Chile 11.09.1973

Chile 11.09.1973

"Misión cumplida.
Moneda tomada.
presidente muerto"

Las seis palabras, en estricto orden marcial, conformaron el mensaje que el general Javier Palacios le envió a sus superiores a las 14:38 del 11 de septiembre de 1973.

El golpe se consumó. El gobierno democrático de Allende dejó de existir.

Esa jornada, con el irrestricto apoyo de Washington, ocurrió el génesis del estado policial sangriento que torturó, encarceló y mató a miles de chilenos.

El Palacio de La Moneda, atacado por tanques a corta distancia, mientras que aviones lo bombardean durante el golpe militar contra el gobierno del presidente Salvador Allende.
El Palacio de La Moneda, atacado por tanques a corta distancia, mientras que aviones lo bombardean durante el golpe militar contra el gobierno del presidente Salvador Allende.
Un soldado del Ejército chileno vigila a los presos políticos detenidos en el Estadio Nacional de Santiago, el 11 de septiembre de 1973.
Un soldado del Ejército chileno vigila a los presos políticos detenidos en el Estadio Nacional de Santiago, el 11 de septiembre de 1973.
Víctimas del golpe contra el presidente Salvador Allende.
Víctimas del golpe contra el presidente Salvador Allende.
Víctimas del golpe contra el presidente Salvador Allende.
Víctimas del golpe contra el presidente Salvador Allende.

"EN LOS ESTADOS UNIDOS,
COMO USTED SABE,
SOMOS SIMPATIZANTES CON LO QUE ESTÁ TRATANDO DE HACER AQUÍ.

LE DESEAMOS BIEN A SU GOBIERNO"

Las tranquilizadoras palabras salieron de la boca de Henry Kissinger tres años después de ese golpe. Porque sí, en la Casa Blanca estaban contentos. Aunque el funcionario visitó Chile en 1976, con el supuesto propósito de castigar al régimen de Pinochet por el uso de la tortura y otras violaciones de los derechos humanos, en realidad sostuvo una reunión secreta con el dictador para asegurarle, en privado, que podría ignorar la reprimenda pública que estaba a punto de darle. ¿La razón? La caída del Gobierno socialista fue zurcida al dedillo por EE.UU.

Pinochet saluda a Kissinger en su despacho en Santiago, el 8 de junio de 1976. Kissinger le dejó claro a Pinochet que su crítica pública era solo un espectáculo y parte de un esfuerzo por aplacar al Congreso de los Estados Unidos. Durante su charla privada, Kissinger enfatizó que él y la administración Ford estaban del lado de Pinochet
Pinochet saluda a Kissinger en su despacho en Santiago, el 8 de junio de 1976. Kissinger le dejó claro a Pinochet que su crítica pública era solo un espectáculo y parte de un esfuerzo por aplacar al Congreso de los Estados Unidos. Durante su charla privada, Kissinger enfatizó que él y la administración Ford estaban del lado de Pinochet

EL MAYOR ESFUERZO ENCUBIERTO

'El día decisivo' tuvo años para planificarse. Para EE.UU., la llegada de un socialista como Salvador Allende a la presidencia de Chile era una piedra tan insoportable que intentó quitarla cuanto antes del camino. Las advertencias contra el "marxista" ya rondaban en los cables de la Agencia Central de Inteligencia desde 1959.

Salvador Allende
Salvador Allende

La preocupación seguiría latente durante los años siguientes. Un memorando del entonces secretario de Estado, Dean Rusk, a la Casa Blanca, fechado el 14 de agosto de 1964, decía: "Estamos haciendo nuestro mayor esfuerzo encubierto para reducir la posibilidad de que Chile sea el primer país americano en elegir como presidente a un marxista declarado".

El candidato presidencial socialista Salvador Allende se dirige a la multitud en Santiago, el 30 de agosto de 1970.
El candidato presidencial socialista Salvador Allende se dirige a la multitud en Santiago, el 30 de agosto de 1970.
Letter
Socialist presidential candidate Salvador Allende, addresses the crowd in Santiago, Chile, August 30, 1970. Socialist presidential candidate Salvador Allende, addresses the crowd in Santiago, Chile, August 30, 1970.
Varios grupos de mineros con pancartas saludando al ’Gobierno del pueblo’ participan en los actos festivos con motivo del primer aniversario del gobierno de Salvador Allende en el Estadio Nacional, el 4 de noviembre de 1971.

Ya a finales de la década de los 60, con Nixon en el poder, EE.UU. lo tenía claro: había que evitar a toda costa que Allende llegara a la presidencia. La paranoia anticomunista del inquilino de la Casa Blanca era el aliciente necesario para esa empresa, que no solo se circunscribió a Chile, sino que se extendió por todo el mundo para intentar apagar cualquier fulguración de izquierdas.

Una manifestación en apoyo de Allende
Una manifestación en apoyo de Allende

La tragedia chilena tiene varias causas y diferentes caras. Contradicciones económicas, políticas y sociales irreconciliables desgarraban el país. Pero una de estas causas es particularmente abominable: la intervención externa de un país acostumbrado a romper el mundo a su manera y en su propio interés, sin importarle las consecuencias para el destino de personas inocentes.

