Los cinco puntos calientes que busca apagar el Gobierno de De la Espriella en Colombia

El mandatario entrante recibe un país gobernado por la izquierda, con la que tiene profundas diferencias ideológicas.

El presidente Abelardo de la Espriella recibe a una Colombia que estuvo dirigida cuatro años por el progresismo, ubicado en las antípodas de su visión política.

El abanderado de Defensores de la Patria ha dicho que la Administración de Gustavo Petro fue "la más corrupta de la historia" y ha prometido darle un vuelco a la forma de manejar el país

Esta decisión podría ser un desencadenante para que la nación suramericana retorne a un punto similar al que se encontraba en 2019 y 2021, cuando estallaron las manifestaciones en rechazo al abandono estatal y a la criminalización de la protesta, en medio de un clima de ingobernabilidad.

Con este cambio de giro en Colombia, el país se alinea a los gobiernos conservadores y de derecha que han ganado terreno en Suramérica, bajo la venia de EE.UU.

En este caso, la reticencia podría venir del interior del país y de esa casi mitad de votantes que escogió al excandidato Iván Cepeda como el sucesor de Petro.

¿Una alianza entre la izquierda y la derecha?

La reciente elección del presidente del Senado dejó una advertencia para el entrante Gobierno. Y es que ocurrió lo que pareciera haber sido imposible durante la Administración de Petro: la bancada uribista y la oficialista se unieron para apoyar a un mismo candidato a la jefatura del Legislativo.

Esta maniobra ha sido considerada como "la primera gran derrota" de De la Espriella, puesto que los diputados del uribismo se aliaron con sus adversarios del Pacto Histórico para votar por Honorio Henríquez, senador del Centro Democrático, quien se impuso sobre Alfredo Deluque, el favorito del derechista.

Así, en medio de la distancia que ha ido creciendo entre el expresidente Álvaro Uribe y el presidente electo, la izquierda pareciera aprovechar los resquicios de esa fractura en la derecha para mantener su influencia en el Parlamento y prepararse para actuar como contrapeso de las propuestas presidenciales ante el Congreso.

En las elecciones generales, el Pacto Histórico obtuvo 26 escaños en el Senado, incluyendo a Iván Cepeda, a quien le corresponde ser senador por haber quedado en segundo lugar en las presidenciales; mientras que el Centro Democrático alcanzó 17, lo que hace que ambas agrupaciones sean las que tienen la mayor cantidad de legisladores, aunque no cuenten con la mayoría absoluta.

Un país más polarizado que nunca

Si bien la polarización ha sido una constante en la vida política colombiana, los pasados comicios dejaron en evidencia esta tendencia a través de los números. Mientras que el candidato de Defensores de la Patria obtuvo 12.901.860 votos, su contendor, Iván Cepeda, le siguió de cerca con 12.646.859. La diferencia entre ambos es de apenas 255.001 sufragios.

Esta corta brecha podría ser el caldo de cultivo para que tenga peso el descontento de la otra mitad de los votantes, que además tiene como base las denuncias de supuesto fraude hechas por el presidente saliente y la desconfianza que generan entre el progresismo las acciones de un Gobierno de ultraderecha.

De la Espriella queda en una posición vulnerable frente a la posibilidad de que sus planes de seguridad y de libre mercado causen descontento popular, tal como ocurrió en las protestas de 2019 y en 2021, durante la Administración de Iván Duque. Estas movilizaciones, conocidas como Paro Nacional, allanaron el camino para la llegada del primer Gobierno de la izquierda al país suramericano.

¿La muerte de la 'paz total'?

La política de Estado de la 'paz total' fue una de las banderas de la Administración de Petro, que se hizo ley. Con esta propuesta, el mandatario saliente propuso que distintos grupos armados —entre ellos el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las disidencias de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y las organizaciones narcoparacriminales como el Clan del Golfo— dejaran las armas y se plegaran a un acuerdo de paz.

