Las crisis de contaminación de fórmulas infantiles, que han provocado retiros del mercado en todo el mundo, ponen de relieve un problema recurrente en la nutrición infantil: cuanto más sofisticadas se vuelven, más difícil es mantenerlas seguras, según un reportaje publicado este miércoles por la agencia Bloomberg.
En Francia, las autoridades investigan la muerte de dos bebés que consumieron fórmulas potencialmente contaminadas, lo que reaviva los temores sobre los riesgos en un mercado global dominado por Nestlé, Danone y Abbott Laboratories.
Mientras tanto, las autoridades sanitarias de EE.UU. investigan hospitalizaciones vinculadas a la fórmula de ByHeart., una empresa emergente local de rápido crecimiento. En conjunto, estos casos exponen las debilidades de una industria que durante mucho tiempo ha luchado por encontrar un equilibrio entre la innovación nutricional y la seguridad.
A menudo descritas como uno de los alimentos con mayor regulación del mundo, las fórmulas infantiles se han visto repetidamente afectadas por alertas de contaminación, cierres de plantas y crisis de suministro, como la escasez de 2022 en EE.UU. vinculada a Abbott.
En los últimos años, fabricantes como Nestlé, Danone y Reckitt Benckiser Group han intentado aproximar sus productos a la leche materna añadiendo ácidos grasos de laboratorio y otros compuestos, diseñados para cumplir con las directrices médicas y las expectativas de los padres.
Acido araquidónico
Los retiros recientes se centran en el aceite de ácido araquidónico (ARA), un ácido graso añadido para favorecer el desarrollo cerebral e inmunitario del bebé. Aunque se ha usado desde hace décadas, su producción se ha expandido rápidamente con la evolución de los estándares nutricionales y la entrada de nuevos productores al mercado.
Algunos críticos señalan que el problema no radica solo en la presión competitiva por diferenciar los productos con ingredientes añadidos, que pueden ofrecer beneficios limitados, sino que ello introduce nuevos riesgos.
"La autorregulación de la industria no está funcionando bien y está teniendo consecuencias devastadoras para un pequeño número de bebés", declaró Bob Boyle, médico e investigador en pediatría del Imperial College de Londres. Aclaró que ingredientes como el ARA son opcionales y su principal función es "respaldar las afirmaciones de marketing", si bien la Academia Europea de Pediatría sí recomienda su inclusión en fórmulas infantiles.
Los padres, por su parte, buscan ofrecer la mejor nutrición posible a sus bebés y están más atentos que nunca a los ingredientes, en particular a las afirmaciones que destacan el parecido con la leche materna.
En cuanto a toxinas, una de las más problemáticas en un alimento para lactantes es la cereulida. No se destruye con el calor, es demasiado pequeña para filtrarse y, incluso en cantidades mínimas, puede causar vómitos, náuseas, diarrea o problemas más graves. Los fabricantes de fórmulas infantiles nunca han tenido que realizar pruebas de 'Clostridium botulinum' —esporas que pueden causar botulismo— porque nunca se ha documentado que contaminen la fórmula.
Coordinación regulatoria
La Unión Europea, junto con Suiza y Noruega, debatirán este miércoles la modificación de los límites aceptables de cereulida en fórmulas infantiles para coordinar su regulación, según una persona familiarizada con el asunto.
En EE.UU., la Administración Trump anunció en marzo de 2025 el programa 'Operación Velocidad de Cigüeña', que promete un análisis exhaustivo de los nutrientes utilizados en fórmulas y un aumento de las pruebas para detectar metales pesados y otros contaminantes.
El secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., anunció la semana pasada que la revisión de metales pesados se publicaría en abril. "Vamos a regular a las empresas de fórmulas infantiles para que ofrezcan algo lo más parecido posible a la leche materna", declaró el funcionario, quien ha apoyado la lactancia como parte de su campaña 'Make America Healthy Again' (Hacer EE.UU. saludable de nuevo, en inglés).
Menos de la mitad de los bebés menores de seis meses reciben lactancia materna exclusiva, a pesar de que es una de las maneras más eficaces de garantizar su salud y supervivencia, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El organismo se opone a la comercialización agresiva de las fórmulas infantiles —cuyo mercado global se valoró en unos 87.800 millones de dólares el año pasado—, argumentando que fomenta un mayor consumo y expone a los bebés a riesgos adicionales de la cadena de suministro alimentario.