Una manifestación a finales de agosto de 1973
Una manifestación a finales de agosto de 1973

el día D

Presidential Palace, La Moneda, in flames as tanks fire at point blank range as it was bombed by jets as the three armed forces and national poloce toppled the government of President Salvador Allende.

"No veo por qué tenemos
que esperar y permitir
que un país se vuelva
comunista
debido a la irresponsabilidad
de su propio pueblo"

Esta frase fue pronunciada por Kissinger en junio de 1970, unos meses antes del triunfo electoral de Allende, en una reunión del Comité 40, un organismo secreto de alto nivel creado para planificar y aprobar las operaciones encubiertas de la CIA a nivel gubernamental

Kissinger, el consejero de Seguridad Nacional en la administración de Nixon, era la cabeza de ese comité integrado además por el presidente de la Junta de jefes del Estado Mayor, general George Brown; el subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, Joseph Sisco, y el director de la CIA, Richard Helms.

Su estilo arrogante y tutelar iba a juego con el espíritu hegemónico de la política de EE.UU., un país dispuesto a moldear —y doblegar— el mundo al son de sus apetencias. Por eso, las reuniones de aquel comité sirvieron para debatir las medidas que impidieran un gobierno socialista en Chile.

George Brown Jefe del Estado Mayor EE.UU.
George Brown
Jefe del Estado Mayor EE.UU.
Richard Helms
Richard Helms
Director de la CIA
1966-1973
Joseph Sisco
Joseph Sisco
Subsecretario de Estado para Asuntos Políticos

Los esfuerzos del Comité 40, sin embargo, fueron insuficientes. Tras las elecciones de 1970, Allende fue electo y la apuesta de Washington y la CIA subió de nivel: ahora, el objetivo era deponer un Gobierno.

La certeza de esa determinación es inapelable a la luz de los documentos desclasificados en la actualidad, que demuestran años de injerencia estadounidense en la política del país austral. No era la única causa, pero definitivamente la tragedia chilena, con sus muertos, con el sufrimiento de la población y la cruenta dictadura de Pinochet, tuvo el sello de la CIA y del Gobierno de EE.UU., sin que ninguno de los responsables, hasta hoy, hayan sido juzgados.

La certeza de esa determinación es inapelable a la luz de los documentos declasificados en la actualidad, que demuestran años de injerencia estadounidense en la política del país austral. La tragedia chilena, con sus muertos, con el sufrimiento de la población y la cruenta dictadura de Pinochet, tuvo el sello de la CIA y del gobierno de EE.UU. sin que ninguno de los responsables, hasta hoy, hayan sido juzgados.
Chilenos yacen en el suelo tras ser detenidos por los militares durante el golpe de Estado contra el gobierno del presidente Salvador Allende, Santiago, el 11 de septiembre de 1973.
Chilenos yacen en el suelo tras ser detenidos por los militares durante el golpe de Estado contra el gobierno del presidente Salvador Allende, Santiago, el 11 de septiembre de 1973.
36,3%

ANTECEDENTES
DEL GOLPE

El 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende (del partido Unidad Popular) se alzó con la victoria electoral en Chile al obtener 1.070.334 votos, que le dieron una mayoría relativa de 36,2 %, frente al 34,9% alcanzado por Jorge Alessandri (independiente con respaldo de la derecha) y el 27,8 % logrado por Radomiro Tomic (Democracia Cristiana). Con ese escrutinio, la decisión debía ser ratificada por el pleno del Congreso, en una sesión prevista para el 24 de octubre siguiente.

Salvador Allende habla ante una multitud en Santiago de Chile
Salvador Allende habla ante una multitud en Santiago de Chile

Cuatro días después de los resultados, los integrantes del Comité 40 empezaron a evaluar las opciones que tenían para actuar contra Allende, ya que era "poco probable que pudieran influir en las elecciones parlamentarias del 24 de octubre".

Según refiere uno de los documentos de la época, al director de la CIA le preocupaba el apoyo del Ejército chileno a Allende porque "parecía" que le podrían respaldar en caso de un golpe de Estado. Como resultado de toda esta información, el Comité decidió que necesitaba un análisis de dos escenarios:

  • • Un análisis de coste-beneficio de organizar un golpe militar (chileno);
  • • Un análisis de coste-beneficio de organizar la oposición a Allende para derrocarle.

Esto dejaba a Henry Kissinger dos opciones: la maniobra política o el uso de la fuerza directa.

"NINGUNA PIEDRA SIN MOVER"

El 15 de septiembre de 1970, Nixon ordenó al director de la CIA, Richard Helms, que fomentara en secreto la desestabilización en el país y creara las condiciones favorables para un golpe que impidiera que Allende se convirtiera en presidente de Chile. "No hay que dejar ninguna piedra sin mover para obstruir la elección de Allende", le dijo.

La primera acción táctica era el asesinato del comandante en jefe de Ejército, René Schneider.

