La política extraterritorial del presidente de EE.UU., Donald Trump, trazada en lo que él mismo ha llamado como la "doctrina Donroe", no solo apunta a intentar encaminar a su país como el mandamás de América Latina y el Caribe sino también a frenar la presencia de China en la región para tratar de recuperar el terreno que ha perdido en lo que Washington considera como su "patio trasero".
La Administración Trump apuesta a una postura intervencionista con el fin de presionar y replegar a sus "enemigos" regionales y globales, por lo que la presencia china en Latinoamérica —y también la rusa— contraviene a sus intereses, una situación que pone incluso a sus propios socios a debatirse entre mantener las relaciones comerciales y convenios con el gigante asiático, o hacerlos a un lado para complacer el tutelaje norteamericano.
En medio de este torbellino, China se mantiene firme en sus lazos comerciales, especialmente en áreas fundamentales como transporte, construcción, energía y, específicamente, el petróleo, un área que es también prioritaria para EE.UU., como ha dejado claro el propio Trump luego de la intervención militar en Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, para aumentar la presión armada y continuada contra Caracas.
Mientras EE.UU. aplica la ley del garrote, China defiende su cooperación con Latinoamérica como legítima y basada en el derecho internacional, mientras advierte de que Washington solo aspira a mantener su hegemonía al obstaculizar la cooperación Sur-Sur. Esto lo hace mediante una política autoritaria que se traduce en la imposición de sanciones, cercos económicos, aranceles, amenazas bélicas, entre otros actos de injerencia, como la practicada en Venezuela y en otros países que han sido advertidos de que les podría pasar lo mismo si no se suman a la 'doctrina Donroe'.
El matonismo de Trump se ha hecho más evidente tras los bombardeos ejecutados en Venezuela que dejaron más de 100 personas fallecidas. Su política de máxima presión contra Caracas se ha tornado pública con mensajes claros de que tras el secuestro de Maduro, EE.UU. controlará todo su petróleo y los ingresos de ese sector, además de otros recursos energéticos y naturales necesarios para Washington, que dispondrá a su antojo —según Trump— de estas riquezas.
Trump además advierte de que no le importa el derecho internacional, por lo que su política de acoso ha pasado ahora a una nueva etapa en la que la agresión armada cobra protagonismo y se hace presente. A pesar de ello, China mantiene su influencia en América Latina, lo hace con inversión, préstamos y un comercio activo que impacta en la economía de la región, a tal punto que a pesar de la dura política estadounidense, muchos países, incluso aliados de Trump, como la Argentina de Javier Milei, señalan que no cortarán las relaciones comerciales con Pekín.
Cooperación contra subordinación
Mientras China plantea a sus aliados estrechar lazos bajo convenios de cooperación para el desarrollo común, EE.UU. se planta como el jefe de la región bajo el concepto de que se le debe hacer caso o sino sus detractores sufrirán consecuencias. "Defendemos el principio de no interferencia en los asuntos internos de otros países, respetamos la elección de los pueblos de América Latina y el Caribe (ALC) y nunca trazamos líneas por diferencias ideológicas", dijo, en particular, esta semana el portavoz de la Cancillería china, Lin Jian, agregando que los intercambios y la cooperación entre Pekín y ALC siguen los principios de igualdad y beneficio mutuo, y nunca buscan esfera de influencia ni apuntan a ninguna parte.
El gigante asiático ofrece infraestructura, compra materias primas y se posiciona como alternativa a la presión arancelaria de Trump, mientras que Washington apuesta a la imposición y a la política de "EE.UU. primero". Además, Pekín busca consolidar su influencia a través de grandes inversiones, mientras Washington insiste en limitar su expansión estratégica.
En medio de este escenario los países de Latinoamérica se ven obligados a equilibrar sus relaciones, ya que EE.UU. presiona geopolíticamente y China ofrece oportunidades económicas. De hecho, varios países de la región tienen fuertes lazos comerciales con Pekín y sus compromisos incluso son sumamente difíciles de cortar por la sola petición de la Administración Trump, una difícil encrucijada que ahora toca la puerta a toda la región.
Fuerte presencia de China en Latinoamérica
La búsqueda de China de estrechar lazos con América Latina comenzó hace dos décadas. En aquel entonces, las empresas chinas recorrían el mundo en busca de cobre, petróleo y mineral de hierro para impulsar el vertiginoso crecimiento económico del gigante asiático. Los bancos chinos otorgaron préstamos cada vez mayores a países latinoamericanos a cambio de petróleo y minerales esenciales, y de paso, China comenzó a construir ferrocarriles y carreteras y a vender sus productos. Desde entonces, Pekín ha desplazado económicamente a Washington en 10 de los 12 países de Sudamérica, según una investigación de Francisco Urdinez, profesor asociado de Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, citada por The New York Times. China participa ahora más en comercio, inversión y financiación del desarrollo que Estados Unidos en la mayor parte de la región, incluida Centroamérica.
