Los vastos yacimientos de tierras raras en Brasil pudieran ser la carta negociadora del Gobierno del país suramericano para distender aún más las relaciones con EE.UU., en un contexto de incertidumbre regional tras la agresión militar contra Venezuela.
Brasil tiene la segunda mayor reserva mundial de tierras raras, un grupo de 17 elementos metálicos indispensables para la fabricación de productos tecnológicos, entre los que se encuentran dispositivos electrónicos, autos eléctricos, drones, robots y turbinas eólicas, entre otros.
La Administración de Donald Trump estaría a la caza de fuentes alternativas de obtención de estos recursos estratégicos luego de que China restringiera sus exportaciones de tierras raras en reacción al llamado garrote arancelario del mandatario estadounidense.

El "socio potencial"
Entre las alternativas que Washington pudiera estar considerando se encuentra Brasil, a quien podría considerar como su "socio potencial" en este aspecto, según varias fuentes anónimas consultadas por Financial Times.
Ambos países, recoge The New York Times, desde hace años han mantenido conversaciones discretas sobre posibles alianzas, que pasan por la inversión y participación de EE.UU. en la explotación de las vastas reservas de tierras raras, sin embargo, aún no han llegado a un acuerdo.
En esta línea, en octubre pasado, el encargado de negocios de EE.UU. en Brasil, Gabriel Escobar, se reunió con ejecutivos de la industria minera para hablar sobre tierras raras y para discutir las asociaciones que podrían conformarse entre empresas estadounidenses y brasileñas, según divulgó Reuters.

Al respecto, el mandatario brasileño ha sido tajante: "No vamos a ser exportadores de minerales críticos. Si quieren, van a tener que industrializar nuestro país", recoge Folha de Sao Paulo. Asimismo, ha dicho que esos recursos estratégicos pertenecen al pueblo brasileño y que se reserva el derecho de que su manejo se haga de forma soberana.
Una puerta entreabierta
Aunque los pronósticos hasta mediados del año pasado sobre esta alianza no eran halagüeños, puesto que EE.UU. impuso aranceles a la nación suramericana, las recientes conversaciones telefónicas entre los mandatarios de ambos países disiparon las tensiones y abrieron la puerta a nuevas inversiones.
Si bien Lula llegó a manifestar que había tenido buena "química" con Donald Trump, la operación militar en Venezuela, que culminó con el secuestro del presidente, Nicolás Maduro, podría agregar un factor de tensión en la región, donde EE.UU. mantiene un despliegue marítimo desde agosto pasado.
Otro factor que podría torpedear las intenciones de EE.UU. son las aspiraciones de la Unión Europea. En días pasados, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseveró que ese bloque negocia un acuerdo con el país suramericano para inversiones conjuntas en litio, níquel y tierras raras, según G1.