René Schneider Comandante del Ejército de Chile 1969-1970
René Schneider
Comandante del Ejército de Chile 1969-1970
Salvador Allende habla ante una multitud en Santiago de Chile
Salvador Allende habla ante una multitud en Santiago de Chile
René Schneider Comandante del Ejército de Chile 1969-1970
René Schneider
Comandante del Ejército de Chile 1969-1970

50.000 DÓLARES,
50.000 DÓLARES,
METRALLETAS Y
METRALLETAS Y
GAS LACRIMÓGENO
GAS LACRIMÓGENO

Era jueves. A las 8:15 de la mañana del 22 de octubre de 1970, el general Schneider salió de su casa, ubicada en la comuna de Las Condes, para dirigirse a la Comandancia del Ejército, en el centro de la ciudad de Santiago. Lo que ignoraba era que su cabeza era el blanco de una conspiración promovida y apoyada por la CIA, con la acción de militares conservadores, jóvenes de ultraderecha y delincuentes comunes.

Automóvil del general Schneider después del atentado.
Automóvil del general Schneider después del atentado.

El Mercedes Benz en el que se trasladaba Schneider fue emboscado y baleado en ese trayecto. La reconstrucción de los hechos permitió concluir que el comando que asaltó el vehículo pretendía secuestrar al militar, pero cuando este sacó su arma para defenderse, la operación culminó en un atentado que le provocó la muerte tres días después.

Automóvil del general Schneider después del atentado.
Automóvil del general Schneider después del atentado.
Mapa del atentado.
Mapa del atentado.

Mapa del atentado.

La acción fue parte del así llamado 'Track II', una serie de operaciones encubiertas de la CIA para desestabilizar el gobierno de Allende y promover un golpe de Estado. Para EE.UU., Schneider debía ser sacado de la ecuación porque era constitucionalista y podía oponerse a una asonada militar.

En víspera de esa operación, el 10 de octubre de 1970, el agente clandestino Tony Sforza envió un informe a la CIA para detallar en qué consistía la "fórmula" para provocar el caos en el país, bajo el auspicio de un militar chileno.

El militar no era otro que Roberto Urbano Viaux Marambio que un año antes, el 21 de octubre de 1969, había liderado una frustrada sublevación conocida como el 'Tacnazo', aduciendo supuestos reclamos profesionales y salariales del personal castrense.

CIA

Acuartelamiento de soldados del ejercito "Tacnazo" Chile - 1969

Para ayudar en la operación contra Schneider, la CIA proporcionó 50.000 dólares en efectivo, tres metralletas y un paquete de gas lacrimógeno. Los subfusiles se entregaron por valija diplomática. El día del atentado, mientras la sociedad chilena se estremecía con las imágenes del auto baleado del comandante en jefe del Ejército, en Washington brindaban por el contundente mensaje que enviaba ese hecho de sangre.

Después de un tiempo, el agente de la CIA, Paul M. Wimert, admitió haber entregado 50.000 dólares al general Camilo Valenzuela y al almirante Fernando Porta Angulo para llevar a cabo esa misión. Sin embargo, más tarde decidió recuperar el dinero para evitar sospechas sobre su participación directa en la conspiración.
Wimert relató que el almirante devolvió su parte sin hacer comentarios, pero Valenzuela se resistió, lo que obligó a Wimert a sacar su revólver. Ante la duda de Valenzuela, Wimert lo golpeó, lo cual, según él, "fue suficiente para que buscara el dinero".

Acuartelamiento de soldados del ejercito "Tacnazo" Chile - 1969

"Se hizo un excelente
trabajo guiando a los chilenos
hasta un punto en que
la solución militar es
al menos una opción
para ellos"

El texto anterior pertenece a un cable desclasificado de la CIA
En paralelo, el Departamento de Estado redactaba una carta de condolencia de parte de Nixon al presidente de Chile

La misiva decía lo siguiente: "Estimado señor presidente. El impactante atentado contra la vida del general Schneider es una mancha en las páginas de la historia contemporánea. Estoy muy apenado porque este repugnante evento haya ocurrido en su país".

Nixon

El propósito del asesinato de Schneider era provocar un golpe que impidiera la asunción del político socialista, pero el objetivo fracasó. El 24 de octubre de 1970, el pleno del Congreso de Chile proclamó a Allende y lo convirtió en el primer presidente socialista electo de América Latina. El 3 de noviembre de ese mismo año arrancaría su mandato.

El recién investido presidente Salvador Allende saluda a la gente mientras camina por la calle del Congreso a la Catedral en Santiago, el 3 de noviembre de 1970.
El recién investido presidente Salvador Allende saluda a la gente mientras camina por la calle del Congreso a la Catedral en Santiago, el 3 de noviembre de 1970.

TRABAJO DE
TIEMPO COMPLETO

Ya con Allende en el poder, la intervención de Estados Unidos en Chile fue amplia y continua. Se estima que Washington gastó unos ocho millones de dólares en los tres años previos al golpe, según el Informe de la Comisión Church de 1975.

Mónica González, en su libro sobre el golpe, cuenta cuál fue la primera reacción de Nixon frente al embajador de EE.UU. en Chile, Edward Korry, al conocer la victoria electoral del candidato de la Unidad Popular. Con la mano empuñada, el presidente estadounidense gritó: "¡Ese hijo de puta! ¡Ese hijo de puta!". La expresión en el rostro de Korry interrumpió la perorata de Nixon, quien se apresuró a aclarar que la ofensa no era para el diplomático sino para “ese bastardo de Allende". Inmediatamente después, el inquilino de la Casa Blanca inició su monólogo para explicar cómo planeaba deponer a su par chileno.

