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Cómo la venta de cordones para gafas consiguió llevar energía solar a comunidades ecuatorianas sin electricidad

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"El poste trabaja con 10 horas de autonomía. Tiene un sensor que permite que se encienda automáticamente cuando ya no detecta luz y cuando llega la luz del día se apaga y comienza a cargarse", explica uno de los jóvenes de esta iniciativa.
Cómo la venta de cordones para gafas consiguió llevar energía solar a comunidades ecuatorianas sin electricidad

En los últimos meses, cuatro comunidades de diferentes provincias de Ecuador han visto llegar a un grupo de jóvenes de entre 21 y 25 años a sus asentamientos que no cuentan con electricidad, quienes, tras un proceso de socialización, dejan instalados postes que funcionan con energía solar, provocando un cambio en el lugar.

La iniciativa lleva por nombre Ánku Light, que se desprende de Ánku ('tendón', en kichwa), el nombre del emprendimiento de estos jóvenes y de donde obtienen los fondos para financiar la ayuda a las comunidades.

El proyecto lo lideran Francisco Ribadeneira, Juan Esteban Roca y Francisco Crespo, quienes sacaron al mercado a Ánku hace siete meses.

En Ánku ofrecen, por ahora, cordones para gafas o lentes y pulseras que son hechos a mano. Son de algodón y tienen una pequeña chapa de fibropanel de densidad media, mejor conocido como MDF, que reciclan de estudiantes de arquitectura de una universidad quiteña.

Más adelante esperan vender otros productos. "Básicamente vamos a ser una marca de accesorios que está enfocada en buscar un bien común en las comunidades aquí en Ecuador, comenta, en entrevista con RT, Ribadeneira.

PVC y botellas plásticas recicladas

La selección de esta problemática la escogieron estos chicos al conocer que "el 2,8 % de la población ecuatoriana, aproximadamente, no tiene acceso a un servicio básico de luz, significa que más de 450.000 personas están afectadas por este problema", señala el joven.

Las estructuras que decidieron instalar usan tecnología de bajo costo y son eficientes, cuenta Ribadeneira.

Tiene un tubo de PCV de tres metros de largo, un panel solar, un regulador de funcionamiento —el cerebro del poste, que tiene una placa interna— y una batería que se almacenan en una caja, sensor de luz, focos led y una botella plástica reciclada (que funge de lámpara y protege a los bombillos). 

"El poste, gracias a su funcionamiento interno, trabaja con 10 horas de autonomía. Tiene un sensor que permite que se encienda automáticamente cuando ya no detecta luz y cuando llega la luz del día se apaga y comienza a cargarse", explica Ribadeneira.

Además de ese poste de alumbrado público; el grupo de Ánku también ha colaborado con otro modelo, una especie de lámpara movible de 1,50 metros, para usar en el interior de las viviendas. "Las personas lo tienen fuera de la casa para que cargue mientras está el sol y en las noches lo lleva a adentro, tiene un interruptor para encenderlo", precisa.

Comunidades intervenidas

El trabajo con las comunidades lo comenzaron apenas un mes después de haber sacado al mercado sus productos. A las zonas sin electricidad van de la mano de voluntarios de empresas, a quienes brindan capacitación; y en el lugar trabajan junto con los mismos lugareños. Arman la estructura entre todos.

La primera comunidad que intervinieron se encuentra en Punta Galera, cantón Muisne de la provincia de Esmeraldas, en la costa ecuatoriana. Hacia esa zona que escogieron no hay acceso vehicular. En esa primera oportunidad instalaron tres postes.

Las siguientes dos intervenciones fueron mucho más grandes, en las dos principales ciudades de Ecuador. Una en Aliso, al sur de Quito, donde levantaron 37 postes, junto a voluntarios de la compañía Deloitte y de otra organización llamada Un litro de luz.

La siguiente fue en el barrio Unidos Venceremos, de Guayaquil, provincia de Guayas, donde instalaron 35 estructuras.

La última, de momento, fue en un barrio, donde tampoco hay acceso vehicular, del cantón Chillanes, en la provincia de Bolívar, en la región interandina, en el centro del país, donde instalaron seis postes.

Ribadeneira señala que en estas cuatro intervenciones se han favorecido a unas 800 personas, aproximadamente. "Sin embargo, es un valor que puede ser más alto porque, por ejemplo, en el caso de Guayaquil, los postes se colocaron en una vía de dos kilómetros por la que transita mucha gente que no vive ahí", detalla.

Beneficios a las comunidades

El entrevistado dice que la instalación de estos postes trae consigo varios beneficios a las comunidades donde han intervenido.

Así, señala que "mejora la calidad de vida, simplemente por el hecho de tener electricidad; otro tema es la seguridad, que incrementa un montón; de la misma manera la productividad en los sectores, que en su mayoría son agrícolas y al instalarse los postes, se alargan las horas de trabajo que tienen".

Otra de las cuestiones que han observado, es la integración y organización de las comunidades, para cuidar el bien que les han instalado.

"Como les capacitamos, ellos mismos arreglan si le ocurre algún problema sencillo al poste; pero si es algo más delicado, nosotros intervenimos", dice Roca.

Estos chicos, que mantienen comunicación constante con el jefe de la comunidad, se han propuesto hacer medición de impacto cada tres, seis y 12 meses, para ver la evolución del proceso, tanto del estado de la estructura, como del mismo asentamiento.

Los jóvenes de Ánku tienen en mente otros proyectos para implementar a futuro, entre ellos un "atrapanieblas", para instalar en comunidades con dificultades de acceso a agua.

Edgar Romero G.

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