Sobre el terreno, sin embargo, la situación fue mucho más compleja: hubo entrampamientos, violaciones al alto al fuego por parte de los grupos armados y dilatación de las acciones necesarias para acelerar la implementación de la política estatal desde el Legislativo.

En su discurso de instalación del Congreso, Petro manifestó que históricamente en el país, los procesos de diálogo y paz han traído la caída de la tasa de homicidios. No obstante, reconoció que su Gobierno "no ha logrado la paz total".

De la Espriella ha sido claro: su gestión firmará el acta de defunción de la 'paz total' y el país retomará la política de los gobiernos anteriores de 'guerra total' a los grupos armados. Días antes de posesionarse en el cargo, envió una amenaza a las organizaciones armadas y criminales: "Tienen 10 días para entregarse. Si no se someten, van a ser dados de baja, como en derecho corresponde, y se van a acordar de mí", manifestó.

Las relaciones con los principales aliados

Colombia siempre fue el principal aliado estratégico en la región de EE.UU. e Israel hasta la llegada de Petro, que tuvo una relación tirante con Washington y rompió lazos diplomáticos con Tel Aviv, tras sus ataques contra la población civil de la Franja de Gaza.

Las fricciones con la Casa Blanca comenzaron en la Administración de Donald Trump. Los reproches del líder del Pacto Histórico se centraron en la participación estadounidense en la agresión en la Franja de Gaza; su política antimigratoria; el asedio y bombardeo de embarcaciones en el Caribe y el Pacífico y el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

El punto más álgido llegó cuando las autoridades de EE.UU. decidieron no 'certificar' a Colombia como país cooperador en la lucha contra el narcotráfico, lo que generó una intensa crisis diplomática entre los dos países que se vio incrementada por el llamado de Petro a los militares estadounidenses para que desobedecieran las órdenes de Trump, lo que culminó con la remoción del visado para viajar al país norteamericano.

El presidente electo anunció que su país formará parte del Escudo de las Américas y que coordinará acciones con EE.UU. para combatir el narcotráfico, lo que resultó ser un fracaso en el pasado con el llamado 'Plan Colombia'. En cuanto a Israel, ya manifestó que se reabrirá la Embajada en Jerusalén.

Sobre su relación con el mundo, De la Espriella adelantó que cerrará las embajadas de Argelia, Azerbaiyán, Barbados, Cuba, República Checa, Etiopía, Ghana, Haití, Hungría, Malasia, Nicaragua, Rumanía, Senegal y Sudáfrica; al tiempo que prescindirá de cerca de 15 consulados.

El destino incierto de los beneficios sociales

El país suramericano ha sido uno de los más desiguales del mundo, a lo largo de los años. Las clases políticas, en alianza con el empresariado y el narcotráfico, monopolizaron los ingresos, sin darle espacio a la población más vulnerable y golpeada por el conflicto armado. 

En la gestión de Petro, según las cifras oficiales, hubo una disminución de la pobreza, un crecimiento de la clase media y una caída del desempleo, que habría llegado a su nivel más bajo en el siglo, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

El Gobierno de Petro deja indicadores como la salida de cinco millones de personas de la pobreza monetaria y de dos millones de la pobreza monetaria extrema.  Asimismo, el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad, tuvo una reducción histórica de 0,55 a 0,51.

En cuanto a sus reformas sociales, que fueron torpedeadas por el Congreso, fueron aprobadas la laboral y la pensional, que apuntaron a la mejora de los trabajadores y de los jubilados. Sin embargo, la reforma de la salud sigue siendo un tema pendiente.

Las voces críticas han alertado sobre la propuesta del presidente entrante de someter a observación los subsidios a sectores vulnerables, disminuir el tamaño del Estado y destruir la Jurisdicción Especial de la Paz (JEP), que ha sido la encargada de investigar, juzgar y condenar los delitos cometidos durante el conflicto armado y reparar a las víctimas.