General John N. Mitchell
General John N. Mitchell
Richard Nixon
Richard Nixon
Richard Helms
Richard Helms
Henry Kissinger
Henry Kissinger

"EL PRESIDENTE NIXON HA DECIDIDO
QUE EL GOBIERNO DE ALLENDE
NO ES ACEPTABLE PARA
LOS ESTADOS UNIDOS"

Estas palabras constan en un cable desclasificado del 17 de septiembre de 1970. En ese mismo documento quedaba constancia de que el mandatario estadounidense había asignado un presupuesto de 10 millones de dólares para impedir la administración del mandatario chileno y ordenó a la CIA ejecutar acciones en esa línea "sin coordinarse con el Departamento de Estado o de Defensa".
La administración de Nixon siguió una estrategia de dos vías.

La primera incluyó una campaña de propaganda y desinformación contra Allende, así como sobornos a actores clave en la escena política nacional, boicots y presiones económicas de las corporaciones multinacionales estadounidenses con operaciones en Chile. La consigna era "hacer gritar a la economía chilena".

La segunda vía suponía la organización de un golpe de Estado o el caos necesario para justificar la intervención militar.

General John N. Mitchell
General John N. Mitchell
Richard Nixon
Richard Nixon
Richard Helms
Richard Helms
Henry Kissinger
Henry Kissinger

Para Washington, el riesgo de que Allende se mantuviera en el poder no era solo por las supuestas "políticas antiestadounidenses" y "anticorporativas" que aplicara en Chile, sino por la posibilidad de que tuvieran éxito. Ante ese escenario, EE.UU. pretendía echar abajo —al costo que fuese— cualquier proyecto alternativo para evitar que América Latina y Europa siguieran el ejemplo de aquel hombre que, hasta último aliento, confió en que la historia la escribían los pueblos.

People

CHILE,
CHILE,
PRESIÓN MÁXIMA
PRESIÓN MÁXIMA

Apenas seis días desde la toma de posesión de Allende, Kissinger distribuyó un memorando altamente confidencial titulado 'Política hacia Chile', que resumía las directrices establecidas por EE.UU. durante la reunión del Consejo de Seguridad Nacional.

En el documento se determinó que la posición pública de EE.UU. hacia Chile sería "correcta pero distante". Bajo ese paraguas, la idea era evitar que el gobierno de Allende obtuviera una "base sólida" que le permitiera consolidar su administración con el visto bueno de la comunidad nacional e internacional.

La segunda directriz era atenazar a Chile. En palabras textuales: "ejercer la máxima presión". La intención de esa estrategia no solo era debilitar el gobierno socialista chileno, sino limitar su capacidad "de implementar políticas contrarias a los intereses estadounidenses y hemisféricos".

La máxima presión no era en solitario. Las pautas dictadas por Washington les permitían a sus funcionarios establecer alianzas con otros gobiernos de la región para desestabilizar al país suramericano y, en esa tarea, el papel más preponderante en esa estrategia lo cumplieron a cabalidad Argentina y Brasil.

Мemorando 93 de Kissinger del 9 de noviembre de 1970
Chile map

El plan desestabilizador incluía acciones como el bloqueo de los préstamos de bancos multilaterales a Chile, la eliminación del financiamiento estadounidense a la exportación, presiones para que las empresas estadounidenses abandonaran el país austral y la manipulación del precio del cobre, el principal producto de exportación para la economía chilena. En resumidas cuentas, EE.UU. se decantó por lo que en un cable desclasificado se definió como un "enfoque hostil".

Peter Kornbluh, El expediente Pinochet: un dossier desclasificado sobre atrocidades y rendición de cuentas.

El "enfoque" fue una de las estrategias que Kissinger le presentó a Nixon para definir cómo abordar la cuestión chilena, y consistía en dos formas de hostilidad: una abierta y la otra encubierta.

"Los peligros de no hacer nada son mayores que los riesgos a los que nos enfrentamos al intentar hacer algo", decía Kissinger. Por eso le recomendó a Nixon tomar la decisión de oponerse a Allende "con contundencia”. En sus propias palabras: "Hacer todo lo que podamos para evitar que consolide su poder".

El consejero de Seguridad Nacional de EE.UU., Henry Kissinger, con el presidente Richard Nixon.
El consejero de Seguridad Nacional de EE.UU., Henry Kissinger, con el presidente Richard Nixon.

Parte de esas estrategias injerencistas contemplaba el respaldo logístico y financiero a la oposición derechista y al grupo El Mercurio, el mayor conglomerado de medios del país, aunque estos agentes también tenían sus razones para horadar al Gobierno de la Unidad Popular liderado por Salvador Allende, en el que veían una amenaza para mantener los privilegios que históricamente habían ostentado.

El consejero de Seguridad Nacional de EE.UU., Henry Kissinger, con el presidente Richard Nixon.
El consejero de Seguridad Nacional de EE.UU., Henry Kissinger, con el presidente Richard Nixon.

