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Un pequeño pueblo español quiere que su costumbre de conversar al aire libre sea Patrimonio de la Humanidad

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Los habitantes del municipio andaluz de Algar aún conservan la tradición de abrir las puertas de sus casas, sacar una silla y entablar una plática con alguien, pero las nuevas tecnologías amenazan con desaparecerla.
Un pequeño pueblo español quiere que su costumbre de conversar al aire libre sea Patrimonio de la Humanidad

El ayuntamiento de un pequeño pueblo ubicado en el sur de España se ha propuesto una meta ambiciosa al buscar que una forma tradicional de socializar al aire libre de sus habitantes, sea declarada como Patrimonio Intangible de la Humanidad por la Unesco, informan medios locales.

Cuando el sol se pone y las temperaturas bajan en pleno verano, los habitantes del municipio andaluz de Algar, en la provincia de Cádiz, aún conservan la costumbre de abrir las puertas de sus casas, sacar unas sillas y entablar una plática entre familiares o vecinos.

Este hábito conocido localmente como 'charla al fresco' consiste en contar historias o discutir sobre cualquier tema: la vida cotidiana, cuestiones del pueblo, el clima, etc. Sin embargo, la televisión y las redes sociales amenazan con desaparecer esta costumbre que se originó mucho antes de los desarrollos tecnológicos.

En un intento de perpetuar esta forma de comunicación, el alcalde de Algar, José Carlos Sánchez Barea, recientemente solicitó que incluyeran la práctica en el listado de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la Unesco. Para impulsar su iniciativa, el ayuntamiento también invitó la semana pasada a los vecinos que salieran a la puerta de sus casas con una silla a conversar.

"Yo vi que se estaba perdiendo. Había una parte de la población, la gente mayor, que mantenía esa tradición, pero una gran parte de la población ya no. Nuestro lema ha sido que las redes sociales no acaben con una de nuestras tradiciones más populares. Una cosa no quita la otra. No debemos de perder lo popular", puntualizó el burgomaestre.

Sánchez también considera que es una forma de mantener el contacto y combatir la soledad. En todo caso, Algar, que cuenta con poco más de 1.400 personas, ya dio el primer paso para ayudar a conservar esta tradición, y sus habitantes ilusionados con la iniciativa ahora tienen algo más de qué hablar.

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