¿Por qué esta nueva observación electoral de la OEA en Bolivia podría no arrojar "fraude"?

El organismo internacional cuestionó desde un principio los resultados que dieron como ganador al dimitido presidente Evo Morales en la elecciones pasadas, pero esta vez, su secretario, Luis Almagro, pareciera ser una pieza clave en su próxima actuación.

El anuncio hecho por el presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Salvador Romero, sobre la delegación de observación que la Organización de Estados Americanos (OEA) enviará a Bolivia para los comicios del 3 de mayo, ha reabierto la heridade su cuestionada participación en las elecciones donde Evo Morales resultó ganador.

Romero, juramentado para ocupar ese cargo por la presidenta de facto de Bolivia, Jeanine Áñez, informó que además estarán delegaciones de la Unión Europea (UE) y de la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniore) y otras, "más pequeñas", compuestas por "organismos internacionales que garantizarán la transparencia del proceso electoral", recoge ABI.

La actuación de la misión de observación de la OEA, que desde un inicio aseveró que había irregularidades en el proceso comicial boliviano, fue duramente criticada por expertos que consideraron que sus informes carecían de fundamentos tangibles para llegar a tal conclusión. Por otra parte, el dimitido presidente Evo Morales, afirmó que el organismo internacional había sido copartícipe del golpe de Estado en su contra.

El informe preliminar

Diez días después de las elecciones en las que Morales obtuvo el triunfo en primera vuelta, la OEA emitió un comunicado donde pidió anular los resultados y convocar nuevos comicios. El país andino vivía momentos de máxima tensión debido a que los dirigentes de la oposición no aceptaron los resultados, adujeron que se había cometido "fraude" y llamaron a sus seguidores a protestas. 

Estas manifestaciones generaron un clima de violencia caracterizado por la quema de tribunales electorales provinciales, bloqueo de vías, llamado a paro nacional y persecución de indígenas, campesinos y miembros de organizaciones sociales que apoyaban a Morales y que rechazaban la repetición de las elecciones.

Ante las dudas de la OEA, el propio Gobierno boliviana invitó al organismo a realizar una auditoría completa con resultados vinculantes, a finales de octubre. Según el acuerdo inicial, los hallazgos se develarían el 13 de noviembre y no el 10, como se hizo de manera inconsulta.

La demora

Aunque hasta ese momento el organismo dirigido por Luis Almagro no había presentado un informe final, el entonces presidente Morales convocó a nuevas elecciones generales "para buscar la paz" y para seguir la recomendación de la OEA.

Esta propuesta no fue aceptada y, por coacción de la Fuerza Armada y la Policía, el mandatario boliviano renunció para que cesara la persecución en contra quienes los apoyaban. 

Días después, Morales, quien ya se encontraba en México asilado, acusó a la OEA de "consolidar el golpe de Estado" y a Almagro, "de haberse manchado con la "sangre de los bolivianos", debido a las muertes de indígenas y campesinos tras la represión de los cuerpos de seguridad del nuevo Gobierno de facto.

Casi un mes después de haber dado a conocer el primer avance de su auditoría a las elecciones, la OEA publicó el esperado informe final donde se concluyó que el dimitido presidente "habría conseguido la mayoría de los votos, pero no habría obtenido la diferencia del 10% necesario para evitar la segunda vuelta".

Según el documento, la victoria en primera vuelta de Morales "fue estadísticamente improbable", y su proclamación se habría dado "por un aumento masivo e inexplicable de los votos del MAS [Movimiento al Socialismo]en el 5% final del cómputo".

¿Cómo comenzó todo?

Tres días después de que se llevaran a cabo los comicios del 20 de octubre, y sin que aún se supieran los resultados definitivos, el Consejo Permanente de la Organización de la OEA se reunió para analizar el informe previo entregado por la Misión de Observación Electoral (MOE), perteneciente a ese organismo, que estuvo en Bolivia.

En esa oportunidad, el MOE afirmó que "la mejor opción" para Bolivia era "convocar a una segunda vuelta" ante la variación de los resultados de la elección del presidente y vicepresidente.

En su opinión, el "clima de polarización", la "desconfianza en el árbitro electoral", la supuesta "falta de transparencia", "la inequidad en la contienda" y el estrecho margen de diferencia entre los candidatos, generaron un "clima de alta tensión política y social".

Los señalamientos de fraude se debían a la pausa de casi 24 horas que se había realizado en la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) y que, al ser reactivado el conteo a petición de la propia OEA, mostró cambios en los resultados.

No obstante, las autoridades bolivianas recordaron que el sistema electoral de su país poseía dos mecanismos de conteo de votos, que funcionan de manera paralela: la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) y el Recuento Oficial de los Votos, que es el verdaderamente vinculante.

El TREP no brinda información oficial y es un mecanismo que da información preliminar, con entre 80 % y 85 % de los resultados. El porcentaje restante no puede obtenerse con celeridad debido a que corresponde al voto de lugares alejados o rurales donde no hay acceso a internet.

Dudas sobre la parcialidad de la OEA

La voces que cuestionaron el accionar de la OEA no solo provinieron del Gobierno de Morales. Grupos de expertos independientes reflejaron en dos estudios las inconsistencias de las conclusiones del organismo regional y la imposibilidad de que una muestra tan pequeña (menos de 300 mesas de las 34.551 habilitadas), pudiera arrojar que hubo fraude.

Los analistas consideraron que la Misión de Observación de la OEA "no proporcionó evidencia" sobre inconsistencias en el conteo rápido.

De igual manera, afirmaron que había habido politización de un proceso independiente de monitoreo electoral con "afirmaciones sin fundamento que ponen en duda la validez de un recuento electoral".

Según los resultados finales, Morales, del Movimiento Al Socialismo (MAS), obtuvo el 47,08  % de los votos, mientras que Mesa, del partido conservador Comunidad Ciudadana, logró el 36,51 %. Dado el margen de más de 10 puntos porcentuales, que representan 648.439 votos, el mandatario habría logrado la victoria sin necesidad de una segunda vuelta.

Lo que viene

El panorama, con esta nueva actuación de la OEA como observador, se prevé diferente al anterior, puesto que ha reconocido a Áñez como la presidenta de un "Gobierno de transición" y ha pedido que se realicen nuevos comicios presidenciales, previstos para mayo.

En la misma línea, la propia autojuramentada ha agradecido el apoyo de Almagro, "su reconocimiento" a su "Gobierno de transición" y la convocatoria a nuevas elecciones. 

El respaldo entre ambos es mutuo, pues Áñez ha afirmado, a través de su canciller, Karen Longaric, que votará por él para la reelección como secretario general del organismo regional.

Por otra parte, las nuevas autoridades del TSE han sido nombradas por la autoproclamada presidenta interina, lo que en opinión del candidato del MAS, Luis Arce, tendría un impacto negativo en su posibilidad de triunfo, debido que en el proceso participará la propia Áñez.

Ante estas demostraciones mutuas de respaldo, parecería que en esta oportunidad la OEA no encontrará mayores inconsistencias en el próximo proceso electoral.

Nathali Gómez

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