De manera tal que, si bien es cierto que el rol estadounidense en la creación de las condiciones que al final llevaron al golpe de Estado fue decisivo, este no habría podido tener lugar sin el concurso de los poderes fácticos chilenos, que, sabiéndolo o no, trabajaron denodadamente para expulsar al primer socialista electo por voto popular.

A Washington también parecía convenirle que sus intereses geopolíticos estuvieran alineados con los de sus aliados locales, pues ello permitía impulsar la tesis de que la Casa Blanca no tuvo participación alguna en los sucesos que precedieron a la instauración de la dictadura ni en el golpe militar, sino que fueron la resulta de errores cometidos por el Gobierno allendista, como algunos sectores conservadores dentro de Chile todavía sostienen.

Camioneros en huelga y sus vehículos. Durante una huelga de miles de propietarios de camiones autobuses, automóviles y otros vehículos comerciales, muchos estaban estacionados en una zona de Valparaíso. Mientras la huelga de los comerciantes entraba en su cuarto día y la huelga de los camioneros entraba en su día 47, Salvador Allende fue derrocado por un golpe militar.
Camioneros en huelga y sus vehículos. Durante una huelga de miles de propietarios de camiones autobuses, automóviles y otros vehículos comerciales, muchos estaban estacionados en una zona de Valparaíso. Mientras la huelga de los comerciantes entraba en su cuarto día y la huelga de los camioneros entraba en su día 47, Salvador Allende fue derrocado por un golpe militar.

El ataque a la economía constituía el corazón de la estrategia de largo aliento para deponer a Allende. Por eso, la respuesta de EE.UU. a los planes de nacionalizar empresas estadounidenses por parte de la Unidad Popular fue imponer un bloqueo económico a Chile, y se presionó a las instituciones financieras internacionales para limitar los créditos u otras ayudas de financiamiento al país suramericano.

"No se permitirá que una tuerca o un tornillo llegue a Chile bajo Allende… Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para condenar a Chile y a los chilenos a la mayor privación y pobreza", reportaba el embajador Korry a Kissinger en 1970.

Colas para abastecerse de alimentos durante el gobierno de la Unidad Popular
Colas para abastecerse de alimentos durante el gobierno de la Unidad Popular

Los cálculos estaban bien hechos. La dependencia económica de Chile con EE.UU. era significativa. La mayoría de los equipos utilizados en la industria del cobre, al igual que los repuestos para la industria petrolera, eran de factura estadounidense. Esta política afectó gravemente los ingresos, agotando las reservas de divisas del país en 1972.

Las huelgas masivas de comerciantes y propietarios del transporte ocurridas entre 1972 y 1973, apoyadas con el dinero de EE.UU., también contribuyeron a la desestabilización económica, a una inflación galopante, al desabastecimiento y al caos. Opositores al Gobierno seguían la misma línea, con el cierre de empresas o la destrucción y ocultamiento de productos.

Colas para abastecerse de alimentos durante el gobierno de la Unidad Popular
Colas para abastecerse de alimentos durante el gobierno de la Unidad Popular

Entretanto, el grupo de medios aglutinado en El Mercurio se encargaba de demonizar a la Unidad Popular, exagerar los problemas y justificar las crecientes respuestas violentas de grupos ultraderechistas, que de más en más aprovecharon la crisis para demandar abiertamente la renuncia de Allende e, incluso, exigir una salida militar.

Durante el segundo trimestre de 1973, la situación sociopolítica en Chile se deterioró notablemente. Los ciudadanos se veían obligados a hacer largas colas para obtener alimentos, la inflación estaba descontrolada y los ataques terroristas contra infraestructura crítica ocurrían cada 10 minutos.

Marcha de las Ollas Vacías, el 2 diciembre 1971
Marcha de las Ollas Vacías, el 2 diciembre 1971

El país se encontraba profundamente dividido y el ambiente propicio para un golpe militar era evidente, con consecuencias imprevisibles.

Camioneros en huelga y sus vehículos. Durante una huelga de miles de propietarios de camiones autobuses, automóviles y otros vehículos comerciales, muchos estaban estacionados en una zona de Valparaíso. Mientras la huelga de los comerciantes entraba en su cuarto día y la huelga de los camioneros entraba en su día 47, Salvador Allende fue derrocado por un golpe militar.
Camioneros en huelga y sus vehículos. Durante una huelga de miles de propietarios de camiones autobuses, automóviles y otros vehículos comerciales, muchos estaban estacionados en una zona de Valparaíso. Mientras la huelga de los comerciantes entraba en su cuarto día y la huelga de los camioneros entraba en su día 47, Salvador Allende fue derrocado por un golpe militar.
Colas para abastecerse de alimentos durante el gobierno de la Unidad Popular
Colas para abastecerse de alimentos durante el gobierno de la Unidad Popular
Colas para abastecerse de alimentos durante el gobierno de la Unidad Popular
Colas para abastecerse de alimentos durante el gobierno de la Unidad Popular
Marcha de las Ollas Vacías, el 2 diciembre 1971
Marcha de las Ollas Vacías, el 2 diciembre 1971
el militar
Person

Si bien las tenazas del plan de EE.UU. funcionaban bastante bien para hacer crujir la economía chilena, la posibilidad de propiciar un golpe de Estado en Chile tenía un obstáculo: el Ejército. Después del atentado y asesinato de Schneider, en 1970, su sucesor fue el general Carlos Prats, un hombre que llegó a ejercer los cargos de Ministro de la Defensa y vicepresidente.

