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Espionaje y poder nacional: ¿Algo nuevo que discutir?

Publicado: 12 jul 2013 19:55 GMT
De súbito, como consecuencia de la fuga, el paradero transitorio y el (hasta ahora infructuoso) pedido de asilo a múltiples países por parte del ex agente informático de la CIA Edward Snowden, varios países se vieron inmersos en una minicrisis internacional, al tiempo que la cuestión del 'topo' y su eventual desenlace cobró una dimensión mundial inusitada.

AFP

¿Qué hizo 
SnowdenReveló que su país, Estados Unidos, realiza actividades de espionaje a escala global a través de sofisticados programas de interceptación de correos electrónicos, conversaciones telefónicas, etc. Es decir, para decirlo sin ambages y mal que pese, cometió delito de traición a la patria. Héroe internacional, aldeano global o justiciero solitario, objetivamente, Snowden es un traidor. Ahora bien, ¿qué hay de nuevo en esta cuestión de espionaje que verdaderamente puede causar sorpresa? En rigor, muy poco.

Sin duda alguna que el acontecimiento que está en el vórtice de la cuestión es el accionar de un valiente inigualable que decidió "fugarse hacia adelante" y hacer público lo que era hipersecreto (difícilmente sabremos qué empujó a Snowden a llevar adelante este salto sin red). Pero a nadie puede causar sorpresa que un actor preeminente del orden interestatal realice actividades de espionaje sensible, actividades que las distintas agrupaciones preestatales realizaban desde antes de la protohistórica batalla de Kadesh entre egipcios e hititas, en el 1274 a. C., el primer enfrentamiento militar que registra la historia.

Un actor preeminente que no realizara actividades de espionaje, sencillamente no podría ser un actor preeminente; más todavía tratándose, a pesar de las tesis declinistas, del actor 'primus inter pares' en el selecto lote de jugadores preeminentes; básicamente, actores que cumplen un papel protagónico preponderante en todos y en cada uno de los principales circuitos de poder del orden interestatal, entre los que el circuito de la inteligencia y la vigilancia subterránea es uno de los decisivos.


La experiencia enseña que los actores centrales aspiran siempre a incrementar sus márgenes de seguridad nacional como asimismo su poder relacional (es decir, en relación al poder de los demás) en un contexto interestatal carente de centralidad o gobierno efectivo; y aunque podrán ser atendibles los postulados de los 'globalistas aldeanos', los 'institucionalistas', los 'comercio-economistas', etc., que nos dicen cómo debería ser el mundo, no existen razones que nos aseguren que no continuará siendo como ha sido.

Por otra parte, aunque sin abandonar la lógica clásica, si bien existen confluencias e intereses (incluso de carácter estratégico) entre los Estados, por caso, entre los del espacio euroatlántico, previamente existe el 'interés nacional primero', es decir, la lógica estadual de autoayuda que el primer ministro británico lord Palmerston compendió (refiriéndose a su país) en una frase admirable: "Inglaterra no tiene amigos permanentes ni enemigos permanentes. Inglaterra tiene intereses permanentes", expresión que más tarde la utilizarían (apenas modificada) desde Charles DeGaulle hasta Nixon, pasando por John Foster Dulles, etc.

En este sentido, quizá resulte interesante recordar el sistema 'Echélon', un complejo tecnológico de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense dedicada en un principio a interceptar comunicaciones de los países pertenecientes a la esfera de influencia de la ex-URSS. Tras el final de la Guerra Fría , el sistema 'Echélon', en el que Washington permitió que participaran solo Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda y Australia (Snowden se refirió recientemente a ellos como "los cinco ojos"), reorientó sus objetivos y, en plena etapa del 'régimen de globalización', se convirtió en un sistema de espionaje mundial de escuchas básicamente comercio-económicas al servicio del mayor impulsor de dicho régimen: Estados Unidos. Hacia mediados de los años noventa, el sistema se completó con la National Imagery and Mapping Agency (NIMA), que sumó a la dimensión de escucha la capacidad visual.

En sus propósitos estratégicos, el sistema 'Echélon' no diferenciaba entre aliados y adversarios, situación que causó algunas crisis entre Estados Unidos y sus aliados no anglosajones, que se vieron afectados económicamente, por caso, perdiendo importantes mercados para la colocación de sus aeronaves comerciales.

La situación relativa al 'interés nacional primero' quedó muy evidenciada en la 'Defense Policy Guidance 1992-1994', documento que estuvo a punto de ser aprobado por el presidente Clinton, quien finalmente lo dejó de lado debido a su defensa indisimulada del unilateralismo como único modelo de orden interestatal. En dicho texto, Estados Unidos debía evitar el surgimiento de cualquier actor "dentro y fuera de Occidente" que pudiera desafiar su supremacía.

Pero no solamente Estados Unidos realiza este tipo de prácticas de inteligencia panauditiva y panóptica: por entonces, en su 'Libro Blanco de Defensa', Francia se refería a la creciente importancia de los medios de información en relación con el poder y la seguridad nacional: "Se amplían los campos de la geopolítica. Así, hoy cobra importancia la 'noosfera' en la estrategia nacional, esto es, la envoltura que rodea el mundo y que está formada por millones de redes cableadas o radioeléctricas por las cuales transitan millones de órdenes e informaciones. Su control o su parálisis se ha convertido en uno de los problemas mayores de toda estrategia".

Podríamos continuar con casos o programas de otros poderes preeminentes, pero sería extendernos en una cuestión similar a los casos destacados.

Sin duda que es repudiable que un actor poderoso lleve a cabo actividades de espionaje sin la menor restricción. Pero en clave de poder nacional, autoayuda y defensa y promoción del interés nacional, no es novedad lo que hace Estados Unidos, sobre todo después del 11-S, cuando consideró que su afectada seguridad nacional estaba por encima de cualquiera de los grandes principios del derecho internacional, confirmando de manera implacable lo que advertía Richelieu en su 'Testamento político', respecto a que en materia de Estados "aquel que tiene el poder a menudo también tiene el derecho".

En breve, nada nuevo por discutir. En todo caso, por un lado la afectación del prestigio de Estados Unidos como actor preeminente, por cierto, una vieja novedad que acabó siendo fatal para algunos imperios; por otro lado, la advertencia a los 'actores anémicos' sobre repensar con intenso sentido estratégico su (hoy vulnerable) seguridad nacional. 

 Una mirada desde el poder para analizar el equilibrio global.

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