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Solo miles de años nos separan del impacto de un meteorito que dejó un enorme cráter en Groenlandia

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Un estudio estima que el asteroide que lo provocó cayó hace 11.700 años, o incluso un poco antes, causando fuertes vientos y otros efectos desastrosos.
Solo miles de años nos separan del impacto de un meteorito que dejó un enorme cráter en Groenlandia

El cráter de impacto de 31 kilómetros de diámetro encontrado bajo los glaciares de Groenlandia hace unos años podría ser lo bastante joven como para haberse formado cuando la isla ya estaba cubierta por un escudo de hielo semejante al actual, o incluso más grueso.

Simulaciones por computadora de la caída de un asteroide en el noroeste extremo de la isla ártica han demostrado que la capa de hielo debía de tener entre 1,5 y 2 kilómetros de espesor para que la cuenca dejada por este invasor cósmico en las rocas firmes tuviera el perfil que realmente tiene y que se pudo divisar por debajo de los glaciares de hoy por medio de un radar. La geología asocia este nivel de glaciación a la época del Pleistoceno tardío y, sin tomar en consideración otros métodos de datación, el estudio que resume este modelado propone que ese evento ocurrió entre 2,6 millones de años y 11.700 años atrás.

Fue una época de repetidas glaciaciones durante gran parte de la cual Groenlandia estuvo casi íntegramente cubierta de hielo, aunque de grosor variable. La razón principal para pensar que el meteorito cayó en hielo es que los científicos no detectaron ninguna eyección rocosa a lo largo del perímetro del cráter, como explica el artículo publicado en línea de la edición de julio próximo de la revista Earth and Planetary Science Letters.

Tanto el glaciar que cubre el supuesto lugar del impacto como el propio cráter llevan el nombre del legendario líder del pueblo indígena iroqués Hiawatha. A su vez, el asteroide que los investigadores asocian con esta colisión es bien conocido para la comunidad científica por sus fragmentos metálicos hallados en los siglos XIX y XX en el noroeste de Groenlandia, algunos de los cuales se exponen en museos de Dinamarca y EE.UU. Se trata del llamado meteorito del Cabo York, cuya datación aproximada era de 10.000 años.

"Si bien se han catalogado hasta ahora unas 190 estructuras de impacto, este aparente cráter es interesante porque parece geológicamente joven y bien conservado y, si se confirma, estará entre los más grandes jamás encontrados en la Tierra", comentó la primera autora del estudio publicado al respecto, Elizabeth Silber, de la Universidad Occidental de Ontario (Canadá).

Actualmente el Hiawatha es considerado como el 22.º cráter de impacto más grande del planeta, pero el 'ranking' no tiene en cuenta que el asteroide podía haber perforado hasta dos kilómetros de hielo antes de golpear la roca firme. Los nuevos datos ponen en tela de juicio las estimaciones anteriores del tamaño del objeto espacial que lo habría generado, pero el lecho conservado hizo creer que ese asteroide tenía dos kilómetros de ancho.

Dentro del período marcado por el estudio como el posible tiempo de la caída, ese evento de colisión podría ocupar el lapso más reciente: "Debido a que está muy bien conservado, apunta a una edad posiblemente muy joven, tan joven como el inicio del período Dryas Reciente", dijo Silber en referencia a un lapso de breve enfriamiento global ocurrido hace entre 14.500 y 11.500 años. La alternativa es que fuera mucho más antiguo y conservara las huellas de "los procesos erosivos que podrían haber tenido lugar en aquella zona".

El cuadro que el equipo de Silber vio por medio del modelado es dramático: la colisión generó unos vientos supersónicos de 400 kilómetros por hora que debió de derribar árboles (si es que los había) en un radio de 200 kilómetros. Una bola de fuego candente cuatro veces más grande que el Sol debió de ser visible desde un radio de 500 kilómetros.

Silber es una investigadora que, más que en la geografía y geología de Groenlandia, se ha especializado en la física de los meteoros y los cráteres de impacto en objetos espaciales como Europa, una de las lunas de Júpiter, la luna Titán de Saturno y nuestra Luna. Su método principal ha sido el modelado de impactos a partir de la composición del proyectil y su blanco, y la velocidad de ambos, entre otros factores, lo cual permite valorar los efectos de las ondas de choque que provocan la formación de cráteres.

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