Después del golpe, José Tohá fue detenido y torturado por militares y recluido en el campo de concentración de la Isla Dowson, donde sufrió una seria desnutrición. En 1974 fue trasladado a un hospital castrense y todo apunta que fue asesinado por asfixia.
Después del golpe, José Tohá fue detenido y torturado por militares y recluido en el campo de concentración de la Isla Dowson, donde sufrió una seria desnutrición. En 1974 fue trasladado a un hospital castrense y todo apunta que fue asesinado por asfixia.

El talante de hombre negociador y respetuoso de la Constitución hizo que Prats se ganara el respeto del mandatario y la inquina de los grupos radicales de la oposición, que lo consideraban no apto para el cargo. De hecho, Allende lo incorporó a su primer gabinete cívico-militar durante la tensa crisis que desencadenó en el paro nacional de octubre de 1972.

Después del golpe, José Tohá fue detenido y torturado por militares y recluido en el campo de concentración de la Isla Dowson, donde sufrió una seria desnutrición. En 1974 fue trasladado a un hospital castrense y todo apunta que fue asesinado por asfixia.
Después del golpe, José Tohá fue detenido y torturado por militares y recluido en el campo de concentración de la Isla Dowson, donde sufrió una seria desnutrición. En 1974 fue trasladado a un hospital castrense y todo apunta que fue asesinado por asfixia.

Fragmento del documental ’La Batalla de Chile’ de Patricio Guzmán de 1977.
Durante la sublevación militar, que sería llamada el ’Tanquetazo’, el 29 de junio de 1973, el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen fue asesinado por uno de los uniformados mientras grababa imágenes de una patrulla militar. Su muerte fue lo último que registró con su cámara. La identidad del militar que asesinó al camarógrafo no fue revelada hasta el 2005.

Prats fue clave para poner fin al paro y al año siguiente, el 29 de junio de 1973, desarticular el llamado 'Tanquetazo', una fallida insurrección militar. En una foto de la época, después de sofocar el alzamiento, se observa al general mientras camina con el ministro de Defensa de entonces, José Tohá, y un tercer protagonista del primer plano: Augusto Pinochet.

Pese al éxito de la operación, el descontento en el sector castrense persistía y eran muchas las voces que piden la dimisión de Prats. El 23 de agosto de 1973, el militar presentó su renuncia irrevocable y recomendó a Allende la designación de Pinochet al mando del Ejército. ¿La razón? Sus supuestas aptitudes de soldado profesional, apolítico y no deliberante.

La salida del cargo de Prats, no exenta de polémica por haber disparado contra un coche mientras los ocupantes hacían mofa de él, liberó el camino a los subversivos para la asonada militar y le abrió la puerta del Ejército a Pinochet, una figura en la que Allende confió para apagar el ruido de sables dentro de los cuarteles.

Fragmento del documental ’La Batalla de Chile’ de Patricio Guzmán de 1977.
Durante la sublevación militar, que sería llamada el ’Tanquetazo’, el 29 de junio de 1973, el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen fue asesinado por uno de los uniformados mientras grababa imágenes de una patrulla militar. Su muerte fue lo último que registró con su cámara. La identidad del militar que asesinó al camarógrafo no fue revelada hasta el 2005.

EL ASCENSO
EL ASCENSO
DE PINOCHET
DE PINOCHET

El fracaso del 'Tanquetazo' dejó fija una idea entre los golpistas: el levantamiento militar debía ocurrir antes de las fechas patrias porque, de lo contrario, le daría la posibilidad al gobierno de Allende de limpiar la plana mayor de las fuerzas armadas.

Sin embargo, la salida de Prats y las consecutivas renuncias de sus mandos aliados les permitieron a los conspiradores enfocar los esfuerzos en sumar a Pinochet. La fecha de la asonada estuvo fijada desde el 7 de septiembre. 'El día decisivo' sería cuatro días más tarde.

Tres días antes del golpe, mientras se corría el rumor de que Allende pretendía llamar a un plebiscito para legitimar o no su gobierno con el voto popular, los militares conspiradores enviaron al general Sergio Arellano Stark para que confirmara si Pinochet se aliaría a la asonada.

comandante del Ejército

"¡YO NO SOY
MARXISTA,
MIERDA!"

contestó el entonces comandante del Ejército al general Arellano, durante su encuentro aquella tarde, y golpeó el brazo del sillón en el que estaba sentado

Arellano les comunicaría la adhesión al general Gustavo Leigh, opositor al gobierno, y al almirante José Toribio Merino, para entonces jefe de la Armada en Valparaíso e integrante de la Cofradía Náutica del Pacífico Austral, un ente considerado fundamental para gestar el golpe. Pero necesitaban algo más que una declaración de principios políticos de Pinochet.

Como lo describe Eugenio Maggio en su libro 'Nunca la noche fue más larga', Leigh decidió ir a la casa de Pinochet por la tarde del 9 de septiembre, junto al contraalmirante Sergio Huidobro y el capitán de navío, Ariel González. Uno de los visitantes extendió un documento que ratificaba la intención golpista y que el comandante del Ejército lo suscribió. El trozo de papel decía, escuetamente: "El día D será el 11, y la hora H, las 06:00 am".