Así, el comercio de China con Latinoamérica superaba para 2024 los 500.000 millones de dólares. Su presencia está en todas partes. Mineras chinas extraen cobre en Perú y litio en Argentina. Empresas agrícolas chinas importan en grandes cantidades la soja de Brasil, y su presencia tecnológica y automotriz cobra cada vez más protagonismo en todos los países de la región. Las marcas chinas tienen cada vez más presencia en el mercado latinoamericano. En México, los concesionarios venden automóviles Chery y sedanes MG a gasolina. En Brasil, la cadena de comida rápida Mixue vende helados, la plataforma de comercio electrónico Meituan ofrece alimentos y el servicio de transporte Didi ofrece desplazamientos a sus clientes. En Perú, Venezuela y otros países, los 'smartphones' Xiaomi y de otras marcas chinas son populares.
"Cientos de empresas chinas, y de 5 a 10 bancos de China, están sobre el terreno en América Latina y no estaban activos hace 20 años", señaló Urdinez. "China no ha reemplazado la hegemonía de Estados Unidos, pero ha erosionado la influencia que Washington tuvo en los años 1980 y 1990", añadió.
América Latina creció con una variedad de productos de fábricas chinas, desde piezas de automóviles, dispositivos electrónicos y electrodomésticos hasta equipos para satélites e infraestructura espacial, otra área donde China ha invertido mucho. La región, a su vez, se convirtió en la fuente más importante de minerales críticos de Pekín, incluidas las tierras raras, una industria sobre la que la nación asiática tiene un control global casi total.
Asimismo, el gigante asiático es la mayor fuente oficial de ayuda y crédito de América Latina, que ofreció un estimado de 303.000 millones de dólares en financiamiento en toda la región entre 2000 y 2023, según el instituto de investigación estadounidense AidData. Entre 2014 y 2023, por cada dólar prestado o dado en ayuda de EE.UU. a América Latina y el Caribe, China proporcionó tres dólares, señaló Brad Parks, director ejecutivo de la institución.
¿Desafíos para China o para EE.UU.?
En ese contexto, Trump ha señalado en varias ocasiones que quiere frenar los avances de China en la región. Por ejemplo, en diciembre, el republicano publicó una estrategia de seguridad nacional que afirmaba que negaría a los "competidores" de fuera del hemisferio occidental la capacidad "de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio". La nueva estrategia de Washington "se centra explícitamente en la influencia de China en América Latina, que planteará ciertos desafíos a la inversión china", explicó Tao Zhigang, economista chino.
Incluso antes del reciente ataque contra Venezuela, que terminó con el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, y tomó el control del petróleo del país, el inquilino de la Casa Blanca había amenazado con "recuperar" el canal de Panamá. Acusó al principal operador portuario del canal, el conglomerado de Hong Kong CK Hutchison Holdings, de ser una extensión del Partido Comunista de China. Además, llamó la atención a México por ser una "puerta trasera" de Estados Unidos para los productos chinos. También ha tratado de utilizar un arancel del 50 % a Brasil para asegurar un acuerdo comercial que limita la inversión china en el país.
Así, algunos analistas señalaron que el mundo de los negocios de China en Latinoamérica está en alerta. En particular, un consorcio de empresas chinas que está desarrollando una importante mina de cobre en Ecuador dijo esta semana que pondría el proyecto en espera, citando una situación política "volátil" en el país. China y Ecuador firmaron un acuerdo de libre comercio en 2023. "Es normal y comprensible que algunas empresas chinas puedan detener sus inversiones después de un evento geopolítico tan repentino", indicó Cui Shoujun, director del Centro de Investigación de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Renmin en Pekín, refiriéndose al secuestro de Maduro.
"¿EE.UU. solo está preocupado por el elemento defensivo de la competencia con China o EE.UU. va a ofrecer una jugada ofensiva creíble?", se preguntó, a su vez, Henrietta Levin, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington. "China ha establecido una posición tan poderosa dentro del 'status quo' económico que será un desafío para la Administración [de EE.UU.] contrarrestarlo todo de manera efectiva", dijo.
Varios grandes países latinoamericanos, incluidos Brasil, México, Chile y Colombia, han denunciado las acciones de Trump en Venezuela, algo que, según Cui, podría fortalecer los lazos de China con esos países. Además, añadió que era imposible que China y Latinoamérica se distanciaran: "¿A quién le venderá Latinoamérica su soja y maíz?".
Agresión de EE.UU. en Venezuela
- Bajo el pretexto de la lucha contra el narcoterrorismo, EE.UU. lanzó el pasado sábado una agresión militar masiva en territorio venezolano, que afectó a Caracas y los estados de Miranda, Aragua y La Guaira. La operación concluyó con el secuestro de Maduro de y su esposa, Cilia Flores.
- Caracas calificó las acciones de Washington como una "gravísima agresión militar" y advirtió que el objetivo de los ataques "no es otro que apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales, intentando quebrar por la fuerza la independencia política de la nación".
- El mandatario venezolano y la primera dama fueron trasladados al país norteamericano y actualmente se encuentran recluidos en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, en Nueva York.
- Maduro se declaró inocente en su primera audiencia ante la Justicia de EE.UU., en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, donde fue acusado de narcoterrorismo.
- La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, juró como presidenta encargada.
- Muchos países del mundo, entre ellos Rusia, instaron a liberar a Maduro y a su esposa. Moscú repudió el ataque y señaló que Venezuela debe tener el derecho de decidir su destino sin ningún tipo de intervención desde el exterior.





