Líder supremo de Irán se dirige al pueblo: ¿qué dijo?

El ayatolá Alí Jameneí instó a acudir masivamente a las manifestaciones dedicadas a la Revolución Islámica, explicando que muestran al mundo la fuerza del país.

En medio de las amenazas de EE.UU., el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, llamó a la población a acudir masivamente a las marchas dedicadas al 47.º aniversario de la Revolución Islámica, y afirmó que la presencia en las calles debe "decepcionar al enemigo" y obligar a los rivales del país persa a retroceder. Así lo afirmó en un mensaje televisado dirigido a la nación.

Jameneí recordó que, con la revolución de 1979, Irán "logró liberarse de la injerencia de los extranjeros", que desde entonces "siempre han querido restaurar la situación anterior". A su juicio, la marcha anual es una expresión única en el mundo: "No conocemos ningún otro país que, después de tantos años, el Día de la Independencia y el Día Nacional se vea acompañado cada año por concentraciones tan numerosas en todo el país", afirmó.

El líder supremo sostuvo que las manifestaciones muestran al mundo la fuerza de la nación y obligan a retroceder a quienes "ambicionan" la República Islámica y los intereses del pueblo iraní.

También hizo énfasis en que el poder nacional "está más ligado a la voluntad y la resiliencia de las naciones, que a los misiles y los aviones". En esta línea, señaló que los iraníes ya han demostrado esa determinación e instó a seguir haciéndolo "en diversas circunstancias para decepcionar al enemigo". "Mientras el enemigo no se desanime, una nación seguirá expuesta al acoso y al daño. Hay que decepcionar al enemigo", reiteró.

Según su mensaje, esa "decepción" del adversario se logra mediante "la unidad, la fuerza del pensamiento y de la voluntad, la motivación y la firmeza frente a las tentaciones del enemigo", elementos que, aseguró, son los que constituyen el poder nacional.

Jameneí expresó el deseo de que los jóvenes iraníes avancen cada vez más en distintos campos —ciencia, acción, piedad y moral, progresos materiales y espirituales— honrando al país.