El 10 de septiembre, la CIA en Santiago confirmó en su central que todo estaba preparado. En el Ministerio de Defensa, los hombres uniformados daban los últimos toques para poner en marcha su maquinaria de guerra.

El general Augusto Pinochet junto con el presidente Salvador Allende el 23 de agosto de 1973 en Santiago, poco después de que Allende le nombrara jefe del Ejército.
El general Augusto Pinochet junto con el presidente Salvador Allende el 23 de agosto de 1973 en Santiago, poco después de que Allende le nombrara jefe del Ejército.

Muchos años después de aquel infausto septiembre de 1973, Augusto Pinochet dijo: "La mentira se descubre por los ojos y yo muchas veces mentía, por eso usaba anteojos oscuros" . Y así fue: logró exitosamente ocultar sus planes de traición, cuando tan solo después de 19 días de ser nombrado por Allende como comandante en jefe del Ejército y jurarle lealtad, encabezó el golpe de Estado que acabó con su Gobierno y su vida.

el golpe

En plena madrugada de aquel martes, el 11 de septiembre, los barcos de la Armada desencadenan el golpe, bombardeando el puerto y la ciudad de Valparaíso. Al mismo tiempo, 4 destructores norteamericanos se acercan al litoral chileno para participar en la Operación Unitas, manteniendo el contacto con los golpistas.

Cerca de las 7:00 de la mañana, Allende –junto con su guardia personal– se dirige hacia La Moneda. Es avisado de una sublevación de las tropas, pero en ese momento aún ignora que los tres cuerpos de las Fuerzas Armadas están en complot para derribarle.

Salvador Allende fotografiado durante el asedio de La Moneda el día del golpe militar que lo derrocó.
Salvador Allende fotografiado durante el asedio de La Moneda el día del golpe militar que lo derrocó.

En su primer discurso por radio, Allende advierte de la sublevación de un sector de la marinería que habría aislado Valparaíso. A pesar de la noticia, no llama al pueblo a las armas, sino que los convoca a la prudencia y a que se mantengan vigilantes en sus puestos de trabajo.
Durante la madrugada, la mayoría de los oficiales constitucionalistas han sido neutralizados.

Carabineros rodean el Palacio de La Moneda a las 8:00 de la mañana del 11 de septiembre de 1973. Obligados por ley a ser la Guardia Presidencial, una hora más tarde traicionaron al presidente Salvador Allende, cambiándose de bando, y uniéndose al golpe liderado por el general Augusto Pinochet.
Carabineros rodean el Palacio de La Moneda a las 8:00 de la mañana del 11 de septiembre de 1973. Obligados por ley a ser la Guardia Presidencial, una hora más tarde traicionaron al presidente Salvador Allende, cambiándose de bando, y uniéndose al golpe liderado por el general Augusto Pinochet.

Se dice que en los primeros compases de aquel ataque, cuando ya estaba claro que había una gran sublevación, al no lograr contactar a Pinochet, Allende exclamó: "Pobre Pinochet, debe estar preso".

A continuación, algunos aparatos de la Fuerza Aérea empiezan a sobrevolar la capital.

Tanques se acercan a La Moneda a las 10:00 de la mañana la durante el golpe de Estado encabezado por general Augusto Pinochet.
Tanques se acercan a La Moneda a las 10:00 de la mañana la durante el golpe de Estado encabezado por general Augusto Pinochet.

A las 8:20, las radioemisoras derechistas transmitieron el pronunciamiento de los rebeldes sobre un golpe de Estado y la creación de una junta militar integrada por Augusto Pinochet Ugarte, comandante en jefe del Ejército; Toribio Merino Castro, comandante en jefe de la Armada; Gustavo Leigh Guzmán, comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Chile; y César Mendoza Durán, director general de Carabineros de Chile.

Exigen la renuncia del jefe de Estado y le ofrecen un avión para abandonar el país.

Soldados golpistas se ponen a cubierto mientras caen bombas sobre el Palacio de La Moneda.
Soldados golpistas se ponen a cubierto mientras caen bombas sobre el Palacio de La Moneda.
Empleados de La Moneda son obligados a acostarse en la acera tras ser detenidos por militares que tomaron el edificio durante el golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973.
Empleados de La Moneda son obligados a acostarse en la acera tras ser detenidos por militares que tomaron el edificio durante el golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973.

Aquel 11 de septiembre, hace 50 años, a las 9:10 horas, Salvador Allende Gossens pronunció sus últimas palabras públicas, a pesar de los intentos que hubo por acallarlas. Se despidió de los chilenos con un mensaje radiofónico: "Tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo!¡Vivan los trabajadores! Éstas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano".

El último discurso de Salvador Allende

Durante su transmisión, Radio Magallanes, la última emisora fiel a Allende que logró emitir el discurso, fue objeto de bombardeos aéreos y luego tomada por los rebeldes. Todos los empleados que se encontraban en el edificio fueron asesinados.

