaz tanta discriminación y clasismo forman parte de una nueva y exitosa estrategia que sólo él conoce.

A diferencia del alud de problemas del oficialismo, la campaña peronista avanza sin más contratiempos, apenas algunos deslices verbales que son aprovechados por sus rivales para alimentar la campaña del miedo que advierte que, si gana Fernández, se impondrán políticas dogmáticas y autoritarias. Así ocurrió durante los últimos días con la propuesta del escritor Horacio González de reescribir la historia del país con una "valoración positiva" de las guerrillas de los años 70, y con el error de la candidata del Frente de Todos a vicejefa de Gobierno de Buenos Aires, Gisela Marziotta, quien respondió "sí" cuando le preguntaron si estaba de acuerdo en impulsar una "Conadep del periodismo", en referencia a la comisión que se creó en los años 80 para documentar los crímenes cometidos durante la dictadura. En cuestión de horas aclaró que se había equivocado y que por supuesto no apoyaría ninguna iniciativa de este tipo contra el periodismo.

Más allá de la efervescencia mediática provocada por estas y otras declaraciones, Alberto Fernández maneja una agenda que a ratos parece más de presidente que de candidato. Porque para él, a diferencia de Macri, las elecciones primarias de agosto sí ocurrieron. Y las ganó el peronismo.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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