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Madre mexicana usa un dron para buscar a su hijo desaparecido hace 9 años en un "lugar de exterminio"

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Con el dron busca crear un ortomosaico, que permite identificar variaciones en la superficie, como decoloraciones, depresiones o pequeñas colinas, lo que podría indicar la presencia de un cuerpo.
Madre mexicana usa un dron para buscar a su hijo desaparecido hace 9 años en un "lugar de exterminio"

Leticia Hidalgo, una maestra jubilada mexicana, ha emprendido, por manos propias, la búsqueda de su hijo Roy Rivera, desaparecido hace más de nueve años, cuando un comando de hombres armados ingresó a su vivienda, en el estado de Nuevo León (al noreste de México), y se lo llevaron.

La búsqueda la hace con un dron, que aprendió a manejar, en un terreno de cuatro hectáreas, ubicado en el municipio Salinas Victoria de Nuevo León, en lo que considera un posible "lugar de exterminio", puesto que en esa zona han encontrado, en la superficie, decenas de miles de restos humanos carbonizadosreseñó AFP.

En la búsqueda, Hidalgo es acompañada por Angélica Orozco, voluntaria de la organización Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León (FUNDENL). Además, están Eduardo Saucedo, un fiscal especial para personas desaparecidas, y agentes de policía, que vigilan mientras ellas operan el dron.

El plan de Hidalgo con el dron es crear un ortomosáico, una especie de mapa hecho a partir de muchísimas fotografías aéreas donde se pueden medir a escala las distancias, superficies o volúmenes encontrados en el terreno.

La información obtenida la podrán comparar con imágenes de Google, para evaluar la actividad reciente en el lugar.

Esperan que este ortomosáico les permita identificar variaciones en la superficie, como decoloraciones, depresiones o pequeñas colinas, que podrían indicar la presencia de un cuerpo.

Gracias al dron, los antropólogos tendrán ahora "una visión aérea más amplia, más nítida (…) no es necesario gastar horas, hombres, insolarnos de estar caminando", dice Hidalgo.

Métodos de búsqueda previos

Rivera fue secuestrado el 11 de enero de 2011, era estudiante de filosofía y letras. Entre los hombres que se lo llevaron había algunos con uniformes policiales. El joven, entonces de 19 años, junto a su hermano, trataron de encarar al comando, mientras su madre pedía ayuda desde un balcón, pero no pudieron evitar el secuestro.

Hidalgo logró hablar telefónicamente con su hijo, posteriormente, y pagó un rescate para que lo liberaran, acción que no ocurrió. Sin embargo, con esas llamadas comenzó la búsqueda, aprendiendo a rastrear en su computadora la señal GPS del celular.

Pero un día esa señal del teléfono fue apagada. Entonces, comenzó a buscar donde había sospechas de fosas clandestinas, y lo hizo con varillas de metal, en forma de T, que clavaba en la tierra, en busca de olores putrefactos, que confirmaran la presencia de cadáveres en descomposición.

También contrató a un cazador de tesoros, para que le enseñara a detectar metales. Con esa técnica consiguieron cartuchos de balas en los terrenos explorados.

A principios de enero, el subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de México, Alejandro Encinas, informó que la cifra actual de personas desaparecidas en el país, hasta entonces, era de 61.637.

De acuerdo al funcionario, el 97,43 % de las desapariciones en la base de datos del Gobierno federal se registraron a partir de 2006.

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