«They said that Allende committed suicide»

El vicealmirante Patricio Carvajal informa a Pinochet en inglés de la muerte de Allende

Las tropas rebeldes rodean La Moneda. Al cabo de unas horas de resistencia, los golpistas le dan a Allende el ultimátum: si no se rinde, la aviación inicia el bombardeo. El presidente deja en libertad de acción a la guardia del palacio, que abandona el edificio. Junto con Allende, que rechaza la rendición, quedan 40 combatientes civiles dispuestos a enfrentar el ataque. A pesar del bombardeo, los defensores del palacio resisten unas horas más.

Cortesía: CooperativaFM

La Moneda arde en llamas. El presidente, con casco y fusil en mano, ordena la rendición y salida de quienes lo acompañan. Se despide de sus colaboradores, quienes avanzan hacia la puerta en la calle Morandé 80 y se entregan a los militares. Entonces, según el testimonio de uno de sus seguidores, Luis Henríquez, Allende gritó: '¡Allende no se rinde, mierda!'. Minutos después, el doctor Patricio Gijón, que volvió por su máscara antigás, vio cómo el presidente chileno, con el fusil que le había regalado Fidel Castro, se dispara.

El general Palacios descubre su cadáver y el vicealmirante Patricio Carvajal informa a Pinochet en inglés "por si hay interferencias": "They say that Allende committed suicide and is dead now. Díganme si entienden".

Un grupo de guardaespaldas de Salvador Allende, escoltados por Carabineros frente a La Moneda. Todos ellos fueron asesinados posteriormente.
Un grupo de guardaespaldas de Salvador Allende, escoltados por Carabineros frente a La Moneda. Todos ellos fueron asesinados posteriormente.

Al mismo tiempo, en Santiago y en las provincias los golpistas toman edificios públicos, medios de comunicación, sedes de los partidos y universidades. Se inicia la detención y asesinato de dirigentes y militantes de la Unidad Popular.

Pocas horas después de pronunciar su discurso de despedida, Allende perdía la vida y el triunfo del golpe de Estado llevaría a Chile a casi 17 años de una sangrienta dictadura militar que destruyó miles de vidas.

Soldados y bomberos sacan el cuerpo del presidente Salvador Allende, envuelto en un poncho boliviano, del destruido Palacio de La Moneda.
Soldados y bomberos sacan el cuerpo del presidente Salvador Allende, envuelto en un poncho boliviano, del destruido Palacio de La Moneda.

Recursos del Ejército son utilizados para aplastar el movimiento popular. En el país se crean campos de concentración para recluir a quienes son considerados enemigos políticos, siendo el Estadio Nacional de Santiago y el de Isla Dawson los más notorios.

La democracia representativa más longeva del continente ha dejado de existir.

Policías y soldados vigilan a los presos recién llegados al Estadio Nacional de Santiago, el 22 de septiembre de 1973. El recinto deportivo en esos días fue convertido en uno de los centros de tortura.
Policías y soldados vigilan a los presos recién llegados al Estadio Nacional de Santiago, el 22 de septiembre de 1973. El recinto deportivo en esos días fue convertido en uno de los centros de tortura.
Presos detenidos tras el golpe contra Salvador Allende en el Estadio Nacional de Santiago.
Presos detenidos tras el golpe contra Salvador Allende en el Estadio Nacional de Santiago.

Desde el primer día, la dictadura atacó a sangre y fuego a la militancia de izquierda. Las persecuciones, detenciones arbitrarias, torturas y desapariciones forzadas golpearon sin piedad a miles de hogares chilenos y obligaron a cerca de 200.000 personas a exilarse, ante el temor de ser marcadas como blanco de los servicios de inteligencia.

Durante sus casi 17 años de existencia, el régimen pinochetista instaló campos de tortura y reclusión clandestinos, donde cerca de 30.000 almas fueron torturadas por motivos políticos. El número de asesinatos directos se cifra oficialmente en cerca de 3.000, unas 1.000 personas continúan desaparecidas y la mayor parte de los responsables de estos crímenes logró evadir la justicia.

En su primer discurso público, los miembros de la Junta Militar, encabezada por Augusto Pinochet, comandante en jefe del Ejército, Gustavo Leigh de la Fuerza Aérea, José Toribio Merino de la Armada y el general director de Carabineros, César Mendoza, justificaron su acción y afirmaron haber actuado "bajo una inspiración patriótica".

La Junta asumió el poder ejecutivo y judicial el mismo 11 de septiembre, ordenando además el receso del Congreso.

"EN EL MEJOR INTERÉS
DEL PUEBLO DE CHILE Y,
CIERTAMENTE,
EN NUESTRO
MEJOR INTERÉS"

Cuando las operaciones encubiertas de la CIA fueron reveladas en septiembre de 1974 por el periodista Seymour Hersh, generaron un gran escándalo y condujeron a una investigación del Congreso

El presidente Gerald Ford, en una de las declaraciones sobre la intervención de EE.UU. contra Allende, argumentó que «el esfuerzo que se hizo en este caso» fue para preservar la democracia chilena

presidente Ford

A pesar de las acusaciones de cometer crímenes de lesa humanidad, Pinochet escapará eternamente del juicio.

Cortesía de las fotos: Getty Images, AP, AFP, National Security Archive, Memoria